Síntomas de malestar de una época sin ilusión
Con el siglo XXI ha llegado la sociedad depresiva, diagnostican los psiquiatras. Vivimos en un "sistema agotado y sin utopías", reconocen algunos intelectuales.La situación existencial del hombre contemporáneo tiene rasgos sombríos. Más allá de que el mundo siga girando, y de la fenomenal evasión generacional hacia el divertimento (mucho deporte y consumo), el hastío acecha por todas partes.Basta leer algunos indicadores del malestar. La Organización Mundial de la Salud (OMS), nos anoticia que los trastornos depresivos serán muy pronto la segunda causa de muerte y discapacidad a escala mundial.A tono con este diagnóstico, el psicoanalista argentino Luis Homstein, describió así el insidioso mal: "La depresión, como mal del siglo, es producto del estrés, del hastío y de la falta de ideales de la sociedad contemporánea".No se trata sólo de un "desequilibrio neurológico", si pensamos que el hombre es alguien que vive en sociedad, y que básicamente necesita darle un significado a su propia vida en la tierra."Las depresiones son algo más que un trastorno en la química cerebral. Resultan de una alteración de la autoestima en el contexto de los vínculos y los logros actuales (...) Ilustran la relación estrecha entre la intersubjetividad, la historia infantil, la realidad, lo corporal y los valores", dice Homstein.A todo esto, el escritor mexicano Carlos Fuentes, habló de "un sistema agotado y sin utopías", en un artículo de agosto de 2010, en el diario La Nación, donde al comentar una obra teatral deduce de ella el desencanto de una generación.La obra en cuestión se llama "Trust" (que significa "confianza"), y fue presentada en la ciudad provenzal de Avignon, bajo la dirección de Falk Richter, con la participación de la coreógrafa Anouk van Dijk.En la acción teatral, cuenta Fuente, los actores no pueden mantenerse en pie. "Caen, se levantan, chocan unos contra otros", mientras que un coro de un solo joven propone un texto que no puede "encerrarse", sino que sigue el ritmo de los cuerpos que chocan entre sí, sin dirección alguna.Lo terrible del mensaje es que no hay "otra parte". Los actores de Trust, sin embargo, "buscan otra parte, fuera de la fatalidad social del movimiento sin fin, en la pareja. Pero no pueden. Las parejas también están fatigadas de ser ellas mismas", cuenta Fuente.Para el escritor, la obra refleja la crisis actual. "Lo más fatigante, parece decirnos la obra, es tratar de cambiar el sistema actual. Parejas, finanzas, sociedad: todo está atrapado en el movimiento sin sentido, sin fin", interpreta.Dice Fuentes: "No es cierto que el sistema pueda cambiar. A veces parece que cae. Es un engaño. Vivimos en un sistema en crisis perpetua, porque ésa es su razón de ser. Sólo cambian las mentiras. La confianza en este mundo es pura desconfianza, ausencia de Trust".Para el mexicano la obra teatral, una pieza alemana, es una rebelión explícita contra el sistema. "Hay un cansancio del sistema. Hay la fatiga de ser como somos, y lo más fatigante sería cambiar el sistema actual (...) Tenemos un sistema castrante, indeseado, pero no tenemos con qué sustituirlo".Difícilmente se encuentre un escrito tan pesimista como éste. La historia universal, parece decirnos Fuentes, se ha congelado en un estadio donde lo característico es una marcha sin sentido a ninguna parte.Es el registro literario de una generación que ya no cree en la economía, en el poder o en la técnica. Es el desasosiego de una civilización que des-espera del futuro, y que internamente sufre cansancio vital, que es el trasfondo de toda depresión.
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