Sociedad: ¿cambio de humor o de paradigma?
La política en Argentina, la superestructura de los partidos, está mutando al ritmo que le imponen los cambios en la sociedad. Aunque es difícil acertar sobre la naturaleza de esa mudanza. Hay un elenco gobernante que, tras una década en el poder, parece aceptar que vienen otros a ocupar su lugar. A más de 18 meses para que extinga su segundo mandato, Cristina Kirchner ha dicho que quiere dejarle al próximo presidente un "país mucho mejor del que nos tocó encontrar a nosotros".Mientras tanto distintos candidatos se han lanzado a la lucha electoral con vistas a las elecciones presidenciales del 2015, al tiempo que se vienen formando coaliciones políticas de distinto signo.En las sociedades democráticas es el voto de la mayoría, que expresa determinadas demandas, la causa eficiente de las mudanzas en el sistema de representación políticas.La derrota del oficialismo en las elecciones legislativas de 2013 sugiere que se abrió una transición política, en el sentido de que unos se van y otros llegan.La política, así, acusa el recibo de una mudanza en la opinión pública, la cual es "la fuerza radical que en las sociedades humanas produce el fenómeno de mandar", al decir de Ortega y Gasset. Sobre todo en democracia, donde el titular del poder es el "pueblo".Visto en estos términos, el poder siempre es un estado de opinión. La sociedad suele presentarse dividida en grupos discrepantes, desde el punto de vista de las preferencias, aspiraciones y propósitos.Finalmente, en las elecciones la opinión pública toma partido por alguna de esas fórmulas y unge al grupo político que la representa. El kirchnerismo expresó así, en la última década, la opinión predominante en la sociedad argentina.Otro ciclo extenso, que llegó a marcar una época, lo constituyó el menemismo en los '90. Una de las grandes virtudes del sistema, de este modo, es que los gobiernos son un espejo fiel de los habitantes del país.Al respecto el escritor estadounidense Elbert Hubbard (1856-1915) decía: "La democracia tiene por lo menos un mérito, y es que un miembro del Parlamento no puede ser más incompetente que aquellos que le han votado".Se ha entendido siempre, por tanto, que todo progreso de la democracia ha dependido de la sabiduría de sus ciudadanos. Esta realidad hacía decir al escritor George Bernard Shaw que "la democracia es el proceso que garantiza que no seamos gobernados mejor de lo que nos merecemos".La pregunta que hoy se hacen los politólogos es sobre la naturaleza del cambio operado el último tiempo en la opinión pública argentina. ¿Es fruto de un mal humor circunstancial hacia la política oficial, o emerge de ella un nuevo paradigma?El malhumor es disparado por los problemas de coyuntura. En el caso argentino está íntimamente ligado a la economía, al bolsillo. Aunque últimamente la inseguridad genera mucha zozobra, según reflejan las encuestas.El paradigma es otra cosa, es una cosmovisión, un conjunto de experiencias, creencias valores que afectan la forma en que un individuo percibe la realidad, y la forma en que responde a esa percepción. Se diría que el paradigma es un modelo, o lo que a Antonio Gramsci le gustaba llamar una "hegemonía" política y cultural. En este sentido, sólo una hegemonía alternativa podría romper con esa dependencia intelectual de las grandes mayorías.¿Hacia dónde se dirige la opinión pública argentina, encargada de encumbrar a los elencos gobernantes? ¿Qué impulsa su cambio: el humor social o un paradigma sustitutivo?
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