Sociedad Burnout: nueve de cada diez argentinos estamos quemados
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Hay un cansancio que no se cura durmiendo. No es el de un mal día. No es el de la semana pesada que se resuelve con un fin de semana largo. Es otro. Se instala despacio, sin golpear la puerta, hasta que un día no queda nada para dar. Tiene nombre: burnout, el síndrome del quemado.
Según el último estudio de Bumeran (2025), el 92% de los trabajadores argentinos dice sentirse así. Son nueve de cada diez personas. Por cuarto año consecutivo, somos el país con más burnout de toda la región.
Trabajo en Recursos Humanos hace casi 20 años. Lo veo en las empresas que acompaño, en la gente con la que hablo, en las conversaciones que se abren cuando alguien por fin se anima a decir “no doy más”. Y también, a veces, lo reconozco en mí.

El diagnóstico: las tres caras del agotamiento
Pero, ¿qué es burnout? La Organización Mundial de la Salud lo describe en tres partes: agotamiento, distancia hacia lo que hacemos, y una caída en el rendimiento. Lo podemos traducir en:
• Agotamiento: estar exprimido, sin energía, incluso después de descansar.
• Distancia: empezar a desconectarse, a hacer lo mínimo, a perder el sentido de lo que antes importaba.
• Caída en el rendimiento: la concentración que no aparece, la confianza que se pierde, los errores que antes no pasaban.
Todavía lo confundimos con "falta de compromiso". No lo es. Es el cuerpo respondiendo, a su manera, a una exigencia que no tuvo pausa.
El factor entorno
Hay algo más que no podemos dejar afuera: el contexto en el que vivimos. La incertidumbre económica también desgasta. La plata que no alcanza. La sensación de que un despido puede tocarte a vos o a alguien cercano en cualquier momento. Esa tensión no se apaga cuando salimos del trabajo; se suma, calladamente, al cansancio que ya traíamos. El burnout de esta época no se explica solo por lo que pasa adentro de la empresa, sino también por lo que pasa afuera y no podemos controlar.
Quiero ser clara con algo que para mí es central: esto no se resuelve solo con fuerza de voluntad ni "aprendiendo a organizarse mejor". Si el origen está en cargas de trabajo poco realistas, en la falta de reconocimiento, en climas laborales tóxicos o en un contexto que no da tregua, la solución individual tiene un techo muy bajo.
Las organizaciones tenemos una responsabilidad que no podemos esquivar: diseñar puestos de trabajo sostenibles, dar feedback genuino y abrir espacios reales para pedir ayuda. Y, sobre todo, formar líderes en algo que en Nodo trabajamos mucho: la inteligencia emocional. Un líder que sabe leer las señales de su equipo puede llegar a tiempo, antes de que el agotamiento se vuelva costumbre.
Herramientas para el día a día
Aprovecho para dejar algunos lineamientos prácticos:
• Animarnos a nombrarlo: Decir “estoy quemado” no es debilidad, es información valiosa.
• Sincerar la agenda: Revisar la carga real de trabajo, no la que "deberíamos" poder sostener.
• Liderar con escucha: Si tenemos personas a cargo, hay que abrir espacios de conversación genuina, no solo reuniones de resultados.
• Medir el bienestar: Como organización, medir el clima laboral con la misma seriedad con la que se miden las ventas.
• Agendarnos la pausa: Bloquear tiempo de calidad para un detox digital, conectar con la naturaleza o simplemente meditar.
Nueve de cada diez no es una estadística lejana. Somos nosotros. Es la gente con la que trabajamos todos los días. Y a vos, ¿te está pasando? Ojalá esta nota sirva para empezar a decirlo en voz alta, en casa o en el trabajo.

