Teléfonos de ayuda a personas en crisis
En el mundo del voluntariado hay un auge del servicio de asistencia telefónico. Por esta vía se trata de orientar a personas que, en un mal momento en sus vidas, piden ayuda desesperada. Hay líneas telefónicas especiales dirigidas a poblaciones en riesgo, en un espectro que va desde niños y adolescentes, pasando por personas mayores hasta mujeres víctimas de la violencia de género.Los servicios de asistencia al suicida, por otro lado, se han convertido en un instrumento de prevención importante para evitar uno de los males más frecuentes de la sociedad moderna: quitarse la vida voluntariamente.Sobre todo en las grandes ciudades hay un crecimiento de esas obras de SOS que permiten a las víctimas de la soledad confiarse por teléfono a un desconocido.El hecho de que del otro lado del hilo una voz humana se dirija al solitario, en una actitud de escucha atenta, produce en ésta un bálsamo psicológico extraordinario, según los expertos.Eso sostiene Manuel Pintor, doctor en Psicología y catedrático de Filosofía, que a la vez es orientador del Teléfono de la Esperanza, una organización no gubernamental (ONG) de voluntariado, que funciona en varios países, y que ofrece un servicio gratuito a personas que se encuentran en situación de crisis."Procuramos no aconsejar nunca, y sí facilitar independencia, para que nuestros interlocutores se hagan cargo de su propia vida. Se trata de acompañar a la persona que llama y nos comparte su crisis emocional, para que adquiera plena conciencia de sus sentimientos, e incluso de sus sensaciones", sostiene.Según Pintor, la "noche oscura" de una persona en crisis ocurre a cualquier hora del día, y eso significa que la acción voluntaria en el teléfono debe estar presente las veinticuatro horas.A veces, dice, de lo que se trata es simplemente de "compartir el llanto y el dolor, como el de quien me comunicó, en medio de sollozos, que abusaba de los medicamentos para drogarse y evadirse (...) y su voz se debilitó hasta dormirse, dejándome con una sensación de profunda impotencia".En otros casos se entablan "valiosas conversaciones con personas dolientes por enfermedades físicas y psíquicas de todo tipo, que requieren reiteradamente de nosotros simplemente, y nada menos que, ser escuchadas con empatía".Y agrega Pintor: "Hay quienes se dejan arrastrar por el desánimo y el derrotismo, cerrándose a sí mismos el paso a una posible mejora: palabras como nunca, culpa y siempre se usan para descalificar a los otros, al mundo, al futuro y a sí mismos. Nuestro papel, en cualquier caso, no es convencerles de nada, sino escuchar el dolor que late en su mensaje".Un aspecto trágico de nuestra civilización es la enfermedad de la soledad y el aislamiento en que viven tantas personas, curiosamente en populosas ciudades.La "multiplicación de los solos", en palabras de Paul Valéry, desentona con las concentraciones urbanas y en una época en la que sólo se habla de diálogo, compromiso y participación.La persona que solicita ayuda a los centros de asistencia telefónica suele ser alguien que busca un encuentro humano para sentirse escuchado, y percibir que otro se interesa por él.Cuenta al respecto Pintor: "Un llamante, cauteloso, hostil, que informó sobre su trastorno de personalidad, me emocionó al concluir: 'ahora siento el calor de hablar con un ser humano' (....) Alguien también me refirió: 'tengo hambre de contacto físico'; y, al momento: 'llevo meses sin besar a mis padres'".
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