Opinion | Papa Francisco

Si querés algo nuevo, desacomodate

Hay gente a la cual cuesta mucho moverla de su "lugar de confort". Están tan cómodamente instalados en sus costumbres y hábitos que ni siquiera se animan a dar pasos hacia algo que pueda ser mejor.

Por monseñor Jorge Eduardo Lozano

A la edad que sea plantan bandera y se dicen a sí mismos y a los demás “hasta aquí llegué”. Tan lejos del espíritu aventurero como del deseo de arriesgar algo para intentar crecer. Es cierto que conservan lo que tienen, pero nunca se animan a sorprenderse y maravillarse con lo nuevo que puede venir.

Todo les transcurre sin sobresaltos ni novedades. Son vidas satisfechas con poco. Su mejor color es el gris, como para no desentonar.

Hubo tres hombres que se animaron a dejar sus comodidades para ponerse en camino. Esta noche serán evocados pasando por la vida de muchos niños. Conocidos por nosotros popularmente como los Reyes Magos, ellos se pusieron en marcha desde lejos siguiendo una estrella. Muchos hombres y mujeres del aquel tiempo veían el mismo cielo, pero no notaron algo particular; en cambio ellos, entre tantas estrellas en el universo, percibieron que “esa” contenía una luminosidad diversa, y valía la pena seguirla. No sabían cuán lejos les llevaría, y qué encontrarían en el camino. Había algo en sus corazones que les impulsaba a dejarse conducir.

El Evangelio los presenta como hombres de buena posición económica ya que al Niño le regalaron oro, además de incienso y mirra.

Ellos tal vez suponen encontrar grandes signos vinculados al esplendor del poder del hijo de un rey. Cuando llegan al pesebre confían en que su viaje culminaba con la plenitud anhelada; encontraron lo que buscaban, aquello que Dios quería mostrarles.

Ninguno dijo “para ver un bebé de una familia pobre, nos hubiéramos quedado en casa, habiendo tantos en nuestro pueblo”. Aquella escena tenía una potencia deslumbrante si se mira con fe. “La Palabra era la luz verdadera, que al venir a este mundo, ilumina a todo hombre” (Jn 1, 9).

Ellos tres tienen la humildad para inclinarse y reconocer que Dios está presente en aquella Familia pobre y sencilla junto a su Niño. Nos dice el Evangelio: “Y postrándose lo adoraron” (Mt 2, 11).

Nos enseña el Papa Francisco en su carta Apostólica sobre el Pesebre del 1/12/19: “Cuando se acerca la fiesta de la Epifanía, se colocan en el Nacimiento las tres figuras de los Reyes Magos. Observando la estrella, aquellos sabios y ricos señores de Oriente se habían puesto en camino hacia Belén para conocer a Jesús y ofrecerle dones: oro, incienso y mirra. También estos regalos tienen un significado alegórico: el oro honra la realeza de Jesús; el incienso su divinidad; la mirra su santa humanidad que conocerá la muerte y la sepultura”.

“Contemplando esta escena en el Belén, estamos llamados a reflexionar sobre la responsabilidad que cada cristiano tiene de ser evangelizador. Cada uno de nosotros se hace portador de la Buena Noticia con los que encuentra, testimoniando con acciones concretas de misericordia la alegría de haber encontrado a Jesús y su amor”.

“Los Magos enseñan que se puede comenzar desde muy lejos para llegar a Cristo. Son hombres ricos, sabios extranjeros, sedientos de lo infinito, que parten para un largo y peligroso viaje que los lleva hasta Belén (cf. Mt 2,1-12). Una gran alegría los invade ante el Niño Rey. No se dejan escandalizar por la pobreza del ambiente; no dudan en ponerse de rodillas y adorarlo. Ante Él comprenden que Dios, igual que regula con soberana sabiduría el curso de las estrellas, guía el curso de la historia, abajando a los poderosos y exaltando a los humildes. Y ciertamente, llegados a su país, habrán contado este encuentro sorprendente con el Mesías, inaugurando el viaje del Evangelio entre las gentes”.

Hoy estamos llamados a reconocer y servir a Dios en los últimos para el mundo que son los primeros a los que Dios quiere que nos acerquemos.

Esta escena nos muestra también la universalidad de la salvación que nos trae Jesús, que no queda ligada únicamente al Pueblo elegido, sino que desde el comienzo de su vida atrae a estos hombres venidos de pueblos paganos.

Te invito entonces a volver a contemplar el pesebre y a estos tres Reyes Magos. Pidamos a Dios nos conceda audacia para seguir las mociones interiores del Espíritu Santo que nos llama a desinstalarnos y dejar la comodidad para buscar con mayor ímpetu a Jesús.

Hay gente que en este tiempo estará de vacaciones o con más tiempo libre y los niños sin clases. Si esta es tu situación aprovechá para pasar más tiempo con la familia, salir a pasear a algún lugar bonito cerca de tu casa, jugar.

También podés visitar amigos con quienes no se ven hace algún tiempo.

No te dejes atrapar por la televisión o las redes sociales. Una cosa es disfrutar de una película, y otra estar haciendo zapping para perder el tiempo.

Las vacaciones son momentos propicios para el encuentro cara a cara, el diálogo, el abrazo, los mates, la mirada.

*Arzobispo de San Juan de Cuyo y miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social

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