Editorial |

Tensión en los mercados ante incertidumbre electoral

El test electoral que se avecina ha disparado el nerviosismo de los inversores y acreedores, lo que se refleja en la suba inquietante del riesgo país y en la presión sobre el precio del dólar. Los argentinos están preocupados y es lógico que lo estén: un empeoramiento de las variables financieras justo ahora, a causa de motivos políticos, no hará sino agravar una economía ya deshilachada. Se estaría en presencia de un inquietante círculo vicioso, en donde si las elecciones generan tensión económica, al mismo tiempo el deterioro de la economía alimenta la incertidumbre electoral. “El riesgo país sube porque en el mundo hay miedo de que los argentinos quieran volver atrás”, dijo este miércoles el presidente Mauricio Macri, en un intento de explicación del fenómeno. Desde el oficialismo, así, se trasmite la idea de que la economía está en proceso de recuperación, por efecto de la supercosecha del campo y una mejora de la industria en los últimos cuatro meses, pero lo que crea nerviosismo en los mercados es la posibilidad de que vuelva el peronismo kirchnerista al poder. Pero del lado de la oposición, se sostiene que el peso declina y el riesgo país volvió a niveles récord por el fracaso de la política económica, sobre todo en su impotencia ante la inflación que hoy se intenta frenar mediante un acuerdo de precios. El año pasado una sequía histórica, que retrajo al agro como proveedor de divisas, y un encarecimiento del dólar a nivel internacional por subas en las tasas de interés en Estados Unidos, fueron los detonantes para que el peso argentino perdiera un 52% de su valor. En ese escenario complicado el país debió sobreendeudarse para evitar, según el gobierno, caer en una crisis parecida a la del año 2001. Así recibió un histórico préstamo por US$57.000 millones por parte del Fondo Monetario Internacional (FMI). Esta sobreexposición a los acreedores hace particularmente débil a la Argentina, sobre todo porque se trata de un país cuya dirigencia política no se pone de acuerdo sobre qué modelo económico seguir, si el capitalismo o el socialismo de cuño latinoamericano. Se comprende así que cualquier giro político trascendente, como el cambio de la conducción del país, que es lo que se juega en los próximos meses, genere incertidumbre económica. ¿Qué pasa si llega al poder una fuerza política que tiene en sus planes desconocer la deuda? El “riesgo país”, justamente, cuantifica lo peligrosa o no que es percibida la deuda pública para los inversores. Ese riesgo sube cuando el mundo financiero internacional sopesa  que hay muchas chances de que el Estado argentino caiga en default, es decir no pague los bonos de deuda soberanos o los préstamos. Ese índice refleja la sobretasa que paga un país para financiarse respecto a un bono del Tesoro de los Estados Unidos a 10 años, considerado el activo libre de riesgo. En términos prácticos, es cuánto más caro se endeuda el país, y es un indicativo de la capacidad o disposición de pago. En ese cálculo juegan desde datos concretos de la economía (déficit fiscal, balanza comercial, etc.) a la percepción de la situación futura, por ejemplo, en el campo político. Al respecto, las presidenciales del 27 de octubre son una verdadera incógnita. Algunas encuestas le dan un triunfo a la ex presidente Cristina Fernández de Kirchner en un eventual balotaje con Mauricio Macri, en tanto que otros especulan que podría meterse una tercera fuerza en la competencia, con candidatos como Roberto Lavagna o Sergio Massa.

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