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Terminar la secundaria: miedos, mandatos y el desafío de empezar a desandar el camino propio

Dejar de ser menor de edad implica un importante cambio en nuestras vidas. Al igual que terminar el colegio y adentrarnos a una nueva etapa, llena de desafíos y expectativas, pero también de duelos y temores. Profesionales apuntan a la falta de acompañamiento y a las desigualdades estructurales del sistema. Entusiasmar a los y las jóvenes en medio de tanto desamparo, una tarea compleja, pero absolutamente necesaria.

Por Luciano Peralta

“Para ser alguien en la vida, hay que estudiar”. No sé si esta frase sigue teniendo la vigencia de los años analógicos en que crecimos los considerados “millennials”, supongo que no, pero me parece un buen punto de partida para abordar un tema cruzado por mandatos, prejuicios y deseos, que muchas veces no son propios, pero los asumimos como tales.

Primero: para considerar esto de “ser alguien”, necesariamente debería haber otros que “no son nadie”. Esta concepción encierra una lógica bastante perversa y mercantilista de la vida: son “alguien” quienes estudian, son profesionales y ejercen sus profesiones en el mercado laboral. Los “nadies” (“sueñan las pulgas con comprarse un perro, y sueñan los nadies con salir de pobres”, dice Eduardo Galeano) serían quienes no acceden a la educación formal. Ecuación que, de ser real, condenaría a la mayoría de los habitantes del país a no ser, a no realizarse. Nunca.

Pero no es así. Si bien la educación formal sigue siendo una importante herramienta a la hora de sobrevivir (por la mínima) a las exigencias del mundo actual, o de realizarse como persona (por la máxima), no es el único camino posible. Ni mucho menos.

Son sobrados los ejemplos de quienes alcanzan “ser alguien” sin pasar, siquiera, por la puerta de la universidad. Y, del otro lado, son muchísimos los casos de quienes se recibieron, después de años de estudio, y no logran insertarse laboralmente o, sencillamente, se dan cuenta que no son felices ejerciendo esa profesión.

¿Íntimo deseo o mandato familiar? ¿Somos lo que queremos o lo que esperan los demás que seamos? ¿El estudio nos completa a todos por igual? ¿“Ser alguien”, para quién? ¿Para el mercado laboral, que excluye más de lo que integra, o para nosotros mismos?

Por supuesto, no hay una única respuesta para estos interrogantes. Así como no hay una única opción al momento de decidir qué camino seguir a los 18, 19 o 20 años (tampoco a los 40 o 50). Además, por otra parte, debemos ser conscientes que una gran cantidad de jóvenes no tienen siquiera la posibilidad de elegir, porque las urgencias no se lo permiten, porque hay que salir a ganarse el pan, como sea.

Falta de acompañamiento y de perspectivas de futuro

“La escuela secundaria es obligatoria, uno está dentro de algo que está organizado, que no depende de uno. En cambio, después, hay que elegir, tomar decisiones, asumir responsabilidades, eso tiene que ver más con el mundo adulto y cuesta mucho, perder ese lugar es un proceso de duelo”, expresó, en diálogo con ElDía, la psicóloga clínica María Luisa Villanueva.

“Más allá de que elijan una profesión o un trabajo, tiene que ver con empezar a armar un proyecto nuevo de vida. Eso, creo, es lo más difícil. Después va a depender de cada chico, de los recursos psíquicos que tenga para afrontar ese proceso, del contexto en el que vive, de las posibilidades materiales. El rol de los papás es muy importante, hay papás que pueden acompañar y hay otros chicos que están medios solos y se les hacen más difíciles las elecciones”, diferenció.

“Afortunadamente, creo que esos mandatos, que nos decían que hay que ser profesional para ser alguien, han cambiado. También esa idea de que la profesión es ‘para toda la vida’. Eso no es así, cambiar es lo más natural del mundo, no es malo. Se puede empezar una carrera y, en algún momento, si te das cuenta que ya no te gusta, está bien cambiar. Los chicos tienen que tener esa flexibilidad para equivocarse y volver a elegir. Nadie puede tener la seguridad total”. Y “por eso es tan importante el acompañamiento de la familia y de la escuela. Creo que a muchos chicos les falta eso, que tiene que ver con políticas educativas. Las herramientas están, pero en lo concreto cuesta implementarlas. Hay que mostrar más las posibilidades que existen, confiar más en el adolescente, porque a veces no se le abren puertas. Yo trabajo en un contexto rural, complejo, y algunos chicos parecen no tener sueños, no tener proyecto de vida, están como resignados. A ese chico hay que mostrarle que todos tenemos potencial, seguramente que para hacer cosas distintas, pero hay que motivarlos”, aportó Villanueva.

