Somos todos de clase media
La mitad de la población de la Argentina piensa que pertenece a la clase media, pero sólo el 20% la integra. El dato revela los deseos y aspiraciones de la sociedad nativa.La clase media es el club al que los argentinos quieren pertenecer. A esa conclusión arriba una investigación de economistas del Centro de Estudios Distributivos Laborales y Sociales (CEDLAS) de la Universidad de La Plata.La investigación se basó en una muestra de 1.100 hogares del Gran Buenos Aires. Y la conclusión, al menos para quienes no manejan las expectativas de las clases sociales, no deja de sorprender."Un 50% de la población piensa que se ubica en los dos deciles (20%) del segmento medio, y eso es matemáticamente imposible", explica Guillermo Cruces, uno de los economistas de la universidad platense.Hay otro dato no menos sorprendente. El fenómeno es asimétrico entre ricos y pobres: son más los ricos que creen ser clase media, que los pobres que se sienten integrándola.Para Cruces, "la sensación de cada individuo depende del lugar y grupo de referencia". Así, quien vive en un hogar de ingresos bajos en un barrio de nivel socioeconómico alto, se suele sentir más pobre.El estudio de CEDLAS no deja lugar a dudas en un punto: la clase media funciona como meta o aspiración tanto para los pobres como para los ricos. Que haya pobres que se vean como integrantes de esa clase revela varias cosas.En principio, desnuda el hecho de que la sociedad argentina se ha empobrecido en las últimas décadas. El país sufrió lo que los sociólogos llaman la "movilidad social descendente".Vastos sectores de la población, así, cayeron en desgracia. Aquí están los llamados "nuevos pobres", antiguos miembros de la clase media que se vinieron abajo en la escala social.Sin embargo, aunque sus ingresos los colocan dentro de los pobres, desde el punto de vista cultural siguen siendo de clase media. Tienen un sistema de valores que, en principio, no encaja con su existencia material real.Esta gente pasó del "estado de bienestar" al "estado de malestar". Este derrumbe tiene un evidente impacto psico-social, en términos de fracaso existencial, y de consecuente malhumor social.De hecho ésta es la tónica afectiva que predomina desde hace bastante tiempo en la Argentina, donde la frustración que genera el retroceso social, a veces se canaliza en descreimiento institucional y otras veces en agresión.Desde el punto de vista político, que los argentinos quieran pertenecer, mayoritariamente, a la clase media, revela una conducta más conservadora o inclinada al centro.Hay cierta creencia entre los politólogos de que el tipo medio argentino rechaza las posiciones extremistas, en términos políticos e ideológicos.Los proyectos revolucionarios no cuajaron entre nosotros -esto al parecer lo sabía muy bien el Che Guevara- justamente por esa inclinación argentina hacia la vida burguesa.¿Por qué la revolución socialista de Marx triunfó en un atrasado Imperio Ruso (en 1917) o en países pobres periféricos, y no en aquellos que tenían un mediano desarrollo capitalista?Una explicación plausible es ésta: el marxismo triunfó donde no había una fuerte clase media. Es decir donde era inexistente la presencia de: pequeños industriales y comerciantes, técnicos, profesionales independientes, empleados y obreros bien pagos.La izquierda se ha lamentado siempre de la reconversión del capitalismo histórico, en virtud de la cual popularizó el amor a la vida burguesa, y al sistema en general, creando la "clase media".Al parecer, cuando se vive bien nadie piensa en revoluciones.
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