Teoría conspirativa y escepticismo vernáculo
Algunos argentinos publicaron en Twiter la versión según la cual Bin Laden había fallecido de muerte natural, y que Barack Obama, necesitado de un trofeo preelectoral, simuló entonces una operación comando para asesinar al líder de Al Qaeda.Al margen del contenido de la versión, es interesante hacer notar el hecho de que ella revela un modo de pensar muy argentino, que podría resumirse así: nadie cree en lo que viene de arriba.Lo "oficial" entre nosotros está herido de sospecha, es un relato falso que encubre la verdad de las cosas, la cual puede estar en todos lados menos en lo que deja trascender el sistema o la autoridadLas pruebas sobran. Hay mucha gente que no cree, por ejemplo, que Alfredo Yabrán y Néstor Kirchner estén muertos. Todo es producto, dicen, de un gran encubrimiento. Las explicaciones de por qué es esto, pueden llegar a ser desopilantes.Otros, menos radicales, deslizan sus dudas, es decir dan a entender que no pueden afirmar nada. Se declaran simplemente desconfiados, incrédulos de aquello que circula como historia oficial.Cuando en el mundial de fútbol de 1994, en Estados Unidos, un control antidoping sacó a Maradona del torneo, muchos en Argentina creyeron (y aún hoy creen) que eso fue un complot de la FIFA.¿De dónde viene esta nula fe en el sistema y las instituciones? ¿Por qué existe esa delectación por impugnar lo establecido? ¿Por qué los argentinos están dispuestos incluso a aceptar lo imposible, con tal de no dar crédito a la versión oficial?El tema merecería un ensayo antropológico, un estudio que explore en el tiempo el proceso de formación del pensamiento del hombre medio argentino, su perfil psicológico, las ideologías preferidas, y la experiencia como habitante del país.Se podrían trazar varias conjeturas. Una de ellas podría ser que los argentinos han sido afectos a ideologías antisistemas, que van desde el nacionalismo fascista hasta los marxismos de todos los pelajes.Detrás de todos estos discursos ideológicos late esta verdad transversal: los que gobiernan tienen un poder nominal, el poder real lo ejercen desde la sombra individuos e instituciones con capacidad para manipular el acontecer histórico.Esto de ver todo el tiempo sociedades secretas, complots criminales y encubrimientos gubernamentales -una veta comercial que explota el canal Infinito, por ejemplo- remite a lo que se conoce como "teoría conspirativa".Ahora bien, más allá de esta teoría como paradigma cognitivo de la realidad, parece claro además que ninguna visión de la realidad es enteramente cierta. Y la experiencia, para ser sinceros, da para que los argentinos sean escépticos.Dos ejemplos. Ya nadie se escandaliza de que el Indec mienta, de que su índice de inflación sea bastante inferior al real. Hemos naturalizado esta situación. ¿Acaso damos por sentado que tergiversar la realidad es parte del oficio de gobernar?Además, alguien varias veces votado por los argentinos, Carlos Menem, tras dejar el poder, dijo suelto de cuerpo que si hubiera dicho la verdad de lo que iba a hacer durante su gobierno, nadie lo hubiera votado.Nicolás Maquiavelo, para quien el poder es amoral, no se hubiera escandalizado del riojano. Ya que él aconsejó a los gobernantes que "el ser bueno es útil pero no hay que trepidar en ser malo cuando de esa manera se obtiene el resultado apetecido".Y con respecto a Bin Laden, ¿por qué creer la versión del presidente Obama, cuando su país invadió Irak con el argumento de que tenía armas de destrucción masiva, algo que no se comprobó después?
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