Rol central para el mensajero de Mandinga
:format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/adjuntos/240/imagenes/000/698/0000698123.jpg)
Pasó el día del periodista con algunas penas y poca gloria. Sin ruidos ni molestias a terceros. Como debe ser. No hay razón para que la fecha de un sector altere la vida de los demás. Sin embargo, quedan algunas reflexiones al trasluz de la actualidad. Mario Alarcón Muñiz El periodista no tiene por qué ser diferente del resto de los mortales. Este oficio es tan común como el del maestro, el pescador, el médico, el albañil, el ingeniero, el peón rural, el abogado, el mecánico, el agricultor. Nada del otro mundo. Tiene sus características peculiares, pero no deja de ser uno más. Cada cual en lo suyo. Lo importante es el desempeño fiel y honesto de la misión asumida en la vida.Sin embargo, el periodista (hoy, en nuestro país) ocupa el centro de la escena. A algunos periodistas se les presta mayor atención que a los políticos. No pocos ofician de fiscales. Otros orientan reclamos e iniciativas. Abundan cuestionamientos y denuncias periodísticas sobre los más diversos asuntos de la vida pública.Al poder, sus funcionarios y allegados, suele irritarles el periodismo como el ratón al elefante. A diario es posible comprobarlo. En los últimos cinco años han sido muy escasos los discursos de la Presidenta en los que no haya manifestado su molestia por alguna información o comentario, revelando vivir pendiente de lo que se publica.Esto no es objetable, todo lo contrario. Puede representar una virtud si el gobernante lo toma en cuenta como un aporte para corregir rumbos. Lo que sucede es que la disidencia frente a actos de gobierno, la revelación de datos o situaciones oficiales poco claras y la democrática opinión libre amparada por la Constitución, son interpretadas como agresiones, intentos golpistas o calamidades parecidas.De esta manera los medios independientes se transforman en una obsesión del gobernante. Y, por supuesto, en un enemigo al que se debe destruir o del que es menester defenderse. Monstruo oculto y misteriosoEl periodismo no complaciente aparece entonces como el fantasma del mal. O el monstruo oculto y misterioso que está al acecho para hacer daño. Esto no es broma ni exageración. La idea se ha extendido desde el poder central a las provincias, a tal punto que el martes pasado, en una reunión institucional convocada para vigilar los precios, el gobernador Urribarri exhortó a "enfrentar a las corporaciones visibles y los poderes ocultos vinculados a los medios de comunicación que buscan perjudicar a Latinoamérica". (¿?)Mientras tanto el gobierno, a través de amigos y socios, compra medios, contribuye a sostenerlos mediante la pauta oficial, abre páginas de internet a cargo de testaferros y alquila periodistas. Algunos cálculos estiman que el 80% de los medios de nuestro país responde al gobierno, sumando los oficiales y los pertenecientes a empresarios allegados al poder. De tal modo es el 20% restante el que concentra la obsesión de las autoridades. A juzgar por el ruido que provoca se observa que supera en eficiencia a la comunicación gubernamental. El modelo fascistaEs evidente que el modelo comunicacional apunta al mensaje único sin reparar en recursos para lograrlo. Recursos públicos que nos pertenecen a todos, claro está. Ciertos funcionarios los usan como si fueran propios, costumbre inmoral ya impuesta en nuestra sociedad, al punto que ni a la oposición parece preocuparle. De vez en cuando alguien protesta, pero golpea en tapera y todo sigue igual. Nadie escarba un poco más allá de la indiferencia.La unificación del mensaje es un modelo típicamente fascista. Vale decir autoritario y derechón. Las únicas informaciones y opiniones válidas son las que bajan desde la cumbre. Las demás son destituyentes, despreciables, extraterrestres, reaccionarias, anarquistas, cualquier cosa, interesadas vaya uno a saber en qué y por quién.Desde esa óptica, el periodista independiente es un miliciano de Mandinga. Hay que vencerlo y silenciarlo. Unos cuantos funcionarios están en eso. Son tan débiles e inseguros que no soportan el disenso. (A propósito, Rousseau, Voltaire y Montesquieu coincidían en sostener que "el disenso impulsa el avance de las artes y las ciencias y la participación política". ¿Le interesará esto a alguien todavía?). En África era asíHace tres años recordábamos en esta columna la Declaración de Windhoeck, firmada en esa ciudad, capital de Namibia, en 1991. Reclamaba "una prensa africana independiente" al amparo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Dicho sea de paso, la libertad de expresión es un derecho humano, no sé si se han enterado los que deben enterarse.Por aquel tiempo en varios países de África imperaba la censura, mientras la opinión pública estaba sometida a la proliferación de medios oficialistas o financiados por el poder ("cualquier parecido es mera coincidencia"). A tal punto golpeó aquella declaración que las Naciones Unidas adoptaron el 3 de mayo, fecha de su firma, como el día mundial de la libertad de prensa.Iniciado el siglo XXI, se supone irreal cuando no atrasado -mejor aún retrógrado, antiguo- cualquier intento de cercenar la libertad de prensa o desviar desde el poder la opinión pública. Además no sirve. Rodeados como estamos de prodigios técnicos tanto como de intuición popular, lo que se tapa aquí, salta allá.Les agrade o no a los dueños del poder, el periodismo independiente seguirá existiendo. Y si el periodista independiente ocupa hoy el centro de la escena, sólo se debe a los caprichos del poder que lo han ubicado en ese lugar.
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios


