Editorial |

Soledad, la pandemia que acecha al siglo

La soledad y el aislamiento social se han convertido en un problema mayúsculo de salud pública, al punto que muchos gobiernos destinan recursos y políticas específicas para mitigarlos. El Reino Unido fue uno de los países que tomó la delantera, cuando en 2017 decidió crear un departamento de Estado para luchar contra una de las enfermedades espirituales, la soledad, que tiene una consecuencia social dramática. “En algunas sociedades, y cada vez más en Reino Unido, la conexión entre los adultos mayores y los jóvenes resulta menos intensa”, advierte David McDaid, profesor de la London School of Economics (LSE). Y añade: “Lo más importante es el contacto. La habilidad de tener una conversación enriquecedora regularmente con otras personas”. Las sociedades del siglo XXI viven una pandemia de asilamiento: más gente que nunca vive sola y envejece sola, sobre todo en países que han alcanzado altos niveles de bienestar material. Según el documental “La teoría sueca del amor”, del italiano Erik Gandin, Suecia ha sido una sociedad tan individualista que sufre una peligrosa plaga de soledad: la mitad de las casas son ocupadas por una sola persona y el 25% de la gente muere sin compañía y nadie llega a reclamar su cuerpo. Julianne Holt-Lunstad, psicóloga-investigadora de Brigham Young University, alerta sobre el aislamiento social y sus riesgos para la salud, que podrían derivar incluso en la muerte. “A mayor soledad, menor integración, menor interacción, menor vinculación emocional y menor interrelación con otras personas así se incrementa el riesgo de sufrir más enfermedades, de padecer trastornos del sueño, alteraciones psíquicas, alimenticias y por supuesto de ser más propenso a morir”, explica la experta. Hace poco el Congreso español instó al gobierno a desarrollar políticas de Estado para “concienciar a la sociedad sobre la soledad crónica, especialmente cuando esta afecta a las personas mayores" para conocerla mejor y "poder prevenir sus consecuencias”. Se señala que en España viven 9 millones de personas mayores de 65 años, y “muchas de ellas están solas, no siempre por voluntad propia”. Entre las causas de este aislamiento involuntario se menciona “la imposibilidad de salir” y “la muerte de un ser querido”. La situación de soledad “se acrecienta en el entorno rural, debido a la despoblación que viven estas áreas, que constituyen más de la mitad del territorio nacional”, afirma el texto. A todo esto ya se empieza a hablar del “costo” de la soledad. Tiene el mismo efecto que fumar 15 cigarrillos al día y, según la Universidad de Stanford, aumenta un 31% el riesgo de morir. Es el detonante de enfermedades como la hipertensión, la demencia, los ataques cardiacos o la depresión. “La soledad nos está matando”, afirmó hace poco el senador norteamericano Ben Sasse, al hablar de los 45.000 estadounidenses que este año se suicidarán y a los 70.000 que morirán por sobredosis de drogas. La envejecida sociedad japonesa se ha convertido, según la OCDE, en el país más solitario del mundo. Hace unos meses, un semanario de ese país titulaba en su portada: “4.000 muertes en soledad a la semana”.“Las consecuencias sociales del aislamiento son enormes. Necesitamos cambiar la forma en la que interconectamos entre nosotros y centrarnos en construir comunidad. Necesitamos conectar”, alerta Marissa King, profesora en la escuela de negocios de la Universidad de Yale.  

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