Editorial |

Sociedades fragmentadas y de identidades múltiples

Tendemos a pensar que somos parte de una sociedad única y homogénea llamada argentina. Pero esa representación mental choca con la lógica real de la fragmentación y la diferencia.

La modernización trajo junto con el Estado-Nación la noción de una identidad omniabarcante enraizada en los órdenes cívico y cultural. Pero en el inicio del tercer milenio tal tipo de identidad está cambiando.

La posmodernidad, con su barrida de los grandes relatos ideológicos, ha debilitado el mito de la nacionalidad, que fundó la cohesión social del Estado moderno, haciendo que identidades diversas interactúen entre sí de una manera a menudo impredecible.

Este proceso en Occidente fue advertido por pensadores como Gianni Vattimo, quien en “La sociedad transparente”, escribió: “En cuanto cae la idea de una racionalidad central de la historia, el mundo de la comunicación generalizada estalla en una multiplicidad de racionalidades ‘locales’ -minorías étnicas, sexuales, religiosas, culturales y estéticas- que toman la palabra, al no ser por fin silenciadas y reprimidas por la idea de que hay una sola forma verdadera de realizar la humanidad, en menoscabo de todas las peculiaridades, de todas las individualidades limitadas, efímeras, y contingentes” .

Los sociólogos que todavía añoran la modernidad siguen tratando de digerir lo que ellos llaman la “crisis” de los discursos totalizadores, de las formas tradicionales de hacer política, vinculadas a los partidos de masas, a las clases sociales homogéneas y delimitadas, propias de la sociedad industrialista; el abandono, en suma, de magnos proyectos ideológicos y colectivos.

Nostálgicos de la homogeneidad moderna, donde predominaba el mentado “imaginario colectivo” común, se quejan de cómo el todo social ha implosionado en un conjunto de grupos aislados (minorías), que se declaran la guerra entre sí y adquieren una condición dual de víctimas y victimarios.

La palabra que usan estos cientistas sociales para describir esta nueva cartografía social es “fragmentación”, con la cual aluden a la emergencia de lo múltiple y plural, un escenario que incluye niveles de diversidad en lo cultural, en las manifestaciones políticas, feministas, religiosas, étnicas, ambientalistas, urbanas, de consumo, de reivindicación sexual.

Al parecer no hay ninguna ideología que agote la aspiración del hombre posmoderno, ese sujeto nihilista anticipado por Friedrich Nietzsche con su famosa declaración de la “muerte de Dios”, una metáfora elocuente que describe la ruptura del horizonte de la totalidad.

El discurso fragmentario tiene correlato en el mundo de la política, donde se echa de ver cómo conjuntos de grupos aislados persiguen causas asociadas a temáticas variopintas (ecología, religiosa, étnica, de género, entre otras), cada uno de los cuales ejercitan sus propios juegos de lenguaje.

Esta fragmentación se ve reflejada en el campo electoral. En las últimas elecciones santafecinas, por ejemplo, la modelo, periodista y panelista televisiva Amalia Granata compitió haciendo eje en su postura “pro vida” como representante del partido “Unite por la Familia y la Vida” y logró una banca en la Legislatura de Santa Fe.

Esto demuestra que en las sociedades plurales contemporáneas los ciudadanos se adscriben a grupos de referencia de distinta índole, produciendo así una multiplicidad de identidades sociopolíticas.

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