Ser más que un mero enclave forrajero
Alguna vez esta provincia fue imaginada como la "granja del país", dada su rica potencialidad humana y natural. El monocultivo de la soja liquida este sueño, hipotecando la diversidad productiva.Al país no le ha ido mejor. De "granero del mundo", viró paulatinamente a "forrajero de China". Sigue dependiendo en materia económica, casi como hace un siglo, de sus exportaciones primarias.Pero ya no tiene incidencia en el mercado internacional de la carne y el trigo, como otrora. Hoy el cultivo principal pasó a ser la soja, con el agravante de que ha crecido a costa de las otras producciones tradicionales (carne, leche y demás).El dato que impresiona en Entre Ríos es que en sólo dos décadas la soja tuvo un abrupto salto: ocupaba menos del 7% de toda la superficie cultivada en 1991 (con 55.000 há.), y hoy oscila en el 70% (con 1.309.000 há.).Pero sería un crimen que esta provincia, rica como pocas, devenga en un enclave forrajero, para abastecer la apetencia asiática. Por lo pronto, porque tiene una larga tradición de diversidad.La producción agroalimentaria está en sus genes, acorde con una tierra y un clima excepcionales, ayudado por una población inteligente y trabajadora. En este sentido, pocas provincias tienen tanto futuro como la nuestra.Todas las producciones agrícolas pueden prosperar (arroz, maíz, trigo, hortalizas, cebada, girasol, vinos, etc.). Se sabe que somos grandes productores de cítricos, y la ganadería es una de las mejores.Nuestras granjas avícolas destacan a nivel nacional. El dato interesante es que en los últimos años, aquí se han explorado con éxito distintas producciones alternativas, que se adaptan a las condiciones agro-ecológicas de la región.El caso más emblemático es el arándano. Se trata de fruta pequeña y azul con aspecto a uva chinche, que crece junto al río Uruguay, en especial en el nordeste entrerriano, en la zona de Concordia.Los arándanos empiezan a cosecharse en octubre con vistas a los consumidores de Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea, que en general los prefieren en estado fresco, y por eso se exportan en contraestación, de noviembre a abril.Entre Ríos ofrece el entorno ecológico para que prospere esta producción: suelos mestizos-arenosos, de reacción ácida, buena agua y las temperaturas acordes para su crecimiento.El arándano era desconocido hasta hace una década. En Entre Ríos las primeras explotaciones datan del año 2000. Hoy hay 1.550 hectáreas que se destinan a esta actividad, convirtiéndose en una de las más importantes de Latinoamérica.El grueso de la producción entrerriana de arándanos se coloca en el mercado de Estados Unidos, donde hay un consumo generalizado de esta fruta, que presenta bajo contenido calórico, es rico en fibras y minerales y sobre todo en vitamina C.Otra producción alternativa de alta rentabilidad son las nueces pecan. Entre Ríos presenta una de las mejores tierras y la mejor agua para que prospere este fruto seco, fuertemente demandado en el mercado nacional e internacional.De hecho Argentina lo importa anualmente desde Chile. Las nueces pecan tienen alta cotización a partir de la tendencia al consumo de productos orgánicos, saludables y de alto valor energético.En Entre Ríos, el nogal pecan (carya Illionenis), el árbol que da esta fruto seco, empezó a implantarse entre algunos viveristas, y hoy aparece como uno de los agro-negocios no tradicionales más atractivos.La nuez tiene uso comestible (es recomendada por los médicos), en tanto que la madera del nogal ofrece muchas opciones industriales (por ejemplo, ebanistería).Entre Ríos, en suma, debe ser granja, no enclave forrajero.
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