Scioli, una foto fuerte y Boudou se defiende como puede, o lo dejan
La madeja del Caso Ciccone tiene virtualmente paralizado al gobierno. El fantasma de Boudou y la investigación judicial es un tormento que perseguirá a la gestión kirchnerista hasta lo que le queda de mandato. En el medio se sigue dirimiendo la sucesión presidencial y los cruces se ponen cada vez más calientes. Jorge Barroetaveña Víctor Hugo Morales es un notable relator de fútbol, quizás de los mejores de la historia, pero como entrevistador deja bastante que desear. El y 6,7, 8 tuvieron la chance de hablar con el Vicepresidente Amado Boudou que, ordenado por la Presidenta, salió a poner la cara para tratar de apaciguar el incendio. Pero la performance de los medios vinculados al oficialismo fue tan pobre, que al Vicepresidente no le quedó más remedio que pactar una entrevista con el enemigo público número 1 del gobierno: el Grupo Clarín. Y Tenembaum y Zlotogwiazda estuvieron a la altura de las circunstancias. Leyeron el expediente y preguntaron en consecuencia y Boudou tuvo la oportunidad de contestar muchas cosas que antes ni siquiera le habían preguntado. Y pudo defenderse también con una estrategia más clara. La cuestión de su credibilidad es otro debate, pero los periodistas cumplieron con su tarea.Seguramente la pauta oficial que reciben muchos de esos medios debe ser importante, pero sirve de poco a la hora de informar a la opinión pública. Tampoco nadie salió a criticar a Boudou por su actitud de darle una nota a un programa de TN. Claro que al Vicepresidente ya no le entran ni las balas y si se atrevió a hacerlo es porque tuvo un guiño presidencial.La misma semana y con apenas diferencia de horas, el gobernador Daniel Scioli dio un paso insólito por lo arriesgado: fue a un encuentro organizado por el Grupo Clarín y encima se sacó una foto con Magnetto, el resumen de todos los males del kirchnerismo. El gesto de Scioli hay que mirarlo con su historia en la mano y sorprende por su osadía. Es que el gobernador bonaerense está sumido en un debate interno que lo carcome: al kirchnerismo lo necesita pero en dosis homeopáticas. ¿Qué significa esto? Scioli no puede romper del todo con la Presidente ni con su núcleo duro, aunque sepa hace mucho que no lo quieren ver ni en figuritas. Pero también sabe interiormente que si quiere ganar las internas y después la general deberá profundizar su distanciamiento, marcando diferencias, para atraer a un sector de la sociedad refractario y crítico de la gestión nacional.Pensar que Scioli no se bancará la lluvia de críticas que recibió es ingenuo porque ha aguantado cosas peores. En cualquier otra circunstancia, él hubiera sido el candidato natural para suceder a Cristina Kirchner, pero la Casa Rosada se encargó de minarle de candidatos contreras el camino. Nadie, sin la mirada cómplice de la Presidenta, se hubiera animado a hacerle frente. Ya están Randazzo y Urribarri que se hacen un picnic con sus silencios, se sumó Agustín Rossi y está al caer Jorge Taiana, impulsado por el Movimiento Evita. En el medio la estrategia de 'péguele al muñeco' crece como una epidemia y todos se sirven de ella. Quizás no se dan cuenta que están esmerilando al único candidato con posibilidades serias de pelearle a Sergio Massa la presidencia. Salvo que el kirchnerismo piense que es preferible perder la elección antes que entregarle el proyecto a alguien que no les merece confianza. O que tiene demasiado olor a peronismo.El efecto Boudou amaga con provocar una catarata judicial contra el gobierno. Estos jueces federales, que también miraron para otro lado en gobiernos anteriores, tienen una característica particular: intuyen la retirada y actúan en consecuencia. Son los mismos jueces de la famosa servilleta de Carlos Corach, en los años dorados del menemismo, que vuelven a presentir el fin de ciclo. La historia contará algún día cómo fueron las horas previas de la citación a indagatoria del Vicepresidente Amado Boudou pero es probable que marquen un quiebre definitivo: la justicia también sabe que el gobierno cuenta sus días para irse, que la sucesión no está asegurada, y hay margen para tomar decisiones que antes no se atrevieron a tomar.El kirchnerismo lo sabe y está convencido que lo de Boudou es la punta de lanza, por eso no se puede permitir entregar semejante pieza. En otro contexto, ¿no hubiera sido posible que pidiera licencia para sacarlo de la línea de fuego y evitar el desgaste que está sufriendo? Pero la retirada no está en los códigos oficiales y mucho menos emitir alguna señal de debilidad. Lo demostró la propia Presidenta en la inauguración del Museo de Malvinas en la ex Esma, parapetando a su lado a Boudou. Al principio no se sabía bien qué era porque el Vicepresidente ni respiraba de la tensión que había. Pero era él sí, parado a un metro de Cristina. Todo un mensaje para propios y extraños.El calvario judicial y político que le espera al ex ministro de economía es difícil de mensurar. Su declaración y las que le siguieron después no lo dejaron bien parado. El intento por farandulizar la indagatoria, ninguneando al Juez Lijo tampoco le dio resultado. El único mérito de la entrevista a TN fue haber dado la cara, porque los argumentos sonaron vacíos y poco convincentes. La teoría de la conspiración ya no causa el mismo efecto que antes. En el propio gobierno son muchos los que creen que, si se equivocó, debe hacerse cargo del error y no hacerle pagar a la Presidenta un costo innecesario en el último tramo de su gestión. Claro, el detalle es que Cristina no parece pensar lo mismo y lo sostiene pese a todo. Sospecha tal vez que en eso va su propia supervivencia. Al cabo, fue ella la que lo ungió al lugar que hoy ocupa.
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