Sudamérica: cinco siglos igual
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El inventario de los genocidios del siglo XX ofrece un panorama abrumador de la naturaleza humana, sin embargo no los asumimos como especie y nos gusta pensarnos como si fuéramos un escalón superior de los seres inteligentes. FundavidaOpinión Bajo este concepto, consideramos estos crímenes como una realidad que no nos involucra, que nos es ajena, que nosotros somos mejores individuos que los genocidas denunciados.Hace cinco siglos, cuando españoles y portugueses llegaron al continente, iniciaron el más cruel de los exterminios masivos ocurridos en la era moderna; en el siglo XVI fueron eliminados nueve de cada diez habitantes de Sudamérica por la codicia sin límites de los invasores, más de cincuenta millones de personas fueron aniquiladas por individuos que se escudaban bajo el conveniente paraguas de supuestos valores superiores, muchas veces incluso en nombre de la fe cristiana.El Papa Francisco en Paraguay ha pedido perdón por los crímenes que se cometieron en nombre de la iglesia, pero esto no es suficiente para expiar estos delitos de lesa humanidad porque se siguen cometiendo hoy, no solo en Paraguay sino también aquí en Argentina.Crímenes impunes continúan sucediendo, aquí y ahora, porque los paradigmas que sustentan nuestra sociedad siguen siendo los mismos que trajeron los invasores ibéricos: el saqueo hasta el agotamiento de los recursos que soportan la vida en el planeta para sostener un modelo económico basado en el consumismo irracional, mientras que los que inspiran las comunidades originarias por el contrario defienden una interacción equilibrada entre el hombre y la naturaleza que garantice su reproducción y disposición para quienes nos sucedan en esta aventura de la vida.Y por eso los seguimos matando, porque queremos sus territorios para mercantilizarlos, agotarlos y contaminarlos, aunque en el discurso nos guste sentirnos superiores, mas 'civilizados'.En el territorio paraguayo estos procedimientos de exterminio han tenido una impunidad brutal, Bartolomé Meliá ha relatado el horror del aniquilamiento de los Aché Tavyterâ durante la dictadura de Stroessner (finalizada en 1989) lo que significa que muchos de los lectores de esta página ya tenían uso de razón cuanto ocurrían muchos de estos crímenes.Para el dictador y sus socios, los Aché wa, Aché gatú y Aché purâ no eran humanos sino 'seres silvícolas' que debían ser despojados de sus tierras que ellos ambicionaban para incorporarlas a sus patrimonios personales. Los testimonios de Meliá relatan las cacerías que se practicaban con la complicidad de las autoridades sobre estos pueblos, el exterminio de los hombres, los ultrajes sexuales, los castigos, muertes y ventas en esclavitud de sus mujeres y niños.Meliá describe con crudeza estos crímenes: "la historia del Paraguay es la historia de la destrucción de la nación guaraní", por el genocidio de indígenas y campesinos, hoy provocado por la soja y la enajenación de sus tierras por agronegocios y extranjeros.Pero el asesinato de pueblos originarios en Paraguay no fue un invento del último dictador paraguayo, ya a principios del siglo pasado el ejército de ese país premiaba con la baja del servicio militar a los soldados conscriptos que mataran un miembro de la indómita raza de los Ayoreos en el norte del país.Por el lado argentino no le hemos ido a menos en crueldad, en la Masacre de Rincón Bomba o Genocidio pilagá ocurrido en 1947, cerca de Las Lomitas en Formosa, cientos de indígenas pilagá fueron asesinados con ametralladoras por la Gendarmería Nacional Argentina en un hecho ocultado por nuestra historia oficial.En la actualidad en esa provincia se da un duro enfrentamiento entre los pobladores nativos y los intereses sojeros que avanzan con los desmontes y el desplazamiento de los pueblos originarios de sus territorios ancestrales.Dos culturas cuyos paradigmas son antagónicos siguen colisionando: la de los pueblos originarios que articulan con la naturaleza sin agraviarla y la nuestra que considera los bienes naturales como 'recursos productivos' susceptibles de ser mercantilizados como un objeto más de la sociedad de consumo.En nuestros días estos enfrentamientos van saliendo a la luz y tomando estado público despertando una nueva conciencia en la sociedad, que comienza a cuestionar este modelo productivo que concentra la riqueza enajenándola, provoca la miseria y el desplazamiento de los pobladores ancestrales hacia los cinturones de miseria de las grandes ciudades y agrede la naturaleza inhabilitándola para ser sustento de vida para nuestros hijos.Como sigue esta historia no sabemos pero los paradigmas impuestos por la colonización de nuestro continente desde hace cinco siglos siguen vigentes y con ellos su amenazante profecía de no-futuro.
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