Sociedad obesa y excesos consumistas
Entre las enfermedades de civilización, cuyo origen se vincula al estilo de vida moderno, figura la obesidad. La Argentina muestra indicadores preocupantes sobre esta dolencia.Más de 20 millones de argentinos presentaban exceso de peso en 2009, según la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo, realizada ese año por el Ministerio de Salud.De acuerdo a esa misma medición, algo más de 7 millones de personas (18% de la población) padecían obesidad. En la primera encuesta, de 2005, el mal alcanzada al 14,6% de los argentinos.Los datos figuran en un interesante artículo del diario La Nación, firmado por Lorena Oliva, donde se plantea cómo es posible que coexista esta realidad con el mandato social de la delgadez.También es curioso que mientras la obesidad se expande, avance otra enfermedad paralela, la anorexia, que es el miedo a engordar.Que casi uno de cada cinco argentinos sea obeso y más de la mitad tenga exceso de peso, plantea si el problema es resultado de una decisión personal o algo que involucra a la salud pública.En efecto, el gasto que insumen las enfermedades relacionadas con la obesidad representa más del 20% del presupuesto nacional destinado a salud, según datos oficiales.Diabetes, enfermedades cardíacas, algunos tipos de cáncer y artritis son algunos de los padecimientos de salud asociados a la obesidad.Pero el problema no es sólo argentino, sino una tendencia mundial. La obesidad aparece como una manifestación del 'homo consumens', esa variante antropológica contemporánea de la especia humana.De ahí que esta pandemia se verifique en EE.UU., el país de la opulencia. "La sociedad norteamericana nos ofrece la prueba de que la obesidad está ligada a la sociedad de consumo", opina Liliana Vázquez, directora del Centro de Patología del Consumo y coordinadora del Servicio de Salud Mental del Hospital Peñero."El país con mayor cantidad de obesos es Estados Unidos, donde el consumo es uno de los pilares de la sociedad. Y el obeso es, justamente, un tragador de los objetos de consumo sin posibilidades de poner límite a ese exceso", apuntó la profesional.Se diría que estamos en presencia de los males de la abundancia. Está claro que una serie de hábitos alimentarios que se fundan en el exceso de consumo de sustancias pueden dañar el organismo.Hay un entorno urbano y tecnológico, en tanto, que acentúa la tendencia, al propiciar el sedentarismo. Eso cree Mónica Katz, directora de la carrera de Médico especialista en Nutrición, de la Universidad Favaloro:"Contamos con una enorme cantidad de barreras al movimiento: los nuevos edificios prácticamente esconden las escaleras. En los shoppings o las estaciones de subte las fijas suelen estar desiertas cuando tenemos la opción de subir y bajar por las mecánicas. Y ni que hablar de las horas de pantalla: el tiempo que pasamos frente al celular, la play, la TV o la computadora suelen ser horas sin movimientos".Los especialistas dicen que la problemática está vinculada a una combinación de causas. Aunque unos ponen más acento en un factor que en otro.Julio Montero, asesor científico de la Sociedad Argentina de Obesidad y Trastornos de la Alimentación, considera que en realidad comemos más de lo necesario, y en este sentido opina que adjudicar el problema a la falta de ejercicio es una ingenuidad."El organismo no requiere más consumo de energía que el equivalente a lo que gasta. Pero si seguimos poniendo el acento en el sedentarismo, que es una causa, pero no la única, nunca nos preocuparemos por la sobrealimentación, que es la otra variable en juego", diagnosticó.
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