Sí, somos todos rehenes
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Y de cómo las agachadas en una cancha de fútbol reflejan los (anti)valores que tenemos como sociedad. Florencia Carbone Jueves 15 de Mayo, 17 horas. ¡Salimos felices! A los 41, por primera vez, entraría en la Bombonera y el debut era nada menos que para ver un Boca-River, con mi hija de 14 años, mi sobrina de 9 -para ellas también era estreno-, mis tres hermanos y un amigo.Mi Viejo, que era un Bostero recalcitrante de esos que sentían que la camiseta se lleva impresa en la piel, fue el mismo que hasta el último minuto de su vida machacó con que quienes querían ejercer la función de Periodistas -así, con mayúscula- tenían que cumplir con la ley N° 1: "Consulten, escuchen y respeten al que piensa distinto".La "aventura futbolera" evocaba una catarata de recuerdos y como inexperta en esas lides me parecía exagerado tener que estar en la cancha más de tres horas antes de que empezara el partido. Pero todo se "entiende" muy rápido.Para encontrar un hueco en algún garage y evitar así la selva de "trapitos" que crece y se multiplica bajo la mirada cómplice y permisiva de la policía y los dirigentes de los clubes -esos mismos que muchos dicen son un engranaje clave para el financiamiento de los barrabrava y funcionales a políticos de todos los colores-, hay que estar antes, mucho antes.Después sigue "el cacheo", el control 1, y el 2, y el 3. Y la seguridad privada que "chequea" que la entrada no sea trucha.Son las 7 de la tarde. El estadio empieza a poblarse y se escuchan los primeros cantos. El "folclore" tiene su encanto y también lo contrario. No me gusta cuando insultan al "rival", cuando le cantan al arquero del equipo visitante que mientras él está ahí su mujer... Podrá sonar a ingenuidad. Muchos estarán diciendo: "Son las reglas del fútbol. Cuando Boca va al Monumental pasa lo mismo, pero al revés". No me importa. Simplemente me gustaría que las cosas fueran distintas. Todo eso sigue pareciéndome muy lejano al concepto que alguna vez me enseñaron sobre lo que es una "competencia deportiva".Empiezan a encenderse las luces y la pantalla gigante que muestra las formaciones. Los equipos aparecen para hacer el precalentamiento y la gente estalla. Finalmente, a las 21 ¡arranca el partido!Fin del primer tiempo sin goles. Muchos de los que están alrededor se quejan porque, según dicen, Boca no jugó bien.22 horas. Los equipos reaparecen para jugar el segundo tiempo. En realidad, aparece Boca. Cuando los de River "intentan" salir por la manga empiezan algunas corridas.Seguía la transmisión de Víctor Hugo por una pequeña radio que había llevado y entonces empiezan todas las especulaciones: "Tienen las camisetas ¿manchadas con sangre?... No, es algo color naranja". "Se restregan los ojos". "Hay dos jugadores vomitando". "Ahora la televisión muestra que tienen quemaduras en el cuello y la espalda". "Se dice que alguien arrojó gas pimienta adentro del túnel". "¡Llamen a un especialista para que explique los efectos que tiene eso", pide el relator. Mientras siguen las especulaciones sale al aire el padre de un hincha de 16 años que está siendo atendido en la enfermería. "Fue gas lacrimógeno que lanzó la policía", asevera el hombre.Los jugadores siguen en el medio de la cancha. El campo de juego empieza a poblarse de "dirigentes" pero nadie parece dirigir ni decidir nada.Mientras los jugadores de River se quedan paralizados, los de Boca empiezan a hacer movimientos para no enfriarse. Es más, en un momento hasta ocupan sus posiciones en la cancha. En la radio siguen sin saber si el partido continuará. El árbitro habla tapándose la boca con alguien de la Conmebol para que las cámaras no entiendan lo que se dicen. El presidente de River entra corriendo a la cancha, se trenza en una discusión con el DT de Boca y vuelve a salir.23 horas. Se supone que a esta hora ya todo debía haber terminado si las cosas hubieran sido "normales". Todo sigue con la misma incertidumbre de hace una hora. En la radio dicen que es imposible que en las condiciones físicas y psíquicas en la que están los jugadores de River se pueda jugar.Se ven algunas "corridas" en algunas tribunas. Empiezo a sentir miedo. Pienso qué pasa si anuncian que esto se suspende y la gente -que canta enardecida "River sos cagón"- decide expresar "su molestia".Decidimos irnos pero esa es otra odisea. Hay gente sentada hasta en las escaleras y se molestan cuando pedimos permiso para pasar.Viernes 16 de Mayo, 0.10 horas. Llegamos a casa. Lo primero que hago es encender la tele. Ahí sigue todo como era entonces. ¡Todos en el campo de juego! Pasaron más de dos horas y no supieron/pudieron/quisieron resolver nada.La imagen es tremenda: los dos equipos más importantes del país, rehenes de la inoperancia de los dirigentes y las autoridades, y de la bestialidad de los desaforados que arrojan lo que pueden desde la tribuna.Con la comodidad del hogar empiezo a "analizar" en detalle lo que muestran los primeros planos de la tele. Los de Boca, por un lado; los de River, por otro. ¿Ningún jugador se acerca a alguno de sus colegas para preguntarle cómo está? ¿A nadie se le ocurre proponer que salgan formados de a dos, uno de River y uno de Boca así las bestias dejan de tirar cosas? Dicen que Osvaldo fue el único jugador de Boca que se acercó a "los rivales".0.35 horas. Bajo un techo de escudos policiales, y en medio de una lluvia de botellas y no se cuántas cosas más, finalmente logran hacer salir de la cancha a los de River, SOLOS. Apenas unos segundos después, el capitán de Boca, Agustín Orión, da la orden: "¡Vamos!", dice a sus compañeros. La mayoría levanta los brazos y saluda ¿a la hinchada? Hay ovación. Me pregunto qué es lo que aplauden.Me cuesta conciliar el sueño. Empiezo a bucear qué se dice de esto en "el mundo Twitter", esa red social que los políticos usan para publicitar obras de gobierno, criticar a sus opositores y hasta para lanzarse y bajarse de candidaturas. Es un mundo con vocabulario propio. En este universo en el que todo debe condensarse -como mucho- en 140 caracteres, cada "pensamiento" es un "tweet", cada usuario tiene "seguidores" y a su vez sigue a otros, y cuando alguien quiere "etiquetar" un tema para que sea identificado rápidamente apela al "hashtag" (el signo numeral antecede a una cadena de palabras).Ya está bien entrado el viernes cuando aparece un " hashtag" que resume lo que siento: #SomosTodosRehenesSigo pensando en lo que acaba de pasar, en esos "rehenes públicos", en la inacción, en la falta de solidaridad, en la impericia, en la pudrición que reina en "el sistema". Eso sí que es falta de código.Siento miedo. Estoy amargada. Pienso en lo que le estamos dejando a nuestros hijos.Intento almacenar en algún lugar la imagen de cuando entramos al estadio, en medio de bromas sobre la "democracia familiar", y "discutiendo" eso de "si se puede heredar de tu padre un equipo con el corazón y cambiarlo cuando sos padre y tus hijos te enseñan a querer a la contra".Quiero quedarme con las risas de la entrada, pero ganan la amargura y la impotencia que genera tanta cobardía, la práctica del "cada cual atiende su juego", la intolerancia por el que es/piensa distinto. ¿Será exagerado hacer un paralelismo entre este episodio y lo que teórica y paradójicamente estamos "construyendo" como sociedad?
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