Suenan las campanas
Mañana comienzan las clases. Es una buena señal, pues al término del anterior período lectivo y durante las vacaciones, no había certeza de que tal cosa ocurriera el 1° de marzo conforme lo indicado por el calendario escolar de este año. Y lo más significativo y curioso a la vez, es que se ha llegado a este favorable resultado en desacuerdo.Mario Alarcón MuñizColaboración El gobierno sostiene que le es imposible elevar la oferta que formuló el lunes pasado. Los docentes la consideran insuficiente y anuncian que seguirán reclamando. Pero las clases se inician. Esto es en principio un signo de madurez e inteligencia que bien puede servir de modelo para el abordaje de los conflictos del más diverso orden que hoy nos afectan. En los tiempos actuales el diálogo es insustituible como medio de acordar soluciones, ya sean políticas, económicas, sociales o de cualquier otro carácter. Lo importante es fijar objetivos y avanzar hacia ellos a través del intercambio de opiniones y posibilidades.En retrocesoEn la educación se advierte un generalizado deterioro de calidad que merece la atención primordial de los principales protagonistas: gobierno y docentes. Y esto va mucho más allá de los discursos, todos parecidos a los que pronunciaba Sarmiento hace 140 años. La diferencia estriba en que Sarmiento no se quedaba en las palabras. Hoy la realidad indica que estamos en el siglo XXI y retrasados después de haber ocupado la vanguardia educativa de América latina. No es el momento de analizar las causas de este retroceso -no por casualidad coincidente con otros descensos nacionales-, sino de buscar la forma de recuperar el nivel perdido.Semanas atrás, el director de Pastoral Social del Episcopado, monseñor Casaretto, alertó acerca del grave índice de exclusión al que se ha llegado, proporcionando una cifra alarmante: en nuestro país 900.000 jóvenes de entre 13 y 19 años no estudian ni trabajan. Es decir, no hacen nada. Están marginados del presente y muy probablemente del futuro, a menos que cambien las cosas. El prelado reclamó la solución urgente de este problema no sólo al gobierno sino también a los docentes "que defienden legítimos derechos, pero suelen afectar la educación de los más pobres por efecto de los paros", dijo.Exigencias impostergablesDedicar recursos, tiempo y esfuerzos al problema educativo es una de las exigencias impostergables de la actualidad. La Presidenta habló días pasados de la "nueva secundaria"; el ministro Sileone anunció que se dotará a las escuelas de computadoras, se instrumentarán apoyos a los alumnos rezagados y se organizarán las cátedras de manera que el docente dedique mayor tiempo a cada estudiante; en Entre Ríos se ha restablecido el ciclo secundario con algunas innovaciones en 34 establecimientos para sumar a todos los restantes en 2011. Salvo esto último, hasta ahora se trata de anuncios que es de esperar seconcreten a la brevedad y no queden congelados en las páginas de los diarios como ha ocurrido en los últimos años con muchas cuestiones nacionales. Los títulos, las fotos, la televisión y después nada.Claro está que el camino correcto requiere la participación activa de pedagogos más que de funcionarios. Seguramente aquellos indicarán de qué manera y en qué sentido se deben elaborar planes, organizar y fiscalizar la ejecución de los mismos, incorporar tecnología y reducir al mínimo los niveles de repitencia y deserción. A los funcionarios les corresponderá construir o reparar infraestructuras, mejorar las remuneraciones docentes y arreglárselas para contar con los fondos necesarios.Pero hay que ponerse a trabajar ahora mismo. Más rodeos y dilaciones son inadmisibles. Ya no hay margen si no queremos perder una generación. Están sonando las campanas: una llama a la escuela; otra a actuar por la educación, base de sustentación de los pueblos.
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