Se nos fue Kuky Adón
La vida suele depararnos la sorpresa de la muerte. De pronto nos quedamos paralizados porque el gran tesoro que cuidamos celosamente en la amistad, que es el afecto, los sueños conversados, se van y no podemos ubicar el exacto lugar de destino.Meyi Carrazza AdónOpinión A este acto doloroso lo disfrazamos con palabras, como partida pero es la vida eterna, donde nada se lleva pero sí se ha vivido intensamente y bien, la energía que se deja se reproduce en la descendencia.Imprevistamente, partió de esta vida Kuki Adón, un amigo, un padre, un familiar, afable, consejero, anunciador del peligro y un estudioso de lo que tanto quería: la creación.Soñaba con mejorar el mundo y para ello asumía el tránsito por los terrenos cenagosos, los que a nadie le gusta.Cortaba los caminos difíciles de los tiempos y señalaba los nuevos rumbos, sin antes debatir con sus pares sus opiniones.Le gustaba pintar la vida, los personajes con sus características periféricas y las de adentro. Era ético en su creación y cuidaba el uso de sus palabras.Concursó con sus obras en encuentros nacionales e internacionales, obteniendo premios que mostraba con humildad.Le gustaba cantar, en su juventud formó con otros compañeros un grupo folclórico que fue su pasión, como el dibujo asistiendo a distintas academias de esta ciudad y de la Capital Federal, exponiendo sus obras en distinguidos salones de la ciudad, la provincia y en el extranjero.Otra de sus inquietudes fue el deporte del tiro, obteniendo premios nacionales e internacionales.Con referencia a su profesión de policía, siempre estuvo atento a proporcionar ayuda a los municipios en la formación de los Consejos Municipales de Seguridad, proponiendo la participación de los vecinos y vecinas en la prevención del delito.Un a vez terminada su función en las fuerzas, abrazó la militancia en la UCR, donde estimuló a través del Rectorado, el estudio de las realidades sociales en riesgo y las vías de solución.Andariego, convocador de amigos y amigas, buscador incansable de las raíces árabes, nos hacia revivir con sus relatos, aquellos juegos y guitarreadas en la casa de nuestra abuela. Con nuestros primos y primas, donde no había competencias, solo afectos, ideales, el deseo de ser mejores personas, y la promesa de ser familia.
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