Se consolida una cultura centrada en la pantalla
Desde hace tiempo el debate cultural pasa por saber de qué manera Internet y las tecnologías digitales están cambiando el modo de pensar y de ser de las personas.El diagnóstico coincidente es que hoy nos encontramos entre dos mundos tecnológicos. Una situación similar a la que se dio 550 años atrás, cuando la invención de Gutenberg, la imprenta, forjó la cultura literaria a expensas de la oral.Al automatizarse la producción de libros y otras obras escritas, estos objetos se hicieron más asequibles, portátiles y personales. A partir de entonces, los eruditos y los monjes dejarían de ser los únicos que tendrían el monopolio de la lecto-escritura.Pero fue algo más que eso: la impresión de tipos móviles "cambió la cara y el estado de las cosas en el mundo, con un poder e influencia que ningún Imperio, secta o estrella parece haber ejercido en los asuntos humanos", según juzgó Francis Bacon en 1620.La mentalidad literaria, centrada en el libro, se hizo general gracias al invento de una nueva máquina de impresión. De esta manera, los beneficios cognoscitivos del alfabeto se extendieron a la masa de la población.Y como advirtió Marshall McLuhan, la clave es el efecto que las invenciones ejercen sobre nosotros, el decir el "mensaje" que transmite una herramienta o medio a las mentes y a las culturas de sus usuarios.Carlos Marx entrevió esto cuando escribió: "El molino de viento produce una sociedad con señores feudales; el telar de vapor produce una sociedad con el capitalismo industrial".Cabría preguntarse, entonces, ¿qué sociedad está produciendo la tecnología digital? Por lo pronto, hay consenso respecto de que la cultura de la pantalla está desplazando a la más tradicional cultura del libro.Hay estudios que indican que mientras el uso que el público hace de la Red va en aumento, las horas pasadas viendo la televisión no menguan. Es decir, ya sea mirando el televisor en una sala, el monitor de una computadora, o manipulando un teléfono móvil, el saldo global es que ha crecido exponencialmente la cantidad de tiempo que se pasa frente a la pantalla.Mientras crece el uso de la pantalla, disminuye proporcionalmente el tiempo que el público pasa leyendo publicaciones impresas; particularmente periódicos y revistas, pero también libros.La otra discusión cultural es si la pantalla está acabando con la lectura en sí misma. Dada la cantidad de textos que circulan por la Web, e incluso por nuestros teléfonos, acaso sea posible sostener que hoy se lee más textos que hace veinte años.Sin embargo, Nicholas Carr sostiene que con la pantalla estamos sacrificando nuestra capacidad para leer y pensar en profundidad. Según él, así como el libro impreso servía para centrar nuestra atención, fomentando un pensamiento profundo y creativo, Internet fomenta el picoteo rápido y distraído de pequeñas fragmentos de información de muchas fuentes.Carr postula que las nuevas tecnologías intelectuales, que privilegian la velocidad y la eficiencia, están configurando a los usuarios, contribuyendo a hacer sus cabezas más superficiales y menos reflexivas.Vivimos en una época en que la información circula por pantallas. Éste es el ecosistema cultural contemporáneo. Sería interesante preguntarse, a nivel individual, qué tiempo de nuestras vidas pasamos delante de una pantalla.Sabiendo que no se está sólo frente a un mero soporte tecnológico. La historia de las tecnologías, sobre todo las intelectuales, sugiere que evaluemos que se trata de medios que tienden a recrean a sus usuarios a su imagen y semejanza.
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