Scioli y una cadena de errores que lo dejaron al borde del abismo
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Si el peronismo y el kirchnerismo son lo mismo, lo sabe bien Daniel Scioli. El domingo a las ocho de la noche aterrizó en Tucumán. Las urnas quemadas, el robo de boletas, la toma por asalto de escuelas y el fantasma del fraude dominaron la escena. Jorge Barroetaveña Es que las siete plagas de Egipto parecen haberse precipitado sobre la campaña del bonaerense. Algunas cosas, es cierto, han ocurrido por errores propios, como tomarse un avión para ir a Cerdeña de vacaciones. Pero otras son el emergente de una campaña que está prendida con alfileres, como la victoria del oficialismo en primera vuelta el 25 de octubre.El Scioli siempre mesurado y de escasas definiciones, dejó lugar a uno más jugado y comprometido en las últimas semanas. Es que el candidato navega entre los tironeos de los asesores y el discurso presidencial que le sigue marcando la cancha. El canto de sirena de sus focus groups le dice que tiene que tomar distancia del kirchnerismo y 'peronizar' la campaña. En términos prácticos recostarse sobre el aparato y cobijo que le proporcionan los gobernadores del interior que desde hace meses le vienen soplando al oído que tiene que poner distancias con Cristina. Es el viejo debate de inicio de campaña que se recicla. Si el núcleo duro ya lo tiene, necesita ir por esos votos de centro, muchos críticos del modelo pero que lo ven a él como 'la esperanza blanca'. No hay punto intermedio en esta ecuación.Pero la realidad y su propia impericia lo han llevado a un brete peligroso a siete semanas de la elección. El error de irse del viaje en plenas inundaciones, las dos horas de filípica presidencial enrostrándole su amistad con Mauricio Macri, la insólita pelea con Carlos Tevez por la pobreza en Formosa, la batalla inútil contra los twiteros del PRO y el corolario de las urnas quemadas con represión incluida en Tucumán, lo metieron en un laberinto de difìcil salida.¿Cuándo alguien imaginó a Scioli polemizando con un futbolista recontra popular como Carlos Tevez por un tema tan denso como la pobreza en Formosa? El partido, perdido desde el arranque, lo dejó en un lugar incómodo, cerca de uno de los peores gobiernos feudales del interior del país. La imagen de Gildo Insfrán no es la que Scioli debe querer para irradiar hacia el resto del país con la idea de convencer a los díscolos que le faltan para llegar al 45%.Pero lo peor estaba por venir y sucedió en Tucumán el domingo pasado, donde afloró el manual de las políticas clientelares que muchos creían extinguidas con la desaparición política de los Saadi en Catamarca. Como ecuación política, Alperovich le ofreció un infausto escenario al candidato presidencial. Es que no sólo le había prometido una victoria por más de 20 puntos sino una fiesta de la democracia. La historia es conocida y terminò en un escándalo aún de incierta resolución al punto que un fiscal federal acaba de admitir la posiblidad de suspender la totalidad de los comicios, algo que no tiene registros en la historia contemporánea argentina.Justamente la historia contará algún día lo que fueron esas horas que Scioli estuvo en Tucumán sin ni siquiera una mesa escrutada y aguantándose las acusaciones que el candidato opositor hacía desde la televisión. Era tal su malhumor que a las once de la noche se tomó el avión para Buenos Aires, entre las miradas esquivas de Alperovich y su gente. El incendio ya estaba desatado y quería poner distancia de las llamas.La frutilla del postre llegó el lunes con la represión policial. Desde los aciagos días del 2001 que no se veían caballos de la policía en una plaza reprimiendo manifestantes. ¿Es la primera vez que se cometían semejantes excesos en una elección? No, llevan décadas. La diferencia es que era la primera vez en mucho tiempo que la oposición presentaba una propuesta competitiva y que la diferencia no sería abultada. Esto azuzó los fantasmas del fraude y profundizó las prácticas clientelares que provocaron indignación.En el vuelo de regreso a La Ñata Scioli debe haber seguido preguntándose entonces qué significa 'peronizarse'. ¿Es acercarse a los Alperovich o a los Insfrán? ¿Hay acaso alguna otra alternativa al corset que le ofrece el kirchnerismo? La aparición fulgurante del gobernador de Salta Juan Manuel Urtubey fue lo único que el candidato oficialista pudo monitorear en las últimas semanas. El salteño dijo por ahora todo lo que Scioli no puede decir: "no me puedo enojar con Carlitos Tevez porque en la Argentina no hemos erradicado la pobreza". Clink caja debe haber dicho Scioli. Ayer sábado los sindicalistas que le soplan la oreja le hicieron otro parte 'revelando' que les prometió retocar en forma el impuesto a las ganancias, algo a lo que el gobierno se ha negado hasta abajo del agua. Son indicios que se convertirán en prueba sólo en boca de Scioli. ¿Se animará a hacerlo o le temerá a la filosa lengua presidencial?Los yerros de campaña del oficialismo dejaron otro saldo negativo, difícil de prever después de las PASO: la foto conjunta de Macri, Massa y Stolbizer con el candidato radical Cano de Tucumán. Fue la punta del ovillo que Macri y Massa necesitaban para restablecer el contacto personal perdido hace varios meses. Entre el domingo y el martes hablaron y se mensajearon varias veces por teléfono. Advirtieron que no se trata de un acuerdo electoral, más sí de presionar para cambiar el arcaico y obsoleto sistema con el que todavía se vota en la Argentina. Es un inicio que puede marcar el camino después del 25 de octubre. Otra muestra de hasta dónde los errores propios pueden repercutir en campo ajeno. Scioli sigue rumiando bronca y prepara cambios en su equipo de campaña. Para él, después del 25, no hay mañana. Es a todo o nada. Deberá actuar en consecuencia.
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