Sistema agrícola Argentino, cambios e impactos
La Asociación de Ingenieros Agrónomos de Gualeguaychú, lleva adelante una propuesta de informar sobre las características del Sistema Agrícola actual, sus características e implicancias en los aspectos económicos, sociales, ambientales y sustentabilidad.En esta propuesta se presenta un fragmento de documento extraído de la pagina web www.aacrea.org.ar .Documento: La agricultura argentina en marcha: Sus cambios e impactos, con atención al uso de herbicidas (Negri, R., Feiguin, F., Campos, M., Walter, M., F. Ferreira y E. Satorre)
1- Los cambios recientes de la agricultura Argentina
En los últimos 15 años, la frontera agrícola argentina se expandió desde 15 a 30 millones de hectáreas cultivadas, generando cambios en el uso de la tierra en varias regiones del país. Al contrario de lo que ocurrió con la expansión de la agricultura mecanizada en otros países y en Argentina a comienzos del siglo XX, los posibles efectos negativos para el ambiente de un proceso de esa magnitud fueron mitigados por la incorporación de nuevos conceptos agronómicos y tecnologías innovadoras; entre ellas, la siembra directa, el mayor uso de fertilizantes, nuevas rotaciones y criterios de planificación, entre otros. Por muchos años, antes del proceso de cambio indicado arriba, el laboreo o roturación de los suelos había sido considerado un modo eficaz de controlar las malezas y preparar el suelo para la siembra de los cultivos, generando condiciones para un trabajo adecuado de las sembradoras mecánicas, el tránsito de maquinaria y el crecimiento de los cultivos. Este modelo agrícola produjo, en grandes áreas, erosión y degradación de los suelos. A fines de los ochenta, un nuevo paradigma, sembrar las tierras sin roturarlas, irrumpe en la actividad contribuyendo a reducir los efectos negativos asociados al modelo anterior. La siembra directa (SD) en poco tiempo muestra su contribución a reducir efectivamente la pérdida de suelo por erosión (tanto eólica como hídrica) y a mejorar la eficiencia del uso del agua, el principal factor limitante en nuestros sistemas de producción sin riego.Inicialmente, la SD se expandió en áreas ecológicamente frágiles y de la mano del doble cultivo Trigo/ Soja de 2da en las áreas más productivas, ya que reducía el tiempo para la siembra de soja luego de la cosecha del trigo. Luego, con la adopción de los cultivos transgénicos y el control eficaz de malezas con herbicidas, comenzó a adoptarse masivamente, contribuyendo así a la mayor estabilidad de los resultados económicos de los cultivos y al mejoramiento de los suelos en casi el 65 % del área cultivada en Argentina. El mejor resultado productivo y económico en SD contribuyó a cambios en la organización y calificación del trabajo en las empresas y las comunidades vinculadas al campo. Es importante reconocer, en este punto, que el éxodo de gente del campo que se atribuye a la expansión agrícola en SD es un proceso global y local que se inició mucho antes de dicha transformación agrícola (Navarrete et al, 2009). Es reconocido que la adopción de la SD, cultivos transgénicos, herbicidas y fertilizantes como procesos tecnológicos fueron realizados en estos últimos años a ritmos sorprendentemente altos, por tratarse de procesos no dirigidos estatalmente. Esto, pone en evidencia un sector productivo dinámico, con una fuerte capacidad adaptativa en situaciones de cambio. De hecho, el cambio tecnológico no sólo contribuyó a incrementar la productividad de nuestras tierras, sino que fue acompañado por cambios en la organización de las empresas del sector, las que se profesionalizaron, mejorando la gestión técnica y comercial de sus procesos y la capacitación de sus actores. En el cambio, el campo, un sector globalmente postergado, comienza a ser una usina innovadora, llegando a incorporar las tecnologías más sofisticadas, tales como las derivadas de los proyectos espaciales. Hoy, el agro, con capacitación y profesionalismo, puede hablar de procesos certificados con normas ISO, de buenas prácticas, manejo responsable, etc. cuestiones antes impensadas para este sector. De hecho, este proceso de certificación de procesos en el campo, aunque incipiente, debe ser visto como un reflejo de las posibilidades de conducir responsablemente el proceso de crecimiento de la capacidad productora de alimentos en Argentina para nuestra población y el mundo. En resumen, los aspectos clave del modelo productivo agrícola dominante, se caracterizan por la fuerte expansión (i) del cultivo de soja, mayormente transgénica, alcanzando casi el 55 % del área cultivada; (ii) del uso de fertilizantes, que casi se cuadruplicó en el período de cambio; (iii) del uso del herbicida glifosato, para el control de malezas en áreas con y sin cultivo; (iv) de la productividad, que se triplicó en el período; y (v) de la incorporación de tecnologías de organización y conocimiento en la conformación de un empresariado agropecuario, entre otros. De estos aspectos, nos concentraremos en este trabajo en el punto (iii), asociado al uso de herbicidas en la agricultura.
2. Agroquímicos y sistemas de producción cuestionados
Los agroquímicos son piezas clave del desarrollo de los modernos esquemas de producción agrícola. Como toda tecnología, aún la que pueda aparecer más inocua tanto dentro o como fuera del sector agropecuario, su uso irresponsable o inadecuado podría producir efectos indeseados sobre el medio ambiente y, eventualmente, la salud de animales y el hombre. Las tecnologías y su manejo siempre han impuesto riesgos y beneficios; por ejemplo, el riego es una de las tecnologías de la agricultura que el hombre ha manejado por siglos y que ha permitido el desarrollo y crecimiento de civilizaciones enteras; sin embargo, debido a uso inadecuado, evidencias de daño al ambiente (salinización de suelos, erosión, etc.) ligadas a esta tecnología han sido reportados hace miles de años, ciertamente, mucho antes que los agroquímicos sintéticos, como hoy los conocemos, hayan sido descubiertos.En agricultura, el riesgo del manejo de agroquímicos a la salud humana y del ambiente en general es evaluado a partir de su efecto sobre distintos organismos. Este riesgo, es expresado como DL50 (dosis letal media), usualmente como mg de producto por kg de peso vivo, que provoca el 50 % de mortandad de una población. La DL50 depende de varios factores y sirve para dar una idea del riesgo toxicológico de un producto. Sobre los productos agroquímicos se reporta la DL50 oral (consumo), dermal (contacto) y crónica (ligadas al efecto acumulativo de dosis bajas durante un tiempo prolongado). En la evaluación de riesgos ambientales, los agroquímicos reportan además información ecotoxicológica vinculada a su toxicidad sobre abejas (CL50 - u/abeja), toxicidad sobre aves (CL50 -ppm) o toxicidad sobre organismos acuáticos (CL50 - ppm). La clasificación de la OMS (Organización Mundial de la Salud) según los riesgos de los productos, los clasifica en (i) productos sumamente peligrosos (Clase I a); (ii) productos muy peligrosos (Clase I b); (iii) producto moderadamente peligroso (Clase II), (iv) producto poco peligroso (Clase III); y (v) productos Clase IV, que normalmente no ofrecen peligro (verde, aunque con leyenda de CUIDADO).
1- Los cambios recientes de la agricultura Argentina
En los últimos 15 años, la frontera agrícola argentina se expandió desde 15 a 30 millones de hectáreas cultivadas, generando cambios en el uso de la tierra en varias regiones del país. Al contrario de lo que ocurrió con la expansión de la agricultura mecanizada en otros países y en Argentina a comienzos del siglo XX, los posibles efectos negativos para el ambiente de un proceso de esa magnitud fueron mitigados por la incorporación de nuevos conceptos agronómicos y tecnologías innovadoras; entre ellas, la siembra directa, el mayor uso de fertilizantes, nuevas rotaciones y criterios de planificación, entre otros. Por muchos años, antes del proceso de cambio indicado arriba, el laboreo o roturación de los suelos había sido considerado un modo eficaz de controlar las malezas y preparar el suelo para la siembra de los cultivos, generando condiciones para un trabajo adecuado de las sembradoras mecánicas, el tránsito de maquinaria y el crecimiento de los cultivos. Este modelo agrícola produjo, en grandes áreas, erosión y degradación de los suelos. A fines de los ochenta, un nuevo paradigma, sembrar las tierras sin roturarlas, irrumpe en la actividad contribuyendo a reducir los efectos negativos asociados al modelo anterior. La siembra directa (SD) en poco tiempo muestra su contribución a reducir efectivamente la pérdida de suelo por erosión (tanto eólica como hídrica) y a mejorar la eficiencia del uso del agua, el principal factor limitante en nuestros sistemas de producción sin riego.Inicialmente, la SD se expandió en áreas ecológicamente frágiles y de la mano del doble cultivo Trigo/ Soja de 2da en las áreas más productivas, ya que reducía el tiempo para la siembra de soja luego de la cosecha del trigo. Luego, con la adopción de los cultivos transgénicos y el control eficaz de malezas con herbicidas, comenzó a adoptarse masivamente, contribuyendo así a la mayor estabilidad de los resultados económicos de los cultivos y al mejoramiento de los suelos en casi el 65 % del área cultivada en Argentina. El mejor resultado productivo y económico en SD contribuyó a cambios en la organización y calificación del trabajo en las empresas y las comunidades vinculadas al campo. Es importante reconocer, en este punto, que el éxodo de gente del campo que se atribuye a la expansión agrícola en SD es un proceso global y local que se inició mucho antes de dicha transformación agrícola (Navarrete et al, 2009). Es reconocido que la adopción de la SD, cultivos transgénicos, herbicidas y fertilizantes como procesos tecnológicos fueron realizados en estos últimos años a ritmos sorprendentemente altos, por tratarse de procesos no dirigidos estatalmente. Esto, pone en evidencia un sector productivo dinámico, con una fuerte capacidad adaptativa en situaciones de cambio. De hecho, el cambio tecnológico no sólo contribuyó a incrementar la productividad de nuestras tierras, sino que fue acompañado por cambios en la organización de las empresas del sector, las que se profesionalizaron, mejorando la gestión técnica y comercial de sus procesos y la capacitación de sus actores. En el cambio, el campo, un sector globalmente postergado, comienza a ser una usina innovadora, llegando a incorporar las tecnologías más sofisticadas, tales como las derivadas de los proyectos espaciales. Hoy, el agro, con capacitación y profesionalismo, puede hablar de procesos certificados con normas ISO, de buenas prácticas, manejo responsable, etc. cuestiones antes impensadas para este sector. De hecho, este proceso de certificación de procesos en el campo, aunque incipiente, debe ser visto como un reflejo de las posibilidades de conducir responsablemente el proceso de crecimiento de la capacidad productora de alimentos en Argentina para nuestra población y el mundo. En resumen, los aspectos clave del modelo productivo agrícola dominante, se caracterizan por la fuerte expansión (i) del cultivo de soja, mayormente transgénica, alcanzando casi el 55 % del área cultivada; (ii) del uso de fertilizantes, que casi se cuadruplicó en el período de cambio; (iii) del uso del herbicida glifosato, para el control de malezas en áreas con y sin cultivo; (iv) de la productividad, que se triplicó en el período; y (v) de la incorporación de tecnologías de organización y conocimiento en la conformación de un empresariado agropecuario, entre otros. De estos aspectos, nos concentraremos en este trabajo en el punto (iii), asociado al uso de herbicidas en la agricultura.
2. Agroquímicos y sistemas de producción cuestionados
Los agroquímicos son piezas clave del desarrollo de los modernos esquemas de producción agrícola. Como toda tecnología, aún la que pueda aparecer más inocua tanto dentro o como fuera del sector agropecuario, su uso irresponsable o inadecuado podría producir efectos indeseados sobre el medio ambiente y, eventualmente, la salud de animales y el hombre. Las tecnologías y su manejo siempre han impuesto riesgos y beneficios; por ejemplo, el riego es una de las tecnologías de la agricultura que el hombre ha manejado por siglos y que ha permitido el desarrollo y crecimiento de civilizaciones enteras; sin embargo, debido a uso inadecuado, evidencias de daño al ambiente (salinización de suelos, erosión, etc.) ligadas a esta tecnología han sido reportados hace miles de años, ciertamente, mucho antes que los agroquímicos sintéticos, como hoy los conocemos, hayan sido descubiertos.En agricultura, el riesgo del manejo de agroquímicos a la salud humana y del ambiente en general es evaluado a partir de su efecto sobre distintos organismos. Este riesgo, es expresado como DL50 (dosis letal media), usualmente como mg de producto por kg de peso vivo, que provoca el 50 % de mortandad de una población. La DL50 depende de varios factores y sirve para dar una idea del riesgo toxicológico de un producto. Sobre los productos agroquímicos se reporta la DL50 oral (consumo), dermal (contacto) y crónica (ligadas al efecto acumulativo de dosis bajas durante un tiempo prolongado). En la evaluación de riesgos ambientales, los agroquímicos reportan además información ecotoxicológica vinculada a su toxicidad sobre abejas (CL50 - u/abeja), toxicidad sobre aves (CL50 -ppm) o toxicidad sobre organismos acuáticos (CL50 - ppm). La clasificación de la OMS (Organización Mundial de la Salud) según los riesgos de los productos, los clasifica en (i) productos sumamente peligrosos (Clase I a); (ii) productos muy peligrosos (Clase I b); (iii) producto moderadamente peligroso (Clase II), (iv) producto poco peligroso (Clase III); y (v) productos Clase IV, que normalmente no ofrecen peligro (verde, aunque con leyenda de CUIDADO).
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