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Se fuma menos, pero se consume más alcohol

Mientras en el país se verifica un sostenido descenso en el consumo de tabaco, crece no obstante la ingesta de alcohol sobre todo en los jóvenes.

Eso dice la cuarta Encuesta Nacional de Factores de Riesgo que esta semana difundió el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), tras encuestar a 29.000 individuos mayores de 18 años en todo el país.

De allí se desprende que el tabaquismo disminuyó del 29,7% al 22,2% entre el 2005 y el 2018, pero el consumo de alcohol está en franco aumento.

En efecto, el indicador de consumo de alcohol episódico excesivo (CEEA) muestra una tendencia ascendente constante (pasó del 8,9% en 2009 al 13,3% en 2018), es cinco veces mayor en los jóvenes que en los adultos de mayor edad, y el triple en varones respecto de las mujeres. En Entre Ríos, el consumo de alcohol episódico excesivo de la población de 18 años y más pasó del 7,2% en 2005 al 15,9% en 2018. Mientras que el consumo regular de riesgo de alcohol pasó del 5,9% en 2005; el 8,4% en 2009; el 7,6% en 2013; y el 9,6% en 2018.

En la actualidad el alcohol es una de las drogas que por su fácil acceso y poderosa publicidad comercial se ha convertido en un verdadero problema social.

Pese a los inquietantes efectos que esto tiene para la salud, sobre todo entre los jóvenes, en Occidente el alcohol es visto como la droga “social” más aceptada, y de hecho se celebra en todos los ámbitos.

No se quiere ver que la ingesta de alcohol no se inscribe ya dentro de pautas culturales precisas, como parte por ejemplo de la alimentación, sino que está vinculada estrechamente a la búsqueda de la intoxicación, aceitada por un sofisticado y multimillonario negocio.

En Occidente, por ejemplo, la mayoría de las publicidades de estas bebidas asocian el consumo a la diversión, lo que ha instalado la cultura de que para “pasarla bien” hay que embriagarse.

Los especialistas coinciden en que los adolescentes están más expuestos que ningún otro grupo humano al consumo abusivo de alcohol. Al respecto es moneda corriente ver a los más jóvenes entrando en las guardias de hospitales por un coma alcohólico los fines de semana.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estableció el 15 de noviembre como el Día Mundial Sin Alcohol, con la idea de fomentar la responsabilidad de las personas sobre todo de los jóvenes para controlar el consumo de alcohol. En tanto el 31 de mayo es el Día Mundial sin Tabaco, y fue creado para concienciar sobre los efectos nocivos y letales de su consumo.

Con respecto al consumo de tabaco, en todo el mundo se ha producido un viraje significativo desde que el público tomó conciencia de que cada cigarrillo estaba acortando la vida de las personas. Hoy se sabe que más de la mitad de los fumadores enferman y mueren de manera prematura.

Pero hace medio siglo, la norma era ser un adulto fumador, de hecho se veía con sospecha a aquellos que no fumaban. El cigarrillo confería sofisticación y glamour a las personas.

Sin embargo, se supo luego que el tabaco mató a más gente que las dos Guerras Mundiales del siglo XX juntas.

“El cigarrillo es el más mortífero artefacto en la historia de la civilización humana”, dice Robert Proctor, de la Universidad de Stanford. “Mató a cerca de 100 millones de personas en el siglo XX”, concluye en su libro “Historia del descubrimiento del cigarrillo”.

Estos números permiten concluir que el cigarrillo es más letal que las balas y los tanques. Y de hecho hoy mismo es la “droga legal” que mata cada año a casi 6 millones de personas en todo el mundo.

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