Se están agotando los plazos y la palabra “default” se agranda peligrosamente
:format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/adjuntos/240/imagenes/000/585/0000585873.jpg)
El tiempo se consumió y la palabra default se va agrandando. Podría ser paradójico que, más allá de las razones, el mismo gobierno que acordó con los acreedores externos en 2005 y 2010, se irá con otra cesación de pagos, cerrando así un círculo extraño. Por errores propios y ambiciones ajenas. La herencia será pesada. Jorge Barroetaveña Este es quizás el único desvelo que persigue a la Presidenta a esta altura. Porque en los últimos dos años, pateando el tacho de los principios, Economía se puso a hacer los deberes y a cerrar todos los frentes externos, para permitirle a la Argentina volver a los mercados internacionales de créditos consiguiendo tasas más o menos razonables. Se hocicó con el Fondo Monetario Internacional y el nuevo índice de precios al consumidor, Axel Kicillof piloteó un acuerdo con los banqueros del Club de París (justamente el primer pago se hará en los próximos días) y un montón de dinero y bonos sirvió para dejar contentos a los españoles de Repsol, que procedieron a retirar su demanda ante el CIADI por la expropiación de YPF. Justamente es Miguel Galuccio, CEO de la compañía, el que nunca se cansó de explicar en el seno del gobierno que, sin inversiones externas, Vaca Muerta en Neuquén no sirve para nada. Lo mismo pasa con grandes obras de infraestructura que necesitan financiamiento. ¿Traducción? Dólares, esos que escasean en el Central desde hace 3 años y podrían convertirse en una foto si Argentina cae otra vez en default.Desde hace 15 días el gobierno viene preparando su discurso para la fecha clave del 30 julio. Ese día se vence el plazo de gracia para que los bonistas viejos puedan acceder a los fondos que tiene pisados Griesa en New York. La Presidenta ya lo dijo: el país no caerá en default 'porque paga', y esa será la interpretación que prime. En rigor, tampoco tiene demasiado margen. Es apenas una cuestión de sentido común y fue el propio ex ministro Lavagna el que describió que entre un tifón y un tsunami hay que quedarse con el primero.La Argentina no puede exponerse a perder el acuerdo con el 92% de los bonistas, por pagarle a los fondos buitre. Para la historia quedará el análisis de los errores que se cometieron en los dos canjes previos, porque Rusia y Ecuador que reestructuraron su deuda en condiciones y época similares, no pasan por el brete en el que está la Argentina.La famosa cláusula RUFO es la que obliga al país a no poder pagarle a nadie, en mejores condiciones que los acuerdos del 2005 y el 2010. Y esa cláusula se vence el año que viene. Son 6 meses que los buitre parecen no dispuestos a esperar y en los que Argentina está atada de pies y manos. El delgado hilo pues en el que se desenvuelven las negociaciones está llegando a término, aunque tampoco habría que descartar un acuerdo de última hora. El establishment internacional, político y económico, ha jugado para la Argentina en estos meses. El New York Times fue explícito criticando a Griesa en una editorial de hace un par de días, y directamente lo acusó de ignorar lo que son los procesos de reestructuración de deuda. Claro, en Estados Unidos, pese al pataleo los fallos se cumplen, por eso estamos en esta circunstancia.¿Qué pasará si caemos otra vez en default? Los economistas están divididos, aunque todos coinciden en que nunca es bueno, para ningún país, llegar a esa instancia. Y la Argentina tiene tristes antecedentes al respecto. Habrá menos dólares de los que hay hoy, se complicará más acceder al financiamiento externo para las empresas privadas y para los estados las complicaciones para colocar bonos se verán incrementadas. Con esto, es probable que se interrumpa el proceso que venía desandando Kicillof y en la calle, la actividad económica se vea resentida aún más.Extrañamente, desde la política, el entuerto con los buitres ha sido funcional a la estrategia del gobierno. Entre el Mundial y los buitres, se habla menos del escándalo del Vicepresidente y de su segunda indagatoria por truchar los papeles de un auto en los '90. Igual que del titular del Sedronar, un hombre del sur de máxima confianza de los Kirchner, que ha sido procesado por tráfico de efedrina. Un caso grave, no sólo por a quién involucra, sino por el tema en cuestión.Las encuestas sostienen que más de la mitad de la sociedad apoya la postura oficial contra los buitres. ¿Se ilusiona el oficialismo con seguir agitando el tema para recuperarse electoralmente? Es difícil pensar eso, porque es imposible sostener un tema en agenda por tanto tiempo. La Argentina tiene otros problemas urgentes que el kirchnerismo no puede dilatar en el tiempo. El aparato productivo viene crujiendo desde hace meses y algunos sectores, como el automotriz, están en pleno desierto. Desde una fábrica de Yamaha en General Rodríguez la Presidenta hablaba esta semana del consumo y sus bondades, pilares del modelo que implementaron desde el 2003.Técnicamente, desde principios de año, la economía argentina está en recesión, con bajas abruptas del consumo en la mayoría de los rubros de la economía. Es la primera vez que sucede en forma tan contundente desde la debacle del 2001. Por eso, el desafío es mayor aún para un gobierno que sabe se va el año que viene. Por carácter, Cristina Fernández gobernará hasta el último día y ejercerá el mucho o poco poder que le quede con decisión. El dato es que la realidad ya no responde como antes. Por dos cosas: porque ya no es como se la imagina y porque la propia Presidenta hace mucho que dejó de ser la misma.
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios


