Saqueos y la teoría de la desigualdad
Entre los analistas que evalúan la violencia social desatada en Córdoba -cuyos eventos podrían reproducirse en otros grandes centros urbanos del país- se sugiere que el origen de todo está en la desigualdad.¿Cómo leer los hechos de vandalismo y robo de estos días? ¿Cómo se entiende la virulencia detrás de estos estallidos, cuando parece bastante claro que tienen poco que ver con el hambre?Si la necesidad imperiosa por la subsistencia no es el motivo fundamental detrás de los desmanes, ¿qué hace que una persona se convierta en un saqueador? ¿Qué provoca que unos vecinos asalten a otros?El orden público tiembla ante conductas que parecen guiadas por la creencia de que cada uno tiene que manotear lo que pueda, cuando la circunstancia se presenta.Hay, por otro lado, una realidad transversal a estas revueltas: suelen estar protagonizadas por grupos juveniles, provenientes de sectores sociales carenciados, según lo atestiguan las imágenes televisivas.Entre las muchas hipótesis en danza que pretenden explicar las razones profundas de este desborde delictivo, salta un denominador común entre los observadores: los saqueos serían síntoma de una sociedad desigual.La tesis es propuesta, por ejemplo, por el ex Secretario de Desarrollo Social de la Nación Daniel Arroyo, para quien "lo que está latente es la falta de integración social, la idea de que no hay caminos claros para mejorar o para generar movilidad social ascendente".La violencia de los de "abajo", por tanto, estaría motivada por una falta de horizontes. Los límites a sus deseos de prosperidad y progreso, generan insatisfacción y una tensión intolerable, que actúa como detonante de la furia.Quienes más sufren la brecha (entre el deseo y la realidad) son los más jóvenes: "Un pibe que hoy consigue una 'changuita' en el barrio gana menos que el que vende droga o está vinculado a otra actividad. No le queda nada claro a una persona que el estudio o el trabajo sean el camino para mejorar su vida cuando los caminos alternativos parecen dar más rédito", refiere Arroyo.Y concluye: "La pérdida de horizonte, las dificultades cotidianas dadas por el hacinamiento, el trabajo precario o el viajar mal van quemando las cabezas de las personas y conforman una situación de 'mal vivir' constante".El sociólogo Eduardo Fidanza pone también los saqueos como corolario de la desigualad. Expresión de lo cual, sostiene, es la lucha de clases que se observa en Facebook y Twitter, entre jóvenes que viven en barrios periféricos y otros en familias acomodadas.A propósito consigna lo que escribió un joven que regresó agitado de su raid: "Mieeeeeerrrrda como me duele el cuerpo... que manera de sakiar loco... jajajaja... al granel lo dejamos vacio jajajaja! chocha mi mama con las cosas que le traje jajajaja... ahooraa altoo baaño y ah numirrrrr! mañana ni bosta de cole ah... jajajaja...".En el otro extremo de la escala social, se creó en Twitter el hashtag #Negros de mierda, que reúne frases como éstas: "Qué poco hubieses durado en otra época, negro, sigan con los derechos humanos que así estamos"; "Qué tiro en la frente les pegaría a los que saquearon"; "Cada día me dan más asco los negros de m... hijos de mil p... muéranse ya".Fidanza concluye: "Los saqueos en Córdoba son una expresión paradigmática del deterioro de los vínculos sociales. El síntoma de una sociedad rota, desequilibrada. Y acaso detrás de su virulencia se esconda el origen del problema, la desigualdad".
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