EL TESTIMONIO DE UN VETERANO GUALEGUAYCHUENSE
Rubén Oscar García: “Los valores que nos puede enseñar Malvinas son fundamentales”
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A 44 años de la guerra, Ahora ElDía conversó con Rubén Oscar García, uno de los excombatientes de nuestra ciudad, quien compartió su mirada sobre la causa y relató su experiencia personal en las Islas. En la entrevista, hizo hincapié en que, si bien la guerra es una tragedia, su misión es trasmitir valores de amor a la Patria, solidaridad, hermandad y perseverancia.
Cada año, los primeros días de abril traen consigo el recuerdo de la Guerra de Malvinas, un episodio que marcó para siempre al pueblo argentino y que continúa despertando miles de memorias, reflexiones y emociones al día de hoy. El 2 de abril de 1982, la Dictadura al mando de Galtieri recuperó por la fuerza las Islas Malvinas e inició una guerra contra el Reino Unido, la potencia imperial que las ocupa desde 1833.
Se trató de una maniobra política para frenar el descontento social ante la crisis, la represión y la pérdida de legitimidad del gobierno de facto, que se realizó tomando una causa profundamente justa como lo es el reclamo de soberanía sobre las Islas. Con esta y otras particularidades y contradicciones, las experiencias y sentimientos en torno a Malvinas siempre han sido complejos y diversos.
Hoy, con el paso del tiempo, la sociedad en su conjunto entiende que más allá de las circunstancias en que se dio el conflicto, la causa Malvinas es justa, y el reconocimiento y homenaje a quienes defendieron nuestra bandera, incluso entregando la vida, es más que necesario. Sus historias y palabras están presentes en escuelas, actos, charlas y medios de comunicación; siembran memoria e identidad nacional, y transmiten los valores y aprendizajes que la dura vivencia de la guerra, con sus luces y sombras, les ha dejado.
Nuestra ciudad tiene a sus caídos y veteranos de guerra, y año tras año crecen las iniciativas para recordarlos, visibilizar sus testimonios y reflexionar sobre Malvinas. En esa línea, Ahora ElDía conversó con Rubén Oscar García, excombatiente gualeguaychuense, quien compartió su mirada sobre el tema y relató su experiencia personal en las islas.
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García nació y se crió en Gualeguaychú, cursó sus estudios primarios en la Escuela Rawson y parte de la secundaria en el Colegio Nacional “Luis Clavarino”. Cuando tenía casi 16 años dejó los estudios para hacer la carrera militar en la Escuela de Suboficiales del Ejército "Sargento Cabral". Recibido como Cabo conductor-motorista, fue destinado al Regimiento de Infantería Mecanizado N.º 7, con asiento en la ciudad de La Plata.
Aquel 2 de abril lo encontró de vacaciones en Gualeguaychú, con 20 años. Pocos días después, cuando se presentó en su regimiento, encontró un gran despliegue. Todo estaba pronto para partir hacia las Islas. Muchos lo hicieron en avión, pero a García le tocó hacerlo por vía marítima, en el buque “Formosa”.
“Salimos el martes 13 de abril y llegamos el día de mi cumpleaños, el 21 de ese mes. Llevábamos todos los pertrechos militares de nuestro regimiento: carros aguateros, vehículos, municiones, armamento y alimentos. El ‘Formosa’ fue el único buque que cruzó el bloqueo de los submarinos ingleses. Salimos de Buenos Aires rumbo a Santa Cruz, pasamos por Punta Quilla y ahí hubo una reunión con los altos mandos, ya que estaba la disyuntiva de si seguir o no porque el bloqueo ya estaba impuesto por los ingleses: todo buque o aeronave que violara ese espacio iba a ser declarado como hostil. Se tomó la decisión de seguir y fue el único buque que llegó hasta Puerto Argentino”, contó.
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El rol de García estaba en la Compañía de Servicio, por lo cual fue parte de la complicada logística que tuvieron para trasladar y repartir todo el material militar en el difícil terreno malvinense. El sitio donde le tocó estar fue Moody Brook, frente al excuartel de los Royal Marines; una de las zonas clave en la historia del conflicto. Allí, y en otros lugares de las Islas, el primero de mayo se vivió como un punto de inflexión.
