Tener a mano siempre una teoría del complot
Quizá sea una manera de blindarse ante la angustia que supone la adversidad y lo ignoto. Lo cierto es que en el ser humano hay una propensión a atribuir lo que pasa a la manipulación de poderes ocultos.Estamos, en realidad, frente a un esquema mental explicativo de la realidad, según el cual la causa fundamental de un evento o cadena de eventos (comúnmente de índole político, social o histórico), obedece a un complot secreto, a menudo engañoso, por parte de un grupo de personas u organizaciones poderosas e influyentes.Las ideologías políticas han abrevado en esta tendencia casi ancestral. Aunque se presenten "científicas" y racionales, estas doctrinas no pueden disimular su lado mágico.Las llamadas "izquierdas", por ejemplo, han instalado la creencia de que los problemas de nuestros países, no importan las responsabilidades de sus pueblos y gobiernos, son ocasionados por el malo de la película: Estados Unidos.Se trata de un simplismo mental que ha generado una conducta refleja en algunos grupos contestatarios. Éstos suelen protestar ante la embajada norteamericana con el mismo automatismo con el perro de Pavlov salivaba ante el sonido de una campana.Por las dudas, la culpa es de los "yankees", parecen decir. En el otro extremo ideológico, una derecha oscurantista cree a pie juntillas en una especie de gobierno mundial digitado por judíos y masones.Esta visión tiene afinidad con la concepción del nacionalsocialismo, que había acusado a los hijos de Abraham de todos los males de Alemania, para justificar los campos de concentración.Se diría que hay tantas teorías del complot como sucesos trascendentes han ocurrido en la historia. Estos dispositivos retóricos actúan como argumentos para legitimar determinadas acciones.Por ejemplo, están los que piensan que el 11 de septiembre fue un autoatentado del gobierno de Bush, para crear la excusa de lanzar la guerra contra el terrorismo.Otros creen que la Iglesia encubre la relación que tuvo Cristo con María Magdalena, para justificar el dominio de la casta sacerdotal. Se ha echado a rodar la especie, además, de que los líderes mundiales ocultan información sobre los OVNIS, para no conmocionar a la opinión pública sobre la verdadera existencia de seres de otros planetas.Analizado desde el punto de vista de la psiquiatría -y de acuerdo a la premisa de que las teorías tienen anclaje psicológico- las teorías conspirativas tienen base en un quiebre de la realidad, que da lugar a falsas creencias delirantes.El complot y lo conspirativo se asocian, en este sentido, con la paranoia, que suele ser un delirio bien estructurado en el sentido de que el sujeto que lo padece se siente víctima de las acciones de una persona o de varias.El sujeto paranoico cree que actúan en su contra con ánimo de perjudicarlo. Pero es una creencia montada sobre un entramado argumental comprensible, pero no real, con el que intenta justificar su delirio.El psiquiatra español Enrique González Duro, en su libro La paranoia (1991), sostiene que "el pensamiento paranoide es rígido e incorregible: no tiene en cuenta las razones contrarias, sólo recoge datos o signos que le confirmen el prejuicio, para convertirlo en convicción".Es decir, se está en presencia de una mentalidad que obra como negación de la realidad, a la cual desfigura en función de preconceptos. Los rasgos propios de este pensamiento es que al mal lo coloca afuera.De lo que se trata es de echarle la culpa al otro por lo que pasa, y de esta manera eludir la responsabilidad ante los fracasos. Quien hace esto se considera a sí mismo víctima inocente e indefensa.
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