Socialdemócratas que piden equilibrio fiscal
¿Cómo procesan los países centrales la crisis del Estado de bienestar? Escuchar a Felipe González, ícono de la socialdemocracia europea, diciendo que los fiscos no pueden gastar más de lo que ganan, acaso sea todo un hallazgo.Es conocido el viraje ideológico que produjo el Partido Socialista Español (PSOE), tras la muerte del dictador Francisco Franco. Sus miembros dejaron de ser marxistas- leninistas.De ahí que tras ganar las elecciones en 1982, el líder de la agrupación, Felipe González, lejos de lanzar a España hacia un modelo socialista tradicional (hay que pensar que todavía en ese año existía la Cortina de Hierro), la abrió al mundo capitalista.La decisión estratégica más trascendente fue anclar a España en Europa. De esta manera se rompía su tradicional aislacionismo. Las simpatías del régimen franquista con la ideología del Eje hicieron que, al finalizar la Segunda Guerra, quedara virtualmente fuera del mundo.Por entonces España era el país más pobre de Europa. El líder del PSOE, por tanto, alentó la inserción española a las reglas de juego de los países europeos occidentales (Alemania, Francia, Italia y demás), buscando la modernización del país.La socialdemocracia, de última, es el credo de los comunistas conversos al capitalismo, y a nivel internacional Felipe González es uno de sus representantes más conspicuos.Conocido también como "centroizquierda" o "progresismo", acepta que el capitalismo es el sistema por el cual se accede a un mayor bienestar económico.¿En qué se separa, entonces, del liberalismo económico tradicional? Las principales diferencias residen en ciertas formas relacionadas con la redistribución de la riqueza producida por el capitalismo.En su discurso, difunde que el "Estado de Bienestar", experimentado durante la segunda mitad del siglo XX, tuvo un claro sello socialdemócrata, que permitió el avance sobre muchas de las injusticias del liberalismo.Desde el punto de vista económico, los críticos de esta formula ideológica aseguran que su esencia es el consumo de la riqueza, disfrazado bajo el nombre de reparto equitativo.Y consideran que la crisis que hoy se vive en los países centrales (tanto en Estado Unidos como en Europa) obedece al desquicio en las finanzas producido justamente por el mentado Estado del Bienestar, cuya adicción al gasto lo ha conducido al hiper-endeudamiento.La acusación concreta es de "despilfarro" de los dineros públicos. En este contexto de debate intelectual, el propio Felipe González acaba de fijar posición.En un artículo muy jugoso, aparecido ayer en Clarín, parece aceptar este cuestionamiento lanzado por los críticos de la socialdemocracia. "La estabilidad presupuestaria es una condición necesaria para garantizar, a mediano y largo plazo, un crecimiento económico sostenido", ha escrito.Y continúa: "Los desequilibrios permanentes, con déficit estructurales y deudas acumuladas que se hacen impagables, arruinan las perspectivas de crecimiento y merman la confianza de todos los actores".Para el socialdemócrata Felipe González- del que se esperaría por ideología no una defensa justamente del equilibrio fiscal- "no se pueden mantener las políticas de cohesión" sin finanzas sanas."No es, o no debe ser, un problema ideológico, sino de sentido común y de responsabilidad de los gobernantes", sentenció el español, quien alienta hoy incluso fijar constitucionalmente el precepto de que el Estado debe poner un límite al gasto público.¿Qué lección deja este debate en países como la Argentina?
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