Ser pejotista es mala palabra
Los Kircnher ya no se hallan cómodos dentro del PJ. Resentidos con los barones del conurbano, a los que culpan por la última derrota electoral, buscarían recrear la fallida "transversalidad" progresista.Hay varias señales en este sentido. La presidenta, al hacer un balance del resultado electoral, le mandó flores a Pino Solanas, a quien considera un aliado ideológico.La performance del cineasta en Capital hizo renacer el sueño izquierdista en Argentina. Y en la Casa Rosada eso se vivió con algarabía, más allá de los dichos previos de Hebe de Bonafini, quien había disparado que Solanas era "un cagón". Al poco tiempo el ex presidente renunció al PJ y reapareció públicamente con los intelectuales de Carta Abierta, como Horacio Verbitsky, David Viñas, Norberto Galasso, Noé Jitrik, Eduardo Grüner, Horacio González y José Pablo Feinmann.Que Néstor Kirchner haya ido a lamer sus heridas con los ideólogos de la izquierda nacional es emblemático del giro que tomaría el proyecto político del matrimonio presidencial.Confirma además en el fondo la sospecha de que lo que cayó derrotado el domingo 28 de junio no fue el peronismo sino su facción neocamporista. Porque, a decir verdad, el movimiento creado por Perón tiene varias caras.Según las circunstancias, pudo ser neoliberal en los '90 y neoizquierdista después. Acaso tenga razón el escritor Jorge Asís, peronista él también, al decir que la ideología del peronismo es "el poder a secas".De Narváez, Solá, Rucci, los ganadores en las urnas, serían la variante conservadora o de derecha del peronismo, si es cierto que todavía se pueda pensar la política en términos ideológicos.Eso creen, por otra parte, Luis D´Elía y Edgardo Depetri, representantes del kirchnerismo puro, para quienes en el conurbano hubo "traición" -término muy setentista- al proyecto "nacional y popular".Los intendentes bonaerenses jugaron a dos puntas, más allá de las listas testimoniales, que justamente inventó Néstor Kirchner para comprometerlos en su proyecto político.El "corleonismo" (al decir de Feinmann) hizo su juego, intuyendo un cambio de época en el electorado, y ello determinó la eyección de Kirchner del aparato de poder el conurbano, que hoy busca un nuevo "padrino" (para seguir la metáfora).De hecho, parece que Eduardo Duhalde, que volvió de Europa tras las elecciones, y a quien Kirchner había desplazado de ese aparato a fuerza de dinero y obras públicas, pretende recuperar el control del "pejotismo".Ahora D'Elía pasa factura a su jefe: fue un error estratégico que Kirchner asumiera la conducción del PJ y abandonara la "transversalidad", sentenció. Porque ello significó, entre otras cosas, una diáspora de los votos progres hacia Solanas en Capital y hacia Martín Sabatella en provincia de Buenos Aires.¿Podrán los K reconstruir la alianza original con el progresismo, en busca de un armado político que apuntale a Cristina en el gobierno? Ese proyecto, al parecer, encuentra un escollo: Pino Solanas.El cineasta va por más. Trascendió que ahora se lanzará a liderar el espacio progresista en todo el país, pero lejos del kirchnerismo (hoy 'piantavotos').Solanas quiere armar una fuerza política para enfrentar el "bipartidismo" en la Argentina. Y pretende sumar a Sabatella, Luis Juez, Víctor De Gennaro y al mismísimo gobernador Hermes Binner, entre otros.Como sea, dada la afinidad ideológica que tienen y el apoyo mutuo al experimento chavista, que postula el Socialismo del Siglo XXI, ¿no habrá una confluencia entre el solanismo y el kirchnerismo?.¿No se verificará eso en el nuevo Congreso, como insinuó la presidenta?.
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