Scioli-Macri, Macri-Sciioli, el debate y un momento histórico para la Argentina
:format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/adjuntos/240/imagenes/000/416/0000416203.jpg)
Scioli llega solo y su alma a la instancia más decisiva de su vida. Macri, envuelto en un aire de optimismo, sólo tratará de salvar la ropa. Pareciera que con eso le alcanza. La Presidenta, corrida desde hace una semana de la escena, igual estará presente. Jorge Barroetaveña Esta noche, la última gran escala antes del saludo final, un marco digno para un momento histórico.Más vale solo que mal acompañado debe haber pensado y rezado Daniel Scioli en todas estas semanas. Peleando contra el fantasma de la derrota y ese designio que persigue a todos los que gobernaron la Provincia de Buenos Aires, está dispuesto a luchar hasta el final contra todos los fantasmas. Esos fantasmas que han tenido múltiples caras y le han hecho la vida imposible a lo largo de la campaña. Porque después del 25 de octubre no tuvo calma para poder dedicarse a escudriñar lo que había votado la gente.Su candidatura quedó puntillosamente envuelta en el 'fuego amigo', las cajas destempladas de la Presidencia de la Nación y su eterna indecisión para plantarse. Si la historia le depara una derrota dentro de una semana, mucho habrán contribuido sus compañeros de ruta pero también él con sus dubitaciones e incertezas.El lunes pasado, acordó una tregua con la Presidenta. La mandataria cumplió y se cayó la boa, pero no su gente. Casi como orfebres, todos los días le prepararon una pequeña escena conyugal. Kiciloff tratándolo de 'forro' a Sergio Massa, justo cuando ruegan por sus votantes. El 'intelectual' (¿en qué universidad se da el título de tal?) José Pablo Feinman descalificando a María Eugenia Vidal por su condición de mujer y banalizando un tema como la trata de personas hasta el insulto. Aníbal Fernández, el eterno, directamente le echó la culpa de la derrota en la provincia de Buenos Aires. Dos outsiders del círculo kirchnerista como Hebe de Bonafini y Gerardo Romano también hicieron su aporte para esmerilar al candidato propio, ¿propio?. Romano volvió a manotear a Hitler de la historia para compararlo con Macri, e hizo lo peor que se puede hacer en estos casos: insultar al votante. Y Bonafini, que tampoco sorprende a esta altura, le dedicó un par de elogios a las madres del propio Macri y de Ricardo Lorenzetti, titular de la Corte Suprema.Pasando en limpio, un clima de campaña ideal para que Scioli intente recuperar el terreno perdido y no se pase contestando semejantes derrapes. ¿Si es a propósito? A esta altura el mismo Scioli piensa que lo es, aunque fiel a su estilo prefiere callar para morir con las botas puestas. Se prepara pues para la última oportunidad grosa que tendrá de revertir la tendencia que las encuestas pregonan. Y digo pregonan porque después del 25 de octubre pocas son las creíbles.El 'voy a ser más Scioli que nunca' intentó abrirse paso en los últimos días, aunque con un detalle: no fue más Scioli que nunca si no más anti-Macri que nunca. Seguramente por consejo de sus caros asesores se dedicó fina y puntillosamente a retratar cada medida de gobierno que Macri puede llegar a tomar si es Presidente. Le dedicó la responsabiidad de las siete plagas de Egipto y hasta de las subas de la harina y el pan, 'por lo que declaró', avisó. En cada spot publicitario que se vio, co-protagonizó con su rival. Se dedicó a hablar más del otro que de sí mismo. La duda sigue instalada: ¿es el Scioli verdadero o el que las circunstancias le imponen?Es una apuesta claro, que podría terminar volviéndose en contra si no le da resultado. Lo real es que nadie podrá acusar al ex motonauta de no haber dado pelea, con sus armas al menos en el último tramo de la campaña y no dependiendo del discurso ajeno o de la propia imbecilidad de sus compañeros de ruta.Macri surfea la ola triunfalista que lo rodea. Desde el 25 de octubre a la noche su semblante cambió, aunque todavía falta un pequeño detalle para el triunfo: que la gente vote apenas. Nada más ni nada menos. El termómetro de la calle le indica que está cerca. Volvió conmovido de la recorrida por el norte del país tanto que decidió cerrar la campaña en Humahuaca, el próximo jueves, como señal de federalismo hacia el resto de las provincias. En secreto, ya arma su futuro gabinete, y fortalece la gobernabilidad, mientras no deja de mirar de reojo las encuestas que le alcanzan a cada rato. Parece haber superado esa aura de frialdad que siempre lo acompañó y la misma gente percibía. Está, para definirlo de alguna manera, en 'estado de gracia', ahí donde lo puso el triunfo de María Eugenia Vidal en la Provincia de Buenos Aires.Hace un año nadie hubiera pensado, sólo él y su optimismo, que hoy estaría tan cerca de convertirse en el primer presidente no peronista y no radical en 80 años de historia argentina. Menuda responsabilidad podría tocarle. Gobernar la provincia, la ciudad y la Nación al mismo tiempo requerirá de una estructura que hoy el PRO no tiene pero de una muñeca política inédita para un partido nuevo, con poco más de una década de existencia. De todas maneras, si sucede, será porque la sociedad así lo disponga con su voto y, al cabo, tendrá la legitimidad que devenga de esa decisión.Pero Macri es un tipo acostumbrado a las grandes empresas y a los prejuicios. Ha convivido toda su vida con ambos. Cuando ganó las elecciones en Boca en 1.995, tuvo que soportar tres años de sinsabores deportivos, hasta que acertó con Carlos Bianchi y una camada de jugadores irrepetible. En algún momento parecía que todo se iba al tacho. En rigor, pocos creían en él. Cuando decidió meterse en política, no pocos pensaron que después de la derrota con Aníbal Ibarra en el ballottage de la Ciudad, su carreta estaba terminada. Porfió y siguió hasta que ganó. En el 2011 cuando declinó cualquier aspiración presidencial, se pensó que carecía de temple suficiente para la pelea grande, que había preferido la pelea chiquita de la Ciudad para salvaguardarse. Pero el momento llegó, es hoy y ahora. El gran desafío de su vida. Está cerca, muy cerca. Enfrente, Scioli da pelea. De ellos dos saldrá el sucesor de Cristina. Uno de ellos dará vuelta la página de la historia. ¿A quién elegirá la gente?
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios


