Si Macri es ‘gato’, Massa es ‘tigre’, Cristina, ¿qué es?
El "Macri Gato" es todo un símbolo. Es la bandera que levanta el kirchnerismo para mantenerse vivo y, al mismo tiempo, darle aire a su principal adversario, ese al que le debe la subsistencia. Jorge Barroetaveña El "Macri Gato" es, al cabo, una expresión bastante acabada de la Argentina. Y es el lema de la nueva "carpa blanca".Al menos así lo atestigua el productivo merchandising que se vende en ella y las veleidades de estrella de Hollywood que rodean a Roberto Baradel cada vez que llega. Selfies, autógrafos y notas, mientras deja en claro que la movida no tiene nada que ver con su intención de ser el máximo jefe de la CTA. Es que buscando imitar lo que fue la Carpa Blanca de Menem y después De la Rúa, un sector docente busca instalar el mismo debate que se reduce a la cuestión salarial. ¿Autocrítica por el estado de la educación pública en la Argentina? Por ahora nada. La culpa sólo la tienen los sucesivos gobiernos, los padres a los que no les interesa nada la educación de sus hijos y a la primera de cambio se escapan a la escuela privada y los chicos por supuesto, que se ponen contentos cada vez que hay un paro. Ahh, me olvidaba, también podríamos sumar a esa lista a los medios de comunicación, que se empeñan en desinformar a la sociedad, resguardando sus propios intereses y sólo buscando alguna buena jugosa pauta publicitaria. El resto es cháchara. En la lista podríamos sumar también, ya que estamos al Fondo Monetario, la Embajada de Estados Unidos y los servicios secretos israelíes. Y en las sombras, moviendo los hilos, Héctor Magnetto. Aunque es raro que Magnetto aún haya zafado de la acusación.Pero son los propios docentes y no sus dirigentes los que se han dado cuenta que, si hacés siempre lo mismo, será difícil, por no decir imposible, conseguir un resultado diferente.Así lo demostraron en las últimas semanas, obligando a la dirigencia gremial a consultarlos. ¿Por qué se desbarrancaban los índices de aceptación de los paros? No sólo por los descuentos que duelen en el bolsillo. Los maestros se dieron cuenta que tienen que hacer algo distinto. Bastó una sola encuesta para que quedara claro. Fue un ejercicio de democracia el que hicieron los gremios docentes del que todos deberían tomar nota. Nada raro, le preguntó a los protagonistas qué querían hacer y estos le contestaron. Parece extraño pero en la Argentina la lógica se perdió hace rato.La decisión de levantar los paros y seguir negociando le aportó una cuota más de poder a María Eugenia Vidal. Espolón de proa detrás del cual se esconde buena parte del gobierno, la mandataria logró lo que quería aunque a un costo alto. El tironeo con los gremios docentes nunca ha sido redituable desde el punto de vista político aunque es uno de los tantos debates que falta dar. Hablar de educación es algo que figura poco en la agenda política. Discusión salarial a principios de año, mucho paro, arreglo y listo.Pero Vidal es dura y llevó la cosa hasta límites que hasta ahora no se habían llevado. ¿Servirá de algo? ¿Cambiarán en serio las cosas y se debatirán cuestiones de fondo que tienen que ver con la recuperación de la educación pública? Difícil saberlo hoy. Pero al menos se intenta.Siguiendo el GPS que le dejó Cristina en algún cajón de su escritorio en La Rosada, el gobierno ya marcó a los adversarios. Los gremios, algunos, no todos, y todo lo que huela a kirchnerismo, como para no perder el ejercicio de la confrontación.El Presidente piensa que no será la economía la que le hará ganar la elección de octubre. Será la política, bajo la misma rémora del 2015, la que deja la puerta abierta. Y la marcha del 1A fue la muestra más acabada. Para eso contribuyen claro los fanáticos K que cada día escriben un capítulo nuevo. El helicóptero o ahora el fantasma de la guerra civil no hacen más que contribuir a esa causa. Es lo mismo de siempre, con la pregunta que queda flotando: ¿lo hacen sin querer queriendo, como el Chavo? Es probable, pero lo hacen y eso sigue retroalimentado los fanatismos y las divisiones.A esa dinámica intenta escaparle, desde el silencio, Sergio Massa. El tigrense quizás se lamente por su actitud pasiva en los últimos meses. El peronismo busca liderazgos nuevos y nadie se los quiere dar. A veces luce inexplicable su estrategia, ante un congreso que estará a apagado en un año electoral y en el que su exposición se verá recortada. El peronismo pide a gritos alguien que se haga cargo y, si se produce, enfrente a Cristina. Ni Urtubey, ni Bossio ni Randazzo parecen dar muestras por ahora de tener entidad para eso. Si Cristina no es candidata, no les quedará más remedio que plantarse. Aunque siempre lejos de Massa.Este fin de semana es probable que Carrió anuncie que irá por la Ciudad de Buenos Aires. Es el distrito donde se siente más cómoda y su movida servirá para atemperar el impacto de la ida de Lousteau. Y hace lo que quería Macri, quedarse lejos de la Provincia de Buenos Aires. Allí la figura de Vidal será un gran paraguas para el que se elija como candidato. Buscarán recrear el milagro del 2015. El detalle es que Aníbal Fernández ya no está. Tendrán que buscar alguien de bigote poblado. Todo indica que les será bastante complicado.
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