Sobre la seguridad vial
Nos preguntamos cuándo habrán de registrarse acciones de toma de conciencia de esta problemática realizando, por ejemplo, jornadas en escuelas y ámbitos especializados. ¿Cuándo se constituirán los lugares aptos para despertar conciencia del flagelo que hoy tenemos en Argentina, como una de las principales causas de muerte?En este país el tema tiene una connotación siniestra y muy actual. Dicen las estadísticas que las tragedias diarias en rutas y calles, destrozan miles de familias.Es una apelación a las conciencias de los mayores, que tienen bajo su responsabilidad la educación y guía por la vida, de los jóvenes y los niños que debemos por cierto de enseñar seriamente.Pero es que debemos encontrar también, caminos eficientes para que ellos -los jóvenes- se eduquen de otra manera en materia de seguridad vial.Lógicamente, les bajemos mensajes ejemplares de comportamiento, ya que nosotros los mayores somos los primeros infractores, sea como peatones, sea como conductores de vehículos, hoy convertidos en expresiones letales al diseminar la muerte por calles y rutas del país.Es muy doloroso observar a diario todo tipo de accidentes con saldos de muertes terribles e intolerables. Ni hablar de los miles de heridos que luego fallecen, o acarrean tremendas discapacidades por el resto de sus vidas.El sello más grave e imperdonable además, que deja la sucesión de accidentes de tránsito en la Argentina, es el claro sentido de insolidaridad que se menea en casi todos los hechos.El desprecio por la vida de un semejante, por quienes se lanzan con toda irresponsabilidad a altísimas velocidades, corriendo picadas o divirtiéndose al volante clara mente "asesino", algunos jóvenes sobre todo, es materia reiterada en su dramaticidad y dolor.Quién atropella, hiere o mata a una o más personas por su accionar temerario, no recibe nunca el condigno castigo. La justa sanción de su inconducta, queda diluida en los vericuetos legales, gracias a la "astucia" y "capacidad" reconocida de abogados especializados en chicanas, que benefician siempre al que "mató".Por donde miremos es así. Los delincuentes con todos sus derechos asegurados, más la exageración protectiva de ellos, y las víctimas muertas en un cajón en su sepultura, con familias destrozadas para siempre. Esa es la realidad que hoy nos toca vivir.Cómo revertir esta caótica situación en la que el Estado no sólo no promociona en los ámbitos educativos, como correspondería, la transmisión de conocimientos y el desarrollo de una conciencia de respeto y solidaridad. Tanto como para que desde sus inicios, nuestros hijos incorporen esos sentimientos con naturalidad y sostenida convicción.Es decir, el Estado no educa, no sanciona como corresponde tampoco las transgresiones y delitos, y no cuida adecuadamente la infraestructura vial del país, como para amortiguar con un buen estado, demarcación y señalización de ella.Una buena instancia para reflexionar de manera profunda, también, es la realización de foros locales permanentes para estudiar la manera de implementar cultural y prácticamente, otro tipo de comportamiento en esta sociedad nuestra, otro nivel de educación, en materia de seguridad vial por parte de todos.La desidia en toma de decisiones trascendentes, transforma lo que debiera ser una obligación insoslayable de quiénes están destinados en las estructuras correspondientes, a trabajar sin descanso para minimizar al extremo necesario, la producción de muertes absolutamente sin sentido.
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