“A partir del primero de mayo se empezó a sentir la realidad de esta historia. Los bombardeos de los ingleses tuvieron un efecto psicológico muy importante. Si bien no tenían un objetivo puntual, generaban un desgaste mental. Había varias alertas constantemente. Psicológicamente era terrible porque escuchábamos el estampido de la boca del cañón, esperábamos el proyectil que no llegaba, hasta que escuchábamos el silbido y sentíamos su impacto. La isla entera temblaba. Fue terrible, en esos momentos pensé que no iba a poder regresar”, recordó.
Bautismo de fuego
El Regimiento de Infantería Mecanizado N.º 7, conocido como "El 7 Bravo", fue la unidad que más bajas tuvo durante el conflicto de Malvinas: 36 muertos y más de 150 heridos. Entre el 11 y 12 de junio, en los últimos días de la guerra, enfrentó durante horas al 3er Batallón de Paracaidistas británico en lo que fue el combate más largo y encarnizado del conflicto: la Batalla de Monte Longdon. A su vez, otros batallones y compañías del mismo regimiento resistieron a la artillería y al avance de las tropas inglesas en otras áreas cercanas, como Moody Brook, donde estaba apostado García. Fueron combates decisivos en cercanías de Puerto Argentino (Stanley), un punto clave a defender.
“La situación a partir del 11 de junio fue muy crítica. Hubo muchos nervios, miedo e incertidumbre, porque muchas veces no podíamos tener acceso a la información real de lo que estaba pasando. Ese día hubo bombardeos de todo tipo, la artillería tiraba continuamente, apoyando el avance de la infantería para que tome posición. A los ingleses les costó llegar, el regimiento luchó cuerpo a cuerpo hasta donde pudo. Cuando se firmó la rendición fue una mezcla de tristeza y alivio a la vez porque no sé lo que hubiese pasado. Hubiera sido una matanza. Una cosa es contarlo, pero verlo y sentirlo es muy distinto. Es algo difícil de expresar”, describió.
Y agregó: “De esos días tan críticos pienso en la situación de batalla, los ruidos, los gritos. El hambre y el frío se hacían notar. Llegó un momento en que se priorizaba más la munición que la alimentación”.
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La rendición de las fuerzas argentinas llegó precipitadamente el 14 de junio. Al igual que otros miles de soldados, Rubén Oscar García fue tomado prisionero por los ingleses y llevado en el buque SS Canberra al continente. “Nos llevaron a todos al puerto. Los ingleses querían saber sobre las minas que habíamos plantado en el territorio. Querían saber el grado y que es lo que hacía cada uno en la guerra, para lo cual tenían un traductor. El trato por parte de ellos fue muy bueno. Nos hicieron bañar y nos dieron de comer. Desde ahí fuimos hasta Puerto Madryn, después a Trelew y a Campo de Mayo. Ahí no querían que nos presentáramos ante la sociedad y los familiares así como estábamos, por lo que nos dieron ropa nueva, nos cortaron el pelo y nos hicieron un test psicológico. Como a los dos o tres días pudimos salir. Nos dieron dos o tres días de vacaciones y después había que volver así como si hubiéramos ido a un paseo”, resumió. Sin embargo, el mayor desafío quizá estaba en volver a casa.
Cuando el olvido es peor que la guerra
Una vez terminado el conflicto, García siguió en el Ejército hasta 1983, cuando decidió darse de baja y volver a Gualeguaychú. “La posguerra fue durísima, creo que fue más dura que la guerra. La posguerra hizo que el veterano a veces se escondiera, y no quisiera hablar o le costase hacerlo, porque nos inculcaron eso, la desmalvinización. Hay muchos veteranos que se quedaron con eso. No es mi caso, siempre traté de seguir mi camino como pude y con las herramientas que teníamos. Lamentablemente, las cifras de los suicidios prácticamente superan las bajas en la guerra, y ese no es un dato menor”, relató.
