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Santi Maratea, los artífices de la anti-política y los inútiles de siempre
De anti-polítcas y otras yerbas va a tratar esta columna. Propongo hacer un listado de todos los que se dedican a criticar, por actos u omisión, a la ‘clase’ política argentina. Por supuesto, el que encabeza es un tal ‘Santi’ Maratea. Bastante conocido en las redes sociales porque tiene apenas un par de millones de seguidores.
Por Jorge Barroetaveña
El chico en cuestión, para algunos el ‘malo’ de la película, hace tiempo tiene gestos solidarios. Ha encabezado colectas, utilizando su nivel de penetración entre los más jóvenes, entre otras cosas, para chicos enfermos que necesitan medicamentos o tratamientos especiales. En ese mundo de las redes, lo conocen muy bien. Claro, ahora cometió el pecado de asomarse a un tema tabú, vinculado con la política, o mejor dicho, con la falta de política.
Su movida, que juntó 154 millones de pesos en donaciones para combatir los incendios en Corrientes, dejó expuesta una vez más la ineficiencia del estado y su falta de política en temas sensibles. Con su acto, el joven influencer, descorrió el velo de la desconfianza que la sociedad tiene con los políticos en general. No lo hizo en forma intencional, fue su movida la que ratificó lo que todos sabemos. Cabandié, el Ministro de Medio Ambiente, fue tan balbuceante para actuar como lo es el gobierno en general. Fue y volvió. Levantó el dedo acusador y se dejó fotografiar arriba de un helicóptero sobrevolando el desastre. Encima el gobernador correntino lo mandó al frente con su pedido especial para que Macri dejara de usar twitter para criticarlos. ¿Es joda no? No, para nada. Es en serio. Y lo que más le preocupaba al funcionario era quedar expuesto en sus propias falencias.
En simultáneo, y con el desastre en ejecución, el Presidente recorrió la Costa Bonaerense y se dedicó a no atajar penales. A revolcarse en la arena, mientras Corrientes se prendía fuego. No había que esperar mucho de Cabandié entonces. Claro que ni una oposición desteñida sirvió para dejarlos en evidencia. Fue Maratea en que con su campaña, los dejó al descubierto.
Es que los artífices de la antipolítica no son los ciudadanos comunes. No son los medios de comunicación, tampoco ingenuos en esta historia. Ni siquiera los que dicen no pertenecer a la casta política y ya forman parte de ella como Milei. Cada piedra que se coloca sobre la credibilidad de la dirigencia cuenta con la complicidad de ellos mismos. El año pasado, cuando todo el país estaba encerrado, el Presidente fue partícipe de una fiesta, el cumpleaños de su mujer, en Olivos. Un poco más atrás, cuando las vacunas eran un bien escaso, altos funcionarios, amigos y allegados al gobierno, accedieron a ellas, antes que millones de argentinos que las necesitaban porque su vida estaba en juego. ¿No son hechos acaso que fomentan la desconfianza y arrojan a los ciudadanos a ser firmes militantes de la anti-política?
¿Tuvo en todo este tiempo, la dirigencia política, un gesto claro y unánime de ajustarse el cinturón y compartir los padecimientos de millones de argentinos? No. ¿Qué actitud entonces se puede esperar? No ya, del que no recibe nada, sino del que recibe un cachetazo atrás de otro. Ojalá hubiera en la Argentina muchos más ‘Santi’ Maratea que en lugar de quedarse en la comodidad de su bienestar, eligen desde su lugar, ayudar al prójimo y dar una mano. Hace pocas horas, el chico siguió contando qué hacía con lo donado. Se compró un camión especial para bomberos y habrá 10 camionetas más para destinar a distintos cuarteles de Corrientes. No necesitó ninguna burocracia para justificarlo, le bastó la confianza que su trayectoria inspira en todos los que lo siguen. Guau! Una rareza verdaderamente.
El ejemplo de Maratea demuestra que todavía se puede. Que los que entiendan que los dichos deben ser refrendados con hechos, pueden volver a transitar los caminos de la confianza social. Los pesimistas dirán que lo que se rompe, difícilmente puede ser restaurado. En los cuerpos sociales todo es más flexible, aunque la cuesta criolla a repechar sea inclinada.
Con su ineficiencia, con su desdén, con su falta de empatía, buena parte de los políticos argentinos han generado una reacción social crítica. Ni siquiera los que los votan quieren hacerse cargo. El clima, hace de caldo de cultivo para discursos reaccionarios, que orillan la ilegalidad. Tenemos ejemplos en la región que han terminado de esa manera.
Argentina en cambio resiste. Las bases de nuestra ineficiente democracia siguen sosteniendo todo el andamiaje. Será que las experiencias pasadas todavía cuentan o será que el hartazgo social ha devenido en indiferencia? Si fuese lo primero no habría problemas, porque significa que tenemos memoria. Si fuera lo segundo asusta, porque dejaría abierta la puerta para cualquier aventura.
Contra todo, hay que resaltar la actitud de Maratea y la respuesta de la gente. No todo está perdido. Aún quedan reservas.

