Tensión en la factoría industrial del mundo
Ejemplo elocuente de la globalización del capital es China, que pese a tener un Estado comunista, ha devenido en la factoría industrial mundial. Pero la oferta de obra barata y masiva -"atractivo" del modelo asiático- tiene sus bemoles.El enigmático capital-comunismo sigue siendo un experimento desconcertante para aquellos a los que no les cierra que puedan coexistir en un mismo país las relaciones capitalistas de producción con un estado totalitario.Si Carlos Marx viviera, seguramente analizaría esta simbiosis extravagante, y acaso pudiera llegar a la conclusión que la historia está pariendo un "modo de producción asiático".En China hay libertad para las trasnacionales y sus negocios, pero el nativo del país, el hombre de la calle, está obligado a pensar según la ortodoxia comunista, que es la ideología del Estado.La política oriental se resume en "un país, dos sistemas". Hay quienes piensan que en China se está gestando una especie nueva de autocracia económica que mezcla la explotación del gran capital con los métodos policiales del comunismo.Y hay razones para suponer que el modelo encandile a cierta elite codiciosa, de otras partes del mundo, interesada en aplicar la misma medicina de "hegemonía política" más "factoría trasnacional"Mientras los cientistas sociales se devanan los sesos para descifrar este invento histórico, cada nueva noticia sobre la potencia asiática despierta lógico interés. Cuando Den Xiaoping tomó el control del sistema (1979), decidió abrir sus puertas a la industria mundial.Lo que hizo fue presentar a la mano de obra de su país, barata y masiva, como una de las grandes ventajas para las empresas trasnacionales. Así, las autoridades chinas se plegaron al sistema de comportamiento mundial llamado "globalización".Durante más de tres décadas, trabajadores de todas las partes del país se desplazaron hacia las provincias industriales en busca de trabajo en las grandes fábricas extranjeras y las nacientes chinas.Pero según informa desde Pekín el periodista Andrés Bermúdez Liévano, China ya no es el lugar barato para producir de hace 20 años. El precio de la mano de obra, en todo este tiempo, se ha encarecido.Bermúdez Liévano cita en este punto al analista económico Shaun Rein, quien en su libro "El fin de la China barata", sostiene: "El resultado son costos crecientes, que minarán las ganancias de las grandes empresas, a menos que transfieran los costos a los consumidores o que exploten nuevos mercados de consumo para compensar la caída en la demanda en Estados Unidos y Europa".Al parecer, al modelo chino de oferta de mano de obra barata le salieron emuladores regionales. "Países como Vietnam, Bangladesh, Indonesia y Sri Lanka intentan atraer a las grandes firmas internacionales para que establezcan sus cadenas de producción allí, llevando consigo empleo y tecnología", destaca el periodista de la agencia de prensa y comunicación China Files.Según el reporte, las autoridades chinas temen que las trasnacionales se vayan a otros países, atraídas por los salarios más bajos de sus vecinos. Y por eso empezaron a incentivar la producción industrial en provincias del interior de China, cambiando así los flujos de migración.La globalización del capital no es nueva, pero se ha acelerado en las últimas décadas el traslado de la producción industrial de los países de elevados salarios hacia países de bajos salarios.De ahí que China se haya convertido en la "fábrica del mundo". De ella sale más de la quinta parte de la producción industrial global.
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