Respuestas extremas ante un mundo hostil
La angustia de personas y grupos ante la problematicidad de la sociedad contemporánea, tan inestable y dominada por la incertidumbre, puede procesarse de manera un tanto extrema y extravagante.Una de las características antropológicas de nuestra época, según el diagnóstico de varios autores, es el sentimiento de extrañeza que genera la "otredad", es decir los demás, cuya contracara es el solipsismo radical, un encerrarse en sí mismo.Rodeado de invisibles enemigos, que acechan por doquier, el individuo y los grupos se repliegan como reacción defensiva. Una imagen sombría de la sociedad, donde anidan peligros y catástrofes de todo tipo, revierte en conductas de aislamiento o de rechazo abierto."El infierno son los otros" es una de las frases más celebres del existencialismo de Jean Paul Sartre. Puesta en el contexto actual, la frase se resignifica. ¿Es que el mundo, en varios sentidos, no se ha hecho hostil, al punto que se ha instalado la "desconfianza en el Otro"?El alemán Ulrich Beck, al afirmar que lo incierto e inestable ya es un paradigma dominante, asegura que vivimos en "sociedades de riesgo". En este contexto sociológico todo puede pasar, incluso lo inaudito.La percepción de lo exterior como amenaza y la sospecha como actitud consecuente se ve reflejada en conductas defensivas que pueden ser leídas como patológicas, pero que guardan cierta lógica epocal.Una de esas manifestaciones son los "preppers" o "preparacionistas", grupos de personas en Estados Unidos que hacen de sus casas un búnker, a la espera de lo peor, desde un cataclismo natural hasta una guerra civil global, y acerca de los cuales ilustra en una serie National Geographic Channel.Los antropólogos vinculan a estos grupos con la tradición milenarista norteamericana, una concepción propia de algunas sectas religiosas que pregonan el fin inminente del mundo.Algunos hacen acopio de comida y agua para meses e incluso años; otros acumulan equipos militares defensivos, con la idea de contrarrestar ataques terroristas; otros se entrenan duramente en el arte de la supervivencia; están los que confeccionan edificios blindados y túneles secretos ante la perspectiva de pillaje y saqueos por crisis económicas; y los que se preparan para afrontar una segura hecatombe ecológica.En Estados Unidos ha habido una campaña que ridiculiza a los preppers, pero ellos no toman nota de eso y siguen adelante. Aton Edwards, fundador de la Red de Preparacionismo Internacional, se ataja de esas críticas."En un extremo está la despreocupación inconsciente. En el otro, la paranoia. El desafío radica en encontrar ese término en el que uno entiende que pueden pasar cosas malas, sin que eso nos consuma la vida", ha dicho hace poco.El otro fenómeno de reacción defensiva ante el mundo hostil se da en Japón con los hikikomori (apartados de la sociedad). Se trata de más de un millón de adolescentes y jóvenes, por lo general primogénitos varones, que viven recluidos en sus casas, aunque conectados con el mundo exterior a través de las nuevas tecnologías.Algunos de estos chicos ni siquiera salen de su propia habitación. Los psicólogos hablan de una verdadera epidemia, que afectaría al 10% de la población adolescente y al 1% de la población adulta de Japón.La mayoría de esos jóvenes han terminado sus estudios pero no quieren enfrentarse al duro y competitivo mercado laboral y entonces desarrollan un comportamiento tendiente a encerrarse o confinarse en su propia casa.
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