Secuestro, un delito que muta
En un tiempo en la Argentina existió el "secuestro político", un método deleznable utilizado por bandas armadas que disputaban poder. Ahora la modalidad, de carácter endémico en la región, está vinculada a la expansión de la criminalidad. El secuestro del empresario Daniel Rebagliati, por cuya liberación su familia pagó un rescata de 1.800.000 pesos, activó en la memoria de los argentinos una vieja y artera modalidad violenta.El testimonio del empresario trajo reminiscencias dramáticas. Declaró que estuvo encerrado, que no pudo ver a sus captores porque estaba encapuchado y que lo "picanearon".El monopolio de este método lo tuvieron en la Argentina, en el pasado, facciones radicalizadas que disputaron poder. El llamado "secuestro político" reinó, efectivamente, durante mucho tiempo en un país que vive "al margen de la ley", al decir de Carlos Nino.Lo practicaron civiles armados de ideologías extremas, de derecha e izquierda, sobre todo en la década del '70, todos ellos tributarios de una matriz política autoritaria e intolerante.La llamada "guerrilla" lo incorporó como un método para eliminar adversarios, aunque también para conseguir dinero o bienes. El recurso fue justificado ideológicamente, con el argumento de que era la manera de construir rápidamente un "mundo mejor".Como método de exterminio, el secuestro político fue usado por las fuerzas de seguridad o del Estado. Formó parte, así, de la represión ilegal y clandestina entre 1976 y 1983.El recurso es incompatible con el estado de derecho, con el gobierno de la ley. Por eso fue desterrado a partir de 1983, con la restauración democrática y el juicio contra las juntas militares.No obstante lo cual el secuestro de personajes vinculados con el poder, o de personas influyentes pasó a ser parte del reino de lo paramilitar, de la llamada "mano de obra desocupada".Como en el caso del secuestro del empresario Jorge Sivak o incluso el de Mauricio Macri, donde participaron policías o ex cuadros militares de la dictadura.Estos grupos remanentes de la época en que la violencia política era normal, y en cierto modo aceptada por buena parte de la sociedad, se dedicaron a los negocios turbios, a los secuestros extorsivos como prolongación de "la guerra sucia"."Una de las raíces de la violencia política -dice el historiador Luis Alberto Romero- fue la conflictividad social no canalizada en espacios de confrontación democrática".Con la instauración de la democracia republicana, distintos actores del juego político violento debieron someterse a la negociación civilizada. El juego democrático, efectivamente, excluye en su definición el uso de la violencia.Desaparecido el ciclo de la violencia política, sobre todo tras el fin de la Guerra Fría, el secuestro sin embargo no perdió vigencia en América Latina, ni tampoco en Argentina, aunque mutó su naturaleza.Mediante este método la criminalidad, sobre todo vinculada al narcotráfico, encontró una manera más rápida y segura de ganar dinero. Algunos estudios sostienen que la problemática adquirió "formas endémicas" en la región (la mayoría de los secuestros no se denuncian).La clase media urbana latinoamericana se ha convertido, en los últimos años, en blanco de los secuestradores, una práctica delictiva que a llegado a niveles inusitados en países como México, Colombia y Venezuela.Hoy está de moda el secuestro por beneficio económico: el fin es obtener un botín como rescate.
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios

