Tensiones en la aldea global
En un contexto de caída del empleo, y de fuerte recesión, crece la oposición en los países a contratar trabajo extranjero, proveniente incluso de la misma Unión Europea (UE).
De esta manera, se pone en entredicho uno de los principios de la aldea global: el libre tránsito de los trabajadores.
En Gran Bretaña miles de trabajadores de los sectores energético y de la construcción protagonizaron una violenta huelga contra la contratación de italianos y portugueses.
El brote de ira estalló por la noticia de que la constructora italiana IREM SpA decidió que sean obreros de esa nacionalidad quienes trabajen en un proyecto de 280 millones de dólares en una refinería al noroeste de Inglaterra.
La mayoría de los sindicatos en Gran Bretaña se pusieron en pie de guerra, en solidaridad con los huelguistas. El episodio supuso un duro revés para el primer ministro Gordon Brown, quien asumió el poder en 2007 con la promesa de dar “empleos británicos para los británicos”.
Brown, de todos modos, calificó las huelgas de indefendibles. “Entiendo que pregunten por qué ellos no pueden hacer trabajos para los que están calificados en su propio país. Pero éstas son las reglas del libre mercado laboral en la UE y tenemos que estar preparados para competir con nuestros socios europeos”, dijo.
Otro hombre clave del gobierno inglés, lord Peter Mandelson, argumento: “Sería un gran error aplicar políticas proteccionistas, porque más de 300 mil firmas británicas operan en Europa con empleados británicos y seguramente no queremos que nuestros vecinos europeos despidan a nuestros compatriotas”.
La situación británica ha puesto en guardia al resto de los líderes europeos. El temor es que podría incitar a protestas similares y poner así en tela de juicio toda la arquitectura global de Europa.
Alarmada por la situación, así, la Comisión Europea (CE) acaba de advertir contra la tentación de volver al proteccionismo económico como salida ante la crisis. No obstante, los analistas dicen que el conflicto obrero está poniendo sobre el tapete la fragilidad del proceso globalizador.
En este sentido, se subrayan las enormes discrepancias salariales dentro de la UE, lo que incentiva a las firmas a importar mano de obra barata. Un trabajador de la construcción británico, por ejemplo, gana un salario promedio mensual de 3.000 dólares, mientras que su par portugués percibe 859 dólares.
Por otra parte, los legisladores europeos están doblemente preocupados, porque si bien habían previsto conflictos de carácter xenófobo promovidos por la recesión, creyeron que los mismos serían provocados por la entrada de trabajadores de fuera de la UE.
Nunca se imaginaron, como se está dando ahora, una crisis laboral intraeuropea. La Unión Europea, como estructura política, es un epifenómeno de la globalización económica, es decir de la idea de un mercado único sin restricciones, con vía libre para las multinacionales.
La integración de alianzas trasnacionales, como la Unión Europea, supuso en las últimas décadas la licuación de la soberanía de las naciones. Lo “europeo” tenía supremacía así sobre los particularismos o nacionalidades.
Pero la crisis económica parece estar generando –como revela la huelga en Gran Bretaña- un rechazo a lo “global”, que es visto como una amenaza, sobre la base de un repliegue hacia las fronteras nacionales.
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