Seguridad, un debate politizado
Se dirá que como los argentinos no hemos podido construir ninguna política de Estado en casi ningún tema crucial, resulta ilusorio esperar que ello sea posible en materia de seguridad y justicia.
Lo concreto es que todos los temas irresueltos –como el relativo al campo y a la ola delictiva- caen bajo la especulación política partidaria, de suerte que quienes piden soluciones entran dentro de la categoría de opositores al gobierno.
En este sentido, ninguna manifestación pública, sean marchas o declaraciones, puede sustraerse a una lectura facciosa, a un encasillamiento ideológico, a un esquema que polarice políticamente a los argentinos.
Los dichos de Susana Giménez, en los que se pide mano dura contra el delito, y que fuera apoyado luego por personajes del espectáculo del fuste de Marcelo Tinelli, encendieron la mecha de la polémica.
Al margen de las bondades de la propuesta en sí –endurecimiento de la política de seguridad- lo llamativo del episodio, y que da una medida del nivel de politización de la cuestión, es el retruque protagonizada por Hebe de Bonafini.
Del riñón ideológico del kirchnerismo puro, la titular de la Asociación Madres de Plaza de Mayo expuso en pocas palabras cómo se cataloga el problema desde el oficialismo.
Vale reproducir los dichos de Bonafini para dimensionar el encono que puede despertar en algún sector, en este caso el progresismo oficial, un problema social como la seguridad en el país.
Coherente con su estilo confrontativo, la dirigente dijo que quienes piden más seguridad se enrolan dentro del partido de “todos los que quieren más milicos”, instalando así la idea de que son cuasi golpistas.
Contra la diva de la TV, que había hecho una alusión equívoca a los derechos humanos, Bonafini dijo: “Estas vedettes, que son más pu... que vedettes, que se atreven a hablar de derechos humanos cuando bailaron y se acostaron con los represores”.
Señaló que personajes como Susana Gimenez “en vez de cabeza tienen un maní” y agregó: “Lo único que tienen son tetas y no son de ellas”.
“Esta vedette decía: está bien que los maten, son terroristas. Y ahora dicen que hay que matar a todo el que mata. Y si Susana le hubiera acertado al amante ese que tenía con el cenicero y lo hubiera matado, ¿qué hacemos?”, se preguntó Bonafini.
Trascartón la titular de las Madres de Plaza de Mayo vinculó la inseguridad a la protesta agraria. “¿Cuál es la inseguridad con todos estos atorrantes del campo sueltos, cuál es nuestra seguridad cuando nos piden más seguridad?”.
También cargó contra la policía. “No se les exige hablar de todos los pibes que mata la policía todos los días”, denunció.
Bonafini reconoció que hay inseguridad. “Pero sólo con estos tipos sueltos (los del campo), con los que toman bancos, con los que quieren más plata, porque son los que apoyaron la dictadura”, aclaró.
Señaló que “ellos quieren más milicos para que ellos tengan cada vez más y nosotros cada vez menos. Hablemos con la gente porque sino ven sólo a los pelotu... como Sandro que piden la pena de muerte”.
“Cuando mataron a nuestros hijos todos siguieron ganando guita porque estaban con los milicos”, dijo por último Bonafini, al dar su original lectura del problema de la seguridad.
La virulencia de estos conceptos, da una medida de por qué ningún debate colectivo en la Argentina, como es el caso de la seguridad, pude superar la barrera de la pasión ideológica y la politización extrema.
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