Retroceso en el consumo de tabaco
Aunque el 22,1 por ciento de la población fuma, esto es 6,1 millones de argentinos, algunas estadísticas revelan un cambio de actitud negativa hacia el tabaquismo.Hace medio siglo, la norma era ser un adulto fumador, de hecho se veía con sospecha a aquellos que no fumaban. El cigarrillo confería sofisticación y glamour y no había muchos espacios, públicos o privados, libres de humo.Ocurre que se sabía muy poco de la forma en que cada cigarrillo estaba acortando la vida de las personas. Las advertencias que lo vinculaban con el riesgo de cáncer de pulmón, no hacían mella en la conciencia pública y política.El pensamiento predominante de la época -aún en los años 60- estaba moldeado por una insistente publicidad comercial. Los protagonistas de muchas películas y series incitaban con su comportamiento a gestos y acciones a favor del rito del tabaco.Hoy, 50 años después, las cosas han cambiado mucho. La política moderna de control de tabaco, promovida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y usada internacionalmente, sobre la base de informes médicos, produjo un vuelco de proporciones en todo el mundo.También en Argentina, donde hubo una fuerte restricción a los anuncios de cigarrillos, acompañada de campañas antitabaco en todos los niveles, tanto pública como privada.Hoy fumar está prohibido en lugares públicos y los paquetes de cigarrillos tienen imágenes bastante aterradoras sobre los efectos reales que causa el tabaco en el organismo humano.A través de las últimas décadas la actitud hacia este consumo ha ido cambiando y ahora el cigarrillo ya no está asociado a un valor social positivo, sino a una adicción peligrosa.Los fumadores, que una vez formaron la gran mayoría, hoy son más bien una minoría cuyo humo es rechazado en los lugares públicos. De hecho, muchos de ellos querrían abandonar ya la adicción.En efecto, siete de cada diez fumadores argentinos piensa en dejar; cinco de cada diez hicieron por lo menos un intento de abandonar el cigarrillo en el último año; en tanto que la mayoría reconoce que el humo causa enfermedades graves en los no fumadores que lo respiran.Todo esto surge de los resultados preliminares de la Encuesta Mundial de Tabaquismo en Adultos (EMTA), realizada localmente en una muestra representativa de la población argentina de más de 15 años."Vamos mejor, por buen camino, pero aún falta un trecho por recorrer", dijo al diario La Nación el doctor César Di Giano, presidente de la Unión Antitabáquica Argentina (UATA), al explicar los resultados de la encuesta.Afirmó que "si bien las cifras del tabaquismo en general van disminuyendo en el país también tenemos que pensar que es básicamente el efecto de las ordenanzas municipales y las leyes provinciales"Al respecto criticó que la ley nacional antitabaco aún no esté reglamentada y tampoco se ratificó el Convenio Marco para el Control del Tabaco (CMCT) de la Organización Mundial de la Salud. "De hecho, somos el único país del Mercosur que no lo ratificó", indicó.Tras destacar el giro de la sociedad respecto del cigarrillo, que marca una diferencia del mundo de los fumadores del pasado, el especialista insistió: "Fumar no es bueno, y el humo de tabaco ajeno enferma y mata"Y añadió: "Y ya no hablamos sólo de la exposición al humo primario y secundario [ajeno], sino también del humo terciario, que son las partículas que pueden permanecer en un ambiente que permaneció cerrado dos o tres días después de un evento o una reunión en la que se fumó".
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