Suelo: aliado que pasa inadvertido
Pese a que sin él no habría alimentos, el suelo pasa a menudo desapercibido. De hecho hay escasa consciencia respecto de que su degradación pone en peligro la vida humana.Por eso hoy, 7 de julio, se celebra el Día Mundial de la Conservación del Suelo, en memoria del investigador estadounidense Hugh Hammond Bennett (1881-1960), pionero en la preservación de este recurso natural.Bennett fue uno de los primeros científicos que tomó consciencia del serio problema que implicaba la erosión. Y esto en un momento de la historia en que la conciencia ambiental no se había despertado aún, y los recursos se explotaban como si fuesen inagotables.Cada año el deterioro del suelo por degradación es mayor no sólo por el aumento del número de hectáreas afectadas sino también porque el ritmo del perjuicio se acelera.Ante estos efectos negativos, que hacen peligrar la capacidad productiva de las tierras, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) eligió al 2015 como el "Año Internacional de los Suelos".Latinoamérica tiene una gran parte de los suelos más fértiles del globo, y por esto mismo alberga el futuro de millones de personas. Pero el potencial de la región para la producción alimentaria está amenazado por el deterioro de la tierra.Se calcula que 300 millones de hectáreas en Latinoamérica ya están afectadas por la erosión y el agotamiento de la tierra. Y en gran medida esto se debe a su explotación irracional.Con respecto a Argentina, nadie ignora la relevancia de la producción agropecuaria, por la contribución que hace a su economía, a través de la exportación de sus productos.No obstante, el suelo, que es el soporte de esta actividad, no recibe suficiente cuidado sino más bien todo lo contrario. La reposición de nutrientes del campo argentino, desde hace tiempo, es insuficiente, lo que genera un enorme desbalance en el agro-ecosistema, tornando las producciones menos sustentables.La conducta desaprensiva hacia el futuro está operando en la economía más importante del país, la agrícola, donde el monocultivo de la soja está dejando sin nutrientes al suelo, un recurso estratégico vital para Argentina.El tema parece preocuparle sólo a algunos expertos que ven más allá de las rutilantes cosechas de soja, que han aportado millones de dólares al país.Hay preocupación por el deterioro de la estructura natural del suelo como resultado de un uso agrícola intensivo, sin prestar atención a la rotación de cultivos, al nivel de materia orgánica, al manejo de los rastrojos y a las prácticas de cultivo.Durante más de tres décadas, en Argentina, el avance de la frontera agropecuaria a través del cultivo de la soja ha intensificado la deforestación, que es una de las causas de la desertificación.La deforestación destruye la cubierta vegetal que protege al suelo de la erosión. A principios del siglo XX Argentina contaba con 100 millones de hectáreas de bosques nativos, y hoy esa superficie se ha reducido a sólo 29 millones de hectáreas.El deterioro del suelo es un síntoma de la ruptura del equilibrio entre el sistema de recursos naturales y el sistema socio-económico que lo explota. Resulta un contrasentido que un país como Argentina, que vive de los productos agropecuarios, desatienda el recurso suelo.Desde tiempos inmemoriales el hombre ha dependido del suelo para su subsistencia. Pero también el suelo depende de que el hombre lo preserve en cuanto a sus propiedades físicas, químicas y biológicas.
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