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Roles invertidos de Macri y Alberto en el tramo final de la campaña

A dos domingos de la meta los roles parecen invertidos. Mientras el candidato oficialista se dedica a los baños populares, el principal de los opositores, contacta a las corporaciones. Qué paradoja. Es la cercanía con el poder lo que ha alterado la ecuación. Y la percepción que cada uno de ellos tiene de lo que se viene.

Jorge Barroetaveña

En Cambiemos queman las naves. Tanto que algunos suponen que lo que está haciendo Macri es armar una buena despedida para después quedar instalado como el eventual líder de la oposición. Tal vez sea demasiado pretencioso el razonamiento aunque en Cambiemos saben que repechar la cuesta está más cerca del milagro que de la razonabilidad política.

Los que ahora dicen que son 20 puntos de ventaja, aunque creer en las encuestas es cada vez más difícil, no hacen más que tomarle temperatura a la calle. En su gira por 30 ciudades el Macri candidato aglutina a sus seguidores con una intención clara: fortalecer su base electoral. Así lo ratifica el recorrido que incluye ciudades donde Cambiemos hizo las mejores performances y deja de lado los lugares que le fueron abiertamente desfavorables. Con la brisa del triunfo en Mendoza y hace unos días en Salta, algunas caras modificaron su semblante, sin olvidar claro lo complicado de la tarea.

Es que la realidad no le ofrece matices a la campaña oficial. La economía real sigue complicada y da malas noticias todos los días. Las mirada encima ya se posan sin demasiado pudor sobre el candidato que tiene casi todos los boletos para ganar, y la voz del gobierno va apagándose lentamente.

Entre el barullo de la economía y la transferencia de expectativas, los gritos de los tiempos de esplendor, van mutando por susurros apenas audibles. Es la cruda realidad que le toca a cualquier gobierno en retirada.

El jueves el Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta salió bastante bien parado del debate con sus contendientes que no lograron incomodarlo demasiado. A eso contribuyó también el formato elegido que no permite intercambios. Larreta busca desesperadamente evitar la segunda vuelta, y no le falta mucho, pero nadie le asegura que lo vaya a conseguir. Como alguna vez le pasó a Macri, Larreta no quiere pelear en una segunda vuelta recargada, no sólo con Lammens sino eventualmente con un potencial ganador como Fernández. Encima el recuerdo de lo que pasó con Lousteau tampoco contribuye.

Al cabo será el bastión sobre el que podrá rearmarse el PRO si tiene que dejar la Nación y la provincia, como fue La Matanza para el kirchnerismo. Nadie sabe qué pasará con Vidal, si aceptará algún cargo ejecutivo o volverá al llano a esperar una nueva oportunidad. Podría ser en las legislativas del 2021. Aunque programar tan lejos parece ciencia ficción en la Argentina. ¿Cuántos apostaban que Macri podría perder su reelección después de ganar con amplitud las legislativas del 2017? Sus propios errores y las virtudes ajenas hicieron el trabajo.

Alberto Fernández sigue haciendo equilibrio. Entre lo que le demanda el electorado que lo votó y los grupos políticos que lo acompañan. Decirle a cada uno lo que quiere escuchar es fácil, salvo que después en la práctica florecen los intereses contrapuestos. No hay secretos en la gestión de la administración de gobierno. Es una historia de pesos y contrapesos y lo que sale de un lado debe entrar por el otro. En esa búsqueda que por momentos se vuelve caótica, tuvo que arriar el barrilete con la referencia a Uruguay y el impuesto a los bienes personales. Rápidamente tuvo que salir a aclarar que no piensa aumentar las cargas sobre la clase media y menos perjudicar a quien tiene una vivienda o un auto. Muchos de sus votos provienen de este sector desencantado con Macri, que simpatizaba con Massa y en la segunda vuelta del 2015 acabó optando por el ingeniero.

Justamente Massa pateó esta semana algunos despachos en el norte. Con cada interlocutor que habló le llevó tranquilidad. “Alberto no va a hacer ninguna locura. Es un hombre razonable”, repitió como una letanía con cada interlocutor. De hecho, algunas tibias respuestas de inversionistas en estos días irían en esa dirección: que Alberto no les inspira tanta desconfianza y empiezan a creer razonable un acuerdo de ‘reperfilamiento’. Tampoco tienen mucho margen para pensar otra cosa ni otro candidato a la vista con reales chances de desbancar a Macri.

En su ejercicio, Alberto avisó que Cristina tendrá ‘cero’ participación en el armado del gabinete. Quizás lo dijo pensando en contrarrestar las noticias que llegan del frente judicial. Ese frente, que va mutando y ahora, ‘sorpresivamente’ está más proclive a escuchar los argumentos ya puso manos a la obra. Uno a uno va liberando los presos ‘políticos’ del kirchnerismo, pateó para después de las elecciones un juicio clave contra Cristina y la Corte no para de sacar fallos contrarios al gobierno. IVA, indemnizaciones, y lo que ande dando vueltas por ahí.

Podrá rebotar la economía, podrá acertar el próximo presidente con sus políticas, pero la sensación de impunidad será un fantasma que nos va a perseguir mientras no terminemos con él. Y los jueces con sus humores son los principales responsables.

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