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Las redes sociales han acelerado el proceso de aislamiento individual, explicó la licenciada Jimena Gallo
Las redes sociales han acelerado el proceso de aislamiento individual, explicó la licenciada Jimena Gallo

Para la psicóloga consultada por ElDía, “desde lo afectivo, hay adolescentes que están muy solos. Por ahí no tienen necesidades económicas, pero tampoco la contención necesaria. Están muy a la deriva, esa es una falta de nosotros, los adultos”. Y, respecto a los mandatos familiares, indicó que “en ciertas personalidades ejercen mucha presión, angustia, miedo. No en todas, lógicamente, pero a veces el mandato pesa tanto que se termina respondiendo a las expectativas y a las demandas del otro. Y la demanda del otro angustia porque siempre es insatisfecha”.

Por su parte, Jimena Gallo, quien es licenciada y profesora en psicopedagogía, además de formadora de docentes en el Programa Nacional de Educación Sexual Integral (ESI), aportó su mirada al respecto.

Sobre las crisis, dijo no creer que sean exclusivas de la adolescencia, ya que “los pasajes por todas las etapas tienen duelos”, aunque remarcó también la “falta de acompañamiento” en el caso de los jóvenes.

“Les pibis lo que te relatan es eso, la falta de acompañamiento de les adultes, que muchas veces, por falta de herramientas, caemos en algunas naturalizaciones. ‘Bueno, yo también me tuve que hacer sólo, a mí nadie me enseñó’, es común que se trasmita. Hay una marcada falta para escuchar a les pibis, y eso es fundamental en este proceso”, describió.

“También es fundamental romper con la mirada universalista de la psicología evolutiva que nos dice que todes atraviesan la misma etapa de la misma manera. Es necesario tener una mirada anclada en las realidades de cada persona. Hay pibis que deben asumir responsabilidades familiares y laborales desde muy pequeños”, remarcó Gallo. Y explicó: “Soy parte de un programa socioeducativo del Ministerio de Educación del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que trabaja con padres y madres embarazadas en la secundaria. Abordamos mucho el proyecto de vida de cada uno, y quizá nunca se llegan a plantear la posibilidad de seguir estudiando, porque no tienen la posibilidad real de seguir haciéndolo. No por ello son menos adolescentes que los demás”.

En sociedades, como la nuestra, con tanto contraste social, educativo y económico, no se puede pensar en “la adolescencia” como algo homogéneo. Menos aún de la gratuidad del sistema educativo (gratuidad a medias, siempre) como única barrera al momento de elegir seguir una carrera o no. Barros lo explica así: “Como sociedad, debemos replantearnos esto: qué posibilidades y proyectos de vida les estamos ofreciendo a nuestros pibis, cómo acompañamos ese proceso. ¿todos tienen la posibilidad real de proyectarse, de llegar a la universidad o siquiera aprender un oficio?”. Y, por otro lado: “Como familia, si tus viejos tienen que laburar 20 horas de las 24, para traer un plato de comida, no creo que te puedan acompañar en tu crisis al terminar el secundario. Y, como docente, si trabajo en tres escuelas, tengo 200 alumnos y apenas llego a fin de mes, tampoco sé si te voy a poder escucharte. Sumado a que la falta de recursos materiales, a la hora de presentar una propuesta a les jóvenes, muchas veces es una realidad”.

El panorama parece desolador, y lo es en millones de hogares del país. A la falta de perspectiva de futuro generalizada, los y las jóvenes deben enfrentarse con lo nuevo, con el cambio en las reglas de juego y, muchas veces, con una realidad hostil.

“Con la pandemia irrumpió una cuestión de desánimo, en general, que, para mí, este año va a ser él tema a laburar”, expresó la docente. Y cerró: “Ya había cierta apatía, atravesada por las nuevas modalidades de comunicación que nos impusieron las redes, y cada uno se fue aislando en su burbuja personal. Eso produce un desinterés y una desmotivación colectiva que va a ser difícil de revertir. Hay que trabajar en volver a constituir esos lazos, hay que reconstruir una visión de futuro colectivo”.

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