Y amplió: “Hubo mucha indiferencia. Con los distintos gobiernos constitucionales se trató de que de Malvinas no se hable nada. Había una especie de miedo y vergüenza. Y todo eso hizo mella en nosotros. Había compañeros que no querían decir que habían estado en la guerra. En mi caso se sintió peor porque tenía el rótulo de haber sido ‘militar’. Al principio, se hacían diferencias entre quienes habían ido a las Islas como conscriptos y quienes estaban en las Fuerzas Armadas. Pero yo nunca sentí ni fui parte de la Dictadura, ni participé en nada relacionado a ella. Había entrado con 16 años al Ejército y me tocó ir a Malvinas con 20”.
“Me costó mucho reinsertarme en la sociedad. Haber sido militar no me favorecía para nada. Hice changas durante varios años hasta que en 1988 entré a trabajar a la Municipalidad de Gualeguaychú, hasta que me jubilé”, completó. Por otra parte, el veterano gualeguaychuense recordó que la lucha por el reconocimiento a los excombatientes fue un proceso largo, en el que les costó mucho conseguir las reivindicaciones correspondientes por parte del Estado.
“La sociedad de Gualeguaychú y toda la sociedad en general está al lado nuestro. Sin duda que la situación ha cambiado a lo largo de todos estos años. Nos hemos agrupado y hemos luchado por nuestros derechos y hoy estamos reconocidos a nivel municipal, provincial e internacional, que no es poca cosa. Pero todo ha sido a base de organización, de lucha y de estar permanentemente reclamando, algo que no tendría que ser así”, expuso.
Sobre la salud mental y la vida después de la guerra, García también comentó: “A veces escucho a otros compañeros veteranos y es como si todavía estuvieran combatiendo. Cada quien lo ha procesado a su manera y tuvo la contención que pudo para atravesar una situación de tal magnitud. Creo que la familia, en mi caso, fue un pilar fundamental”.
La complejidad de Malvinas y de las vivencias dispares que tuvo cada soldado, hayan sido profesionales o apenas conscriptos, dio lugar a narrativas de “víctimas” y “héroes”. “Personalmente, traté de nunca quedarme con lo que pasó, ni de victimizarme. Fue una situación que me tocó vivir y lo hice lo mejor posible. Siempre digo: ahí todos dieron todo, y algunos su vida. Los verdaderos héroes son los que quedaron, ya que hicieron honor a su juramento. Los demás fuimos testigos privilegiados de lo que pasó, protagonistas. Estoy orgulloso de haber sido parte de esa gesta, pero no me siento víctima para nada. No es mi caso, pero todas las opiniones son válidas y cada quien tuvo una experiencia distinta”, reflexionó.
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El sentido de “malvinizar”
Según expresó García, detrás del concepto de “malvinizar” no solamente está la enseñanza de la historia y del reclamo legítimo sobre las Islas, sino también los aprendizajes que dejó esta experiencia tan dura. “No hay una causa que nos una tanto a los argentinos como Malvinas. A diferencia de otras cosas, con Malvinas estamos todos juntos y eso es sumamente importante, como también lo es transmitir nuestra experiencia y mensaje. A veces pienso, ¿Qué va a pasar después, cuando no estemos? Con el legado, por así decirlo. Nuestra idea es seguir inculcando Malvinas en todos los lugares”, manifestó.
En ese sentido, señaló: “A veces esquivo hablar de la guerra en sí, porque creo que hay que transmitir otros valores. La guerra debe ser lo peor que le puede pasar a un ser humano, pero los valores que nos puede enseñar Malvinas son fundamentales, como el amor a la Patria, la solidaridad, la hermandad y la perseverancia. A veces uno escucha la palabra patria y no toma dimensión de lo que significa. Patria es mi vecino, es mi hermano, es mi tierra, es mi idioma, es todo. La palabra tiene un peso tremendo, un significado enorme”. Y concluyó: “Ese es el mensaje, para los jóvenes, sobre todo, que son el futuro. Creo que una nación se hace grande con los valores como punto de partida”.

