Termas: los riesgos de índole ambiental
El proyecto de construcción de un complejo termal en Paraná, que está levantando polémica en la capital entrerriana, reinstala la discusión sobre el impacto ambiental del termalismo en la provincia.Según la prensa paranaense, crecen la preocupación y los pedidos de informes en cuanto al posible impacto de un emprendimiento termal en un predio de Energía de Entre Ríos (Enersa) ubicado en el barrio Toma Vieja.La iniciativa se inscribe, en realidad, en un contexto donde prolifera la explotación del recurso termal en Entre Ríos, con fines turísticos, aunque con críticas sobre la deriva ecológica de estos complejos.El proyecto termal en Paraná ha sido objetado por el Foro Ecologista de esa capital en estos términos: "Porque el agua extraída no tiene disposición final posible sin impactos y daños irreversibles en los ecosistemas".Esa ONG ratificó su "oposición a las perforaciones termales en cuencas de agua dulce donde se extrae agua geotérmica con concentraciones salinas que oscilan, según documentación oficial, entre los 80 y los 130 gramos de sales por litro. No hay forma de eliminar la sal. No hay métodos y diluciones posibles que no dañen".Es decir, la entidad llama la atención aquí sobre uno de los puntos sensibles de estos emprendimientos: qué se hace después de usar el recurso termal, sobre todo si el agua es muy mineralizada.La extracción pone en riesgo las napas por salinización de los acuíferos. El riesgo es trasladable a todos los complejos que trabajan con alta mineralización de sodio, en el resto de la provincia, que se caracteriza por tener un gran reservorio de aguas potabilizables.A todo esto, el Instituto de Derecho Ambiental del Colegio de Abogados de Entre Ríos advirtió que el proyecto termal en la Toma Vieja violenta normas ambientales, toda vez que esa zona ha sido declarada "área natural protegida".Eso significa que, por definición, es un espacio físico que siendo de "interés científico, educativo y cultural por sus bellezas paisajísticas y sus riquezas de fauna y flora autóctonas, son objeto de especial proyección y conservación, limitándose la libere intervención humana a fin de asegurar la existencia de sus elementos naturales a perpetuidad".Hoy en Entre Ríos funcionan 13 complejos termales distribuidos en Gualeguaychú, Colón, Villa Elisa, María Grande, La Paz, Victoria, Federación, Concordia, Chajarí, San José, Concepción del Uruguay, y los recientemente inaugurados en Salto Grande y Basavilbaso.Pero se encuentran en desarrollo otros complejos, como el de Diamante y el de Villaguay. Y recientemente se han otorgado permisos de exploración a las municipalidades de Villa Urquiza y Ubajay. Además hay pedidos de perforación en otros lugares de la provincia.El Foro Ecologista de Paraná se viene quejando de la falta de información sobre el impacto ecológico de los emprendimientos existentes. "No hay población cercana a termas que sea informada periódicamente y de manera pública sobre el seguimiento de la calidad de aguas subterráneas de las cuales se abastecen", señaló.La organización recordó que desde 2006 obra un informe de la Auditoría General de la Nación que demandaba interrumpir las perforaciones termales de agua saladas de Entre Ríos e incluyo el cierre de las ya existentes, en pos del cuidado y mantenimiento de las aguas subterráneas.Entre Ríos es una provincia muy rica en este tipo de aguas. Sin embargo, el recurso puede agotarse o quedar inutilizable por una conservación insuficiente o por problemas de contaminación.
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