Siempre los mismos terminan en perjuicio
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El debate sobre la reelección de intendentes de la provincia de Buenos Aires, abierto esta semana, se proyecta más allá de los límites de ese estado y alcanza a otras funciones electorales ¿Hasta dónde son admisibles las reelecciones? Ese es el centro de la discusión. Mario Alarcón Muñiz El candidato presidencial Sergio Massa desató la polémica el anterior fin de semana, al anunciar que legisladores bonaerenses de su partido, el Frente Renovador, propiciarían una ley para limitar la reelección de intendentes en la provincia de Buenos Aires. Sucede que en ese estado está permitida la continuidad indefinida de los jefes comunales, franquicia que estimula el personalismo y todos los vicios que del mismo derivan.No es necesario abundar en detalles. Ejemplos aparecen a montones. El caso más conocido es el de Manuel Quindimil, eterno intendente de Lanús. Desempeñó esa función durante 27 años (1973/76 y 1983/2007). Hay otros que se encaminan a emularlo con gestiones que ya llevan 20 años continuados y muchas, 16 años.Es fácil imaginar la dimensión y el ajuste de los aparatos electorales que en tanto tiempo han montado estos intendentes, en su mayoría K (no todos). Massa se propone desarmar el mecano. Su intención también es electoral, está claro. Pero le asiste la razón al sostener que la continuidad indefinida afecta la vida republicana porque impide la renovación, requisito básico de la democracia.Una propuesta del PRO siguió a la del FR. Intenta regular también la reelección de legisladores. Otra buena polémica.Reelección de los intendentesEn Entre Ríos la situación es distinta en cuanto a los intendentes, no así respecto de los legisladores.Hasta 2007 nunca hubo reelección continuada de intendentes. La ley 3001, sancionada a raíz de la Constitución de 1933, admitía la reelección, pero por períodos alternados. Hubo varios intentos de modificación que no tuvieron éxito.Es bien conocido el poder político del intendente, obligado al contacto directo con la gente y al abordaje de problemas inmediatos y concretos. De ahí la gravitación electoral de ese funcionario. Los de más arriba siempre lo quieren tener de su lado.En esa línea, el gobernador Moine intentó (1994) modificar la ley para reelegir a los intendentes. Estaba tensa la interna del PJ y Busti, precandidato a su primera reelección, se opuso: "Si me quieren aparatear iré por afuera", advirtió. Y todo quedó como estaba.No obstante, tiempo después y por los mismos motivos de peso electoral, fue Busti en su tercer mandato quien propició (2006) la reelección de los intendentes, lograda mediante la sanción de la ley 9728. Esa jugada contribuyó a la primera elección de Urribarri (2007).Finalmente la reforma constitucional (2008) confirmó la reelección por un período continuado y en lo sucesivo por períodos alternados. Asunto concluido. Ahora tiene rango constitucional. Al menos durante varios años.La razón por encima de todo Nada impide, de todos modos, buscar antecedentes de las reelecciones, no ya de jefes comunales, sino de todas las categorías, teniendo en cuenta que el debate se extenderá a los legisladores.El mayor cuestionamiento se remonta a Juan Bautista Alberdi, nada menos. "La esencia de la república reside en la renovación constante y periódica de los depositarios del poder; donde el personal del gobierno se mantiene siempre el mismo, la república deja de existir", escribió el padre de la Constitución Nacional.Siendo Urquiza presidente de la Nación, los allegados que nunca faltan le sugirieron impulsar su propia reelección y hasta le diagramaron un plebiscito para sortear la reforma constitucional. Urquiza, según solía hacerlo cuando cuestiones cruciales lo exigían, consultó a Alberdi, que se encontraba en Francia. Terminante respuesta: "Un plebiscito con fines de perpetuación resultaría funesto para la gloria suya y la suerte de nuestro país", sentenció Alberdi. Ahí concluyó la intentona reeleccionista. La razón por encima de los intereses políticos del momento.No conviene cerrar el tema con una sola opinión. "Nada es tan peligroso como dejar permanecer largamente a un mismo ciudadano en el poder". Lo dijo Simón Bolívar.La salud de la democraciaLa reelección de los legisladores parece un valor admitido desde antaño. No hay restricciones. Sin embargo, a algunos se les va la mano.El caso más mencionado en círculos legislativos entrerrianos es el de Orlando Engelmann (PJ, Federación), diputado 1987/95 y 1999/2007, es decir 16 años con un período intermedio, 1995/99, en el que se desempeñó como "coordinador legislativo". En total 20 años en la Legislatura. Hoy está jubilado.No muy lejos anda el presidente de la Cámara de Diputados, José Ángel Allende (FpV, Nogoyá), que ocupa una banca desde 1999. Cuando en 2015 termine su actual período habrá completado 16 años en la Legislatura.En los treinta años de democracia son varios los representantes del pueblo (oficialistas y opositores) que han prolongado más de lo razonable su permanencia en los escaños. Muchos han alternado lugares en ambas cámaras o en intendencias. De senador a diputado, de diputado a intendente o viceversa. O bancas nacionales y provinciales. Hoy aquí, mañana allá. No se cuestiona la legalidad de esas actitudes, pero en una sociedad democrática es atendible pretender renovaciones más frecuentes. Por la salud de la democracia.A la luz de ciertas experiencias no parece suficiente regular las reelecciones. En los últimos años se ha observado una malsana tendencia a las dinastías. Si uno no puede postularse por determinadas circunstancias, propone a la esposa, el hijo, el hermano y todo queda en familia. Como si el cargo fuera un bien en propiedad del que se puede disponer libremente.Esto también merece la atención de quienes están obligados a salvaguardar las bases democráticas a partir de garantizar la renovación. Siempre lo mismo es perjudicial.
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