Scioli, debilitado, Macri, fortalecido, uno de ellos será presidente
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La gente habló, al fin, se acabaron los pronósticos, las encuestas y las especulaciones. Scioli quedó como esos boxeadores tambaleantes arriba del ring después de una mano. El árbitro le está contando. Cambiemos se frota las manos pero la última palabra estará el 22 de noviembre. Y la gente siempre se guarda sorpresas. Jorge Barroetaveña Hace dos años, cuando Mauricio Macri la llamó para preguntarle si se animaba a ir a la Provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal recibió el pedido como todo en su vida: lo estudió, auscultó las dificultades que tendría y se marcó un objetivo. Las risas que provocó su figura todavía resuenan en los despachos de La Plata. Hasta en el Frente Renovador de Massa se preguntaron que podría hacer ante los peso pesado que tenía que enfrentar. Pero hay algunos procesos históricos que tardan en asomar la cabeza. Parece que la propia sociedad se encarga de ocultarlos para que nadie los torpedee. La muchacha trajinó cada rincón de la provincia. Visitó los pueblos chicos y las ciudades grandes, se metió en el barro de las ciudades inundadas y en la oscuridad de las villas más pobres del Conurbano. Parecía la más peronista de las kirchneristas. Ahí estuvo el secreto. La gestión de Scioli, después de ocho años en Buenos Aires, tiene más agujeros que un queso, y es algo que el propio oficialismo admite por el propio oficialismo. Desde esos intersticios se construyó una victoria histórica que dejó al oficialismo en terapia intensiva.La estrategia de Cambiemos al final rindió frutos. El voto útil se acomodó fuerte un puñado de días antes del comicio del domingo, aunque paradójicamente no perjudicó a Sergio Massa que conservó su caudal. Hubo casi dos millones de personas que no votaron en las PASO y sí lo hicieron el domingo 25. De ahí salió el millón y medio de votos que le permitieron a Macri forzar la segunda vuelta y quedar a dos puntos y medio de Scioli.Los votos de Córdoba, Santa Fe, la Ciudad de Buenos Aires y Mendoza se sumaron a la ola. En el norte Cambiemos también mejoró su performance. Morales se quedó con Jujuy y con eso revitalizó el radicalismo, y aportó para la causa opositora.El domingo por la noche, con el gobierno sentado arriba de los números, alcanzaba con ver la cara de Scioli y sus militantes. La victoria en primera vuelta se había convertido en una utopía, la derrota en la Provincia de Buenos Aires laceraba. Y el candidato hizo lo mejor que pudo. Se abrazó al Papa Francisco, al recuerdo de Néstor y a Cristina, y ensayó un discurso que olió a derrota. En realidad, y aunque los números finales le dieron más votos que a Macri, la sensación quedó instalada. Las horas sucesivas fueron un calvario para el sciolismo. El pase de facturas y las peleas estallaron y el eterno debate volvió a aflorar: en rigor nunca se fue, siempre estuvo oculto. Para ganar, Scioli tiene que 'deskirchnerizarse'. Claro, una cosa es decirlo y otra cosa es hacerlo.Scioli parece un general que va a la guerra y detrás los coroneles y los soldados se están agarrando a las piñas. Si hasta los intelectuales de Carta Abierta hicieron leña del árbol caído y le criticaron a Montaner. Pocos antecedentes históricos debe haber que un candidato, en plena campaña, sea criticado por su propia gente por sus gustos musicales. Insólito.El candidato escuchó la retahíla de críticas sin decir nada. Hasta la Presidenta el jueves, habló de la segunda vuelta y lo 'apoyó' sin nombrarlo una sola vez, algo bastante raro también. Cristina dedicó casi tres horas de aire televisivo para hacer una autoelogio de su gestión, ensalzar la herencia que deja y apuntarle a Macri. En el medio eligió la ironía para felicitar a Vidal, y reivindicar la boleta sábana. "Si la cambian no voto más", sentenció. Fue lo más parecido a un reality, con la diferencia que este se hizo desde la Casa Rosada, con los ministros y candidatos como co-protagonistas y los militantes de La Cámpora como actores de reparto. Cristina fue más Cristina que nunca cuando Scioli trata de ser más Scioli que nunca. Habría que preguntarse si es lo que sirve para ganar en segunda vuelta.El candidato del FPV tiene además otro desafío que deberá sortear para ganar: las internas de la provincia y el desinterés de muchos caciques, de los que ganaron y de los que perdieron. El 22 nadie se juega ya su propio futuro, la suerte quedó echada el 25, y Scioli también tendrá que remar contra esa corriente. El compromiso de esos dirigentes, muchos de los cuales impulsaron sin vergüenza el corte de boleta contra Aníbal Fernández, es otra pieza vital para una victoria.En las últimas horas el candidato oficial empezó a virar su discurso, tratando de congraciarse con los votantes de Massa. Esos cinco millones de votos serán el fiel de la balanza y el que los conquiste será Presidente. Pero la sintonía fina, o gruesa según se mire, también faltó. Desde Tucumán Scioli anunció el 82% móvil para los jubilados. Desde la Casa Rosada, la Presidenta recordó el veto del 2010 y remarcó de imposible cumplimiento la medida. ¿Y si se ponían de acuerdo?Muchos sospechan que Cristina no quiere que Scioli gane, aunque suena traído de los pelos. Si Scioli pierde, también pierde ella, porque una sucesión inevitable se desatará en las amplias fronteras del peronismo. Si hay algo que el peronismo no perdona son las derrotas y nadie quedará al margen, se llame como se llame. Sergio Tomás Massa está esperando con el cuchillo y el tenedor entre sus manos. Sabe que un gobierno derrotado dejará el poder y bajará a la soledad más absoluta. Todos los caminos quedarán yermos pues, no sólo para su regreso, sino para quedarse directamente con el partido. De la Sota, su fiel ladero, se relame de venganza contra el kirchnerismo duro que encabeza Carlos Zanini, su archirrival cordobés.Hace dos semanas nadie imaginaba este escenario. Más allá de lo que pase el 22, la oposición en sus distintas versiones gobernará las provincias más pobladas de la Argentina. Tendrá además la posibilidad de controlar la Cámara de Diputados y colocar a su presidente. El peronismo se anticipa y mira el espejo de su historia. Cada vez que perdió nada quedó en pie. ¿Pasará de nuevo?
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