Sobre el porvenir no hay nada dicho
Comienza un nuevo año y con él un mundo de oportunidades se abre ante nosotros. Pero el futuro es inasible y de hecho su significado depende de la mirada de cada quien.¿Qué puede esperarse del 2015, a cuya puerta estamos? ¿Nos encaminamos a una etapa histórica en la cual los argentinos y el mundo en general viviremos mejor? ¿O lo que viene es un tiempo plagado de catástrofes y violencia?El planteo se presta a la ambigüedad. Y con esta palabra se entiende que todo acontecimiento que afecta al individuo o a la colectividad puede ser interpretado según la óptica con que se mire, como un bien o como un mal.Habría dos actitudes vitales ante el decurso de la historia. Los optimistas están seguros de que todas las cosas llevan por sí mismas a un estadio superior. Como dice el eslogan político: "Lo mejor está por venir".Enfrente están los pesimistas, para quienes las cosas pueden encaminarse fácilmente hacia lo peor. Son los que sólo advierten señales de alarma porque se está al borde del precipicio.De manera que el más radiante optimismo y el más sombrío pesimismo se dan rienda suelta y parecen igualmente justificados. Y se diría que hay pruebas e indicios suficientes para sostener cualquiera de las dos orientaciones.La evolución de los acontecimientos que sobrevendrán, aunque la arrogancia humana pretenda desentrañarlo, tiene sin embargo un carácter indeterminado, es decir es pura posibilidad.El hombre hace la historia y toda ella tiene la impronta de la orientación decisiva dada por él. En la libertad de sus decisiones, él escribe la epopeya de sus triunfos, de sus progresos y de sus desfallecimientos.Desde este punto de vista, creer que lo que viene es mejor o simplemente peor, pertenece al ámbito de la conjetura histórica, pero nunca es un conocimiento exacto.El porvenir es un conjunto de fenómenos que todavía no han ocurrido. ¿Cómo prever lo que va a suceder en el futuro si éste todavía no ha llegado? Ya la interpretación disímil sobre el mañana, invita a la circunspección, a la prudencia a la hora de hacer pronósticos.Es lo que ocurre con el enjuiciamiento del curso de la civilización. Donde el optimista ve como positivo en sí mismo el dominio del hombre sobre la naturaleza, el pesimista opone los peligros de la contaminación.Donde el optimista percibe una avenida ilimitada de prosperidad económica, el pesimista opone la desventura de los que aún no se benefician con el progreso material.Donde el optimista exalta los adelantos de la higiene y la medicina, el pesimista alerta sobre el desarrollo de las "enfermedades de la civilización". Se puede, en suma, seguir argumentando hasta el infinito en las dos direcciones.Lo decisivo, en términos de porvenir, es que no cabe prever la decisión que adoptará el hombre. Y esto convierte al futuro en un ámbito de infinitas posibilidades, o todas las que el hombre es capaz de realizar.Incluso se podría decir que mal podríamos pretender saber algo sobre lo que vendrá, cuando ni siquiera hay consenso sobre lo que ya sucedió. Frente a lo indeterminado del futuro, el pasado se presenta como fatal.Como se conoce el resultado de la acción del hombre, parece posible explicar los acontecimientos históricos, como si dijéramos: "Las cosas ocurrieron así".Sin embargo, también el pasado se revela polémico, porque su inteligibilidad se escapa al observador, quien recorta el pasado al abordarlo desde el cristal de su propia ideología.
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