Editorial |

Sustentable: cuando las cosas logran ser viables 

No hay estudio sobre ecología, sociedad, urbanismo o economía donde no aparezca el término “sustentable”, que siempre sugiere permanencia de algo en el tiempo. Se suele decir que un proyecto que pretenda desarrollarse más allá del oportunismo del corto plazo deberá articular un modelo sustentable. Mirado desde el punto de vista del equipo de trabajo de una empresa, por ejemplo, el especialista en Recursos Humanos Damián Cherñavsky considera que se debe ser sustentable con los propios empleados. De lo que se trata, dice, es de atraer, desarrollar y retener el talento, uno de los grandes desafíos de las organizaciones modernas. ¿Y cómo se hace eso? El especialista sugiere, por ejemplo, motivar y reconocer el buen desempeño, ofrecer al empleado solidez y estabilidad a largo plazo, para que haga su trabajo con pasión todos los días. La sustentabilidad tiene que ver con la capacidad de sustentar. ¿Lo que estamos haciendo ahora, podrá continuar a largo plazo? La definición más común del término desarrollo sustentable o sostenible proviene de un informe llamado “Our Common Future” (Nuestro Futuro Común), escrito por la Comisión Mundial de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo. Y allí se dice: “El desarrollo sostenible trata de satisfacer las necesidades y las esperanzas del presente, sin comprometer la capacidad de satisfacer las del futuro”. Aplicado el concepto al mundo urbanístico, Copenhague es un modelo a seguir para muchas de las grandes ciudades del mundo en lo que respecta al desarrollo urbano sostenible. La capital danesa figura hoy, en el conjunto de las metrópolis mundiales, como ciudad pensada para vivir en armonía con la naturaleza. Copenhague, así, se estructura sobre cuatro ejes: bicicletas; cambio climático; parques y lagos; limpieza y seguridad. El concepto de sustentabilidad también involucra a la política social, entendida como intervención estatal para mitigar los desequilibrios, con su secuela de “excluidos sociales”. Una de las estrategias más usadas es asistir con subsidios de todo tipo a poblaciones desfavorecidas socialmente. Ingentes recursos fiscales, así, se emplean en planes sociales. Pero este esquema –que suele caer en asistencialismo o clientelismo político- tiene poca sustentabilidad en el tiempo. Porque llega un día en que los recursos públicos que lo financian se agotan, y entonces ya no hay nada que repartir. ¿Cuál es, entonces, la política social sustentable? Muchos especialistas consideran que es aquella que promueve el trabajo de calidad, porque genera valor y gracias a él se reconstruyen vínculos, se organiza la familia y se permite recuperar la dignidad. Por otro lado vivir a cuenta, sobregirado con el banco, por encima de sus posibilidades, es una pauta típica del consumidor compulsivo. Pero también le cabe a las economías de aquellos países que gastan más de lo que producen. Se trata de una conducta, individual y colectiva, que no es sustentable. Pero vivir por encima de las posibilidades es un rasgo imputable, además, a la especie humana respecto a la naturaleza. Se sabe que el consumo humano, globalmente considerado, es superior a la capacidad de la naturaleza para renovar sus recursos. Pues bien, el “desarrollo sustentable” hace referencia, justamente, a la capacidad que haya desarrollado el sistema humano para satisfacer las necesidades de las generaciones actuales sin comprometer los recursos y oportunidades para el crecimiento y desarrollo de las generaciones futuras.  

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