Sobre si Internet nos vuelve inteligentes
Que la red global haya desencadenado una revolución cultural, toda vez que ha dado vuelta la vida cotidiana, parece una obviedad. Lo que no está claro aún es que si esta mutación trae aparejado un ascenso del pensamiento en las personas.La hiperconectividad por obra de Internet ha introducido una innovación radical en el plano de la existencia. La observación parece hiperbólica, pero los cambios tecnológicos no son inocentes.Nos damos cuenta de ello cuando imaginamos qué sería si de repente dejaran de existir y esto por la razón que fuera. Esa hipótesis inquietante haría trastabillar nuestra supuesta independencia frente a los objetos tecnológicos.Desconocemos si Internet es, como dice Umberto Eco a propósito de la cuchara, de esas cosas que una vez que se ha inventado, ya no se puede hacer nada mejor, salvo cambiar los materiales o el diseño.Lo que parece evidente es que ha puesto a disposición de todos una memoria incontrolable. En este sentido, Internet no ha hecho más que ensanchar el repertorio de nuestras posibilidades en el plano cognoscitivo.Ninguna época en la historia de la humanidad ha contado con una plataforma semejante de material diverso y abundantísimo. Está en línea con la conquista de la civilización técnica: abundancia de medios.Sin embargo, es una situación equívoca. Presenta una doble vertiente, que reclama una doble interpretación, favorable o peyorativa. Están los que creen que la sola existencia de Internet nos hace más inteligentes.Opinan que la incorporación de la máquina a la inteligencia humana hará crecer al homo sapiens, produciendo un salto cualitativo en él. Acelerando así la marcha ineluctable de la especie hacia su unificación final en torno a una conciencia planetaria.Quienes estudian la inteligencia artificial alientan este planteo, aduciendo desde un punto de vista evolucionista que la historia del hombre es un largo derrotero que conduce al conocimiento de todas las cosas.Del otro lado, los escépticos de que todo cambio en la civilización técnica equivalga automáticamente a un ascenso del orden humano, miran con desconfianza a Internet.Reconocen que con la red se ha vuelto a la era alfabética, contra la presunción de quienes vaticinaban la hegemonía de la imagen. De suerte que el ordenador nos ha vuelto a introducir en la galaxia Gutenberg y todos se ven de nuevo obligados a leer.En todo caso, celebran la llegada de un nuevo soporte para lectura y no les desagrada a priori la cantidad impresionante de datos que la red pone a disposición.Ahora bien, no creen que esto represente por sí mismo la suma del conocimiento al alcance de un click. No sólo eso: temen que el fenómeno, que en principio amplifica artificialmente la memoria, venga acompañado de un decaimiento del pensamiento.El planteo es el siguiente: Internet aporta una información en bruto, sin distinción o jerarquización alguna. ¿Dónde está el punto de vista para acercarnos a este océano de datos?¿Cómo se da sentido, se ordena este abundante material? Se cree que la información sin guía puede crear un espejismo de conocimiento. Por otra parte, se alega, Internet alentaría una lectura superficial y rápida.Sin embargo, el pensamiento crece en la concentración, la reflexión y la contemplación, no en el vértigo de la rapidez. Toda lectura provechosa supone esfuerzo, lentitud y profundidad.Según un estudio del University College de Londres, la mayoría de los usuarios "no leen online del modo tradicional: echan vistazos horizontalmente a través de títulos, páginas y resúmenes en busca de satisfacción inmediatas".
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