Siniestros viales que nos interpelan
En 15 años murieron más de 112 mil personas en las rutas de la Argentina, según la organización Luchemos por la Vida. Se trata de un número impactante que plantea si se hace lo suficiente para evitar semejante sangría.La cifra global representa un promedio de 21 víctimas fatales por día. ¿Cómo entender esta epidemia y su luctuoso saldo? ¿Cuántas son desgracias productos de la fatalidad y cuántas son evitables?Si se creyera que el cuadro trágico es un puro resultado del infortunio, de accidentes imprevisibles, frente a los cuales nada puede hacerse, entonces la mejor política es resignarse ante lo inevitable.Pero hay muchas razones para creer que hay causas humanas detrás de los siniestros viales, que lo que ocurre en realidad es consecuencia de lo que hacemos o dejamos de hacer.De ahí que los países instrumentes acciones para garantizar la seguridad vial. Se cree, por caso, que la mejora en la infraestructura de rutas y calles y una insistente política educativa en las personas, contribuyen a disminuir significativamente el número de muertos y heridos en el tránsito.A propósito el 10 de junio, al cumplirse ese día un nuevo aniversario de la Seguridad Vial en Argentina, la ONG Luchemos por la Vida emitió una serie de recomendaciones.Entre otras iniciativas, habló de promover el uso permanente y generalizado de cascos en ciclomotores, motos y bicicletas, de cinturones de seguridad en los vehículos automotores; el cumplimiento permanente y generalizado de los límites de velocidad; y el control del consumo de alcohol y/o drogas de los conductores.Hay una estadística que revela que los accidentes no son productos del azar: dos de cada tres muertes en el tránsito se vinculan al hecho de que el conductor bebió alcohol o violó la velocidad permitida.Contra lo que ocurre en otros países, donde las penas hacia quienes conducen borrachos son severísimas, aquí en Argentina los jueces tienden a exculparlos, alegando que al momento de producirse el choque no estaban en todos sus cabales mentales.La teoría de la inimputabilidad de los conductores borrachos conduce a que se los trate en forma benévola en los tribunales, donde este tipo de casos son excarcelables.La doctrina prevaleciente es que el alcohol juega como atenuante, ya que se parte del supuesto de que el automovilista no tuvo control racional sobre las acciones. Pero este tratamiento jurídico se presta a controversia.Que un conductor se emborrache, y a causa de ello mate a alguien en la calle, ¿es culpa suya o del destino? ¿No hay responsabilidad en tomar más de la cuenta y manejar en esas condiciones un vehículo?Las organizaciones de familiares de víctimas de tránsito -como las Madres del Dolor- son las vienen pugnando por cambiar esta visión de los siniestros viales. Proponen básicamente pena de prisión para lo que cometan "homicidios viales" por haber tomado alcohol por encima de lo permitido."Para la ley vigente, conducir con un nivel de alcohol superior al permitido no es un agravante", indicó el legislador del GEN-FAP Gerardo Milman, quien propone una reforma en el Código Penal."Para nosotros, esto debe tener una pena e inhabilitación especial por el doble de la condena que se dicte", añadió.¿Acaso las leyes no están a la altura del problema vial? ¿Hay prejuicios ideológicos entre los legisladores que impiden adecuarlas, aunque así se consagre la impunidad de conductores inescrupulosos?
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