¿Tener o ser?: la disyuntiva de época
La historia puede ser vista como una búsqueda permanente por tener más cosas, aunque esto puede entrañar el riesgo de"desposesión" personal.
Se diría que la humanidad ha luchado siempre contra la escasez y la pobreza, en procura de un estado mayor de bienestar. El aumento de las tasas de consumo, así, ha sido un indicador de mejora en la calidad de vida de las personas.
En el actual estadio histórico las decisiones de consumo son la fuente vital de una determinada cultura. Pero la importancia que ha adquirido el consumo en el sistema de valores ha hecho reflexionar a filósofos, antropólogos y psicólogos.
Como es el caso del psicoanalista Erich Fromm, que en uno de sus libros más leídos: "¿Tener o ser?", ya advertía en 1976 la disyuntiva de la sociedad contemporánea. Allí habla de dos modalidades básicas de la existencia: la del tener y la del ser.
La primera modalidad dice que la esencia verdadera del ser es el tener, para el cual "si uno no tiene nada, no es nada". En base a esta idea "los consumidores modernos pueden identificarse con la formula siguiente: yo soy = lo que tengo y lo que consumo",
Si para la modalidad del tener, un hombre es lo que tiene y lo que consume -aclara Fromm-, los prerrequisitos de la modalidad del ser son "la independencia, la libertad y la presencia de la razón crítica".
La característica de esta modalidad consiste en "ser activos", lo que significa expresar las propias facultades y talentos, la multiplicidad de dotes que cada uno posee.
Significa también renovarse, crecer, expandirse, amar, trascender la cárcel del propio yo aislado, interesarse, "prestar atención, dar".
Siguiendo este razonamiento, podríamos concluir que el hombre, en su afán de poseer bienes, y centrar allí toda su existencia, corre el riesgo de "desposeerse" a sí mismo, al vaciar su propia sustancia humana.
"Nuestra sociedad occidental contemporánea -argumenta Fromm-, a pesar de su progreso material, intelectual y político, ayuda cada vez menos a la salud mental y tiende a socavar la seguridad interior, la felicidad, la razón y la capacidad para el amor del individuo; tiende a convertirlo en un autómata que paga su frustración como ser humano con trastornos mentales crecientes y una desesperación que se oculta bajo un frenético afán de trabajo y supuestos placeres".
El diagnóstico es que la actual civilización ha parido un nuevo tipo humano: el homo consumens, cuya característica esencial es que identifica la felicidad con el mero consumo, en la línea del tener.
Al respecto el autor reflexiona: "La estructura socio-económica de la sociedad modela el carácter social de sus miembros, para que deseen hacer lo que deben hacer".
En otra parte postula: "La economía como esencia de la vida es una enfermedad mortal, porque un crecimiento infinito no armoniza con un mundo finito".
Dice el psicoanalista: "La actitud inherente al consumismo es devorar todo el mundo. El consumidor es eterno niño de pecho que llora reclamando su biberón. Esto es obvio en los fenómenos patológicos, como el alcoholismo y la adicción a las drogas".
Según Fromm, los consumidores modernos terminan definiéndose por el tener, o lo que es lo mismo por lo que consumen en el mercado.
Frente al dilema que plantea el autor de "¿Ser o tener?", quizá la clave pase por saber discernir cuándo aquellos bienes que están a nuestra disposición, son un medio para nuestra expansión y libertad, y cuándo una ocasión que eclipsa lo mejor de nosotros mismos, empobreciendo la existencia.
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