Retenciones enredadas
En la semana que se inicia volverá al centro de la escena nacional el debate por las retenciones agropecuarias. En rigor nunca estuvo ausente de la consideración pública durante los últimos dos años y medio, pero ahora los legisladores nacionales de la oposición se muestran dispuestos a impulsar una solución al meneado problema.Por Mario Alarcón Muñíz Especial para El Día Las líneas se entrecruzan y confunden. El financiamiento del Estado, la producción primaria, las exportaciones, la vida y la actividad de varias provincias, el interés de los productores y otros factores de similar importancia, juegan en un cuadro del que no están ajenas -cuando no- las especulaciones políticas. En el CongresoSe cree que en un par de días la Comisión de Agricultura de la Cámara de Diputados de la Nación estará considerando la posibilidad de elaborar un proyecto conjunto. Si se impone la idea del diálogo y el consenso, es posible. De lo contrario asistiremos a una nueva frustración.No es sencillo coincidir en torno de este tema. Por lo pronto el Parlamento recibió en los últimos meses 29 proyectos que plantean propuestas de toda índole. Una comisión técnica desestimó algunos y fusionó otros. Lo cierto es que son 12 las iniciativas que aún subsisten, de las que -según la idea de varios diputados- deberá surgir un solo proyecto.Es probable que el mismo reduzca ciertas retenciones y anule otras, introduciendo además un sistema de segmentación sostenido por la Federación Agraria Argentina para contemplar la situación de los pequeños y medianos productores. No es lo mismo sembrar 100 hectáreas que 5.000. Ocioso resulta puntualizar las diferencias.Además, el gran volumen de cosecha no es alcanzado por el chacarero que vive en el campo, sino por los "pools" de siembra integrados por inversores que tanto pueden apostar a los granos como a los negocios inmobiliarios, bancarios o de la más diversa índole. Una cosa es el trabajo y otra la especulación. El legislador está obligado a entender la diferencia y establecerla en la ley. Puerta cerradaMientras tanto, en el discurso pronunciado el miércoles con motivo del 126° aniversario de la Bolsa de Comercio de Rosario, la Presidenta le cerró las puertas al debate por las retenciones porque se trata -dijo- de un ingreso fiscal seguro que el Estado no puede resignar sin que se altere el equilibrio presupuestario. A quienes proponen suplantar esa recaudación mediante un aumento del impuesto a las ganancias les espetó que en éste hay evasión y apuntó al sector rural. Es muy probable que un número no determinado de productores evada tributos, en línea con otros sectores que también le gambetean al fisco. Sin mayores precisiones esto se sabe. No es nuevo. Desagrada, sin embargo, la insistencia en el mismo equívoco, ya costumbre de nuestros gobiernos: para contrarrestar el efecto de quienes no pagan, se castiga a los que cumplen.Quizá sea el momento de plantear que las empresas mineras que extraen y exportan gran parte de nuestra riqueza no renovable -además de contaminar aire y aguas-, no pagan retenciones. Están protegidas por una ley del imperio Menem-Cavallo que en 1993 les acordó el derecho a la "estabilidad fiscal" durante treinta años. Por donde se lo mire esto es una injusticia y ha llegado el tiempo de cambiar las cosas si de progresismo queremos seguir hablando. De manera similar los negocios financieros (bancos) y la explotación del juego parecen modestos aportantes frente a los recursos que el agro -pilar de nuestra economía- proporciona al Estado mediante las retenciones. Buscar el mayor equilibrio posible es también deber de los legisladores. El extravío Sería bueno rastrear algunos antecedentes. Los Kirchner no inventaron las retenciones agropecuarias. Desde 1918, año de inauguración del sistema -claro que en proporciones mucho menores que las actuales- han tenido vigencia transitoria. Un tiempo si, otro no.En 1974 existían. Perón, ejerciendo su breve tercera presidencia, convocó a productores e industriales para anunciarles la eliminación del gravamen y pedirles multiplicar el trabajo porque de esa manera "en el siglo XXI estaremos en condiciones de producir alimentos para millones de seres humanos".Algo se perdió en el camino. Cierta gente se extravió. Lo penoso es que todos, en más o en menos, pagamos las consecuencias